Shelsy Ereu , una jóven de belleza natural y esto párese ser su castigo, el destino es un criminal en su vida ,nada aprese salir según sus deseos .
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capitulo 6 Desconfianza
En las montañas:
Alan y Víctor habían dejado sus diferencias y unieron fuerzas para buscar a Shelsy. Enviaron hombres por toda la región: buscaron en los cultivos, en los senderos, dentro de las casas y en las laderas de la montaña. Hicieron retenes en la carretera e incluso enviaron personal de civil al pueblo, pero parecía como si la tierra se la hubiera tragado. Simplemente nadie la había visto.
Y EN LA CIUDAD...
En el hospital, Shelsy estaba despertando. Sus sentidos aún no estaban del todo claros, así que todavía no extrañaba a su hija.
El doctor Mario se acercó a ella, la tomó de la mano y preguntó en voz baja:
—¿Cómo te sientes?
—No lo sé… supongo que bien. Creo que me duele todo el cuerpo —respondió ella, esforzándose por hablar, aunque estaba confundida.
—Sé que es difícil para ti, pero para ayudarte necesitamos saber qué te ha pasado. Por favor, cuéntanos un poco de ti.
El recuerdo más reciente en su memoria, por alguna razón, era el día de la masacre. En voz baja y lenta narró lo sucedido hacía tantos años, pero lo contó como si hubiera ocurrido ayer:
—Ya las balas no se sentían… así que salí de mi escondite… 😢 Caminé despacio por la esquina de la casa… ya los gritos de mamá no se escuchaban… 😭 y… ahí estaban sus cuerpos… o los pedazos… 😭 Es horrible… ningún cuerpo estaba completo… 😭😭 Mis abuelos… mis tíos… mis padres… mis hermanos… y pensar que el día había iniciado entre risas… una fiesta… 😭…
Shelsy se quedó en silencio.
El médico y el capitán se miraban atónitos. Incluso a ellos se les escaparon algunas lágrimas.
De repente, Shelsy recordó a su bebé y empezó a alterarse.
—¡Mi hija! ¡MI HIJA! ¿DÓNDE ESTÁ? ¡¿ESTÁ BIEN?!
Wailer trató de calmarla.
—No te preocupes. Por favor, cálmate. ¡La bebé está bien! Sí, cálmate. Yo hablaré con el médico para que te la traigan, pero necesito que te calmes.
Shelsy miró a los ojos del capitán y creyó en sus palabras.
Entonces hizo un gran esfuerzo por tranquilizarse.
El dolor en su pie volvió. Hasta ese momento no se había percatado. Recordó su huida en la oscuridad, pero no dijo nada. Desvió la mirada hacia el capitán.
Él se sentía muy conmovido por la joven.
—Seguro te lastimaste el pie durante la huida, pero ya estarás mejor. Estás muy lejos de ese lugar y estás a salvo. Mi compañero está con tu hija.
Mario intervino:
—Eres muy fuerte. Mira, pediré que cuando te asignen una habitación para vigilar tu recuperación, lleven a tu hija contigo. Estarás en el piso de maternidad.
En ese momento llegó el médico tratante. Después de saludar, salió al pasillo con el doctor Mario.
—¿Cómo está? ¿Qué tal le fue en la valoración? —preguntó él medico.
—No ha dicho mucho, pero es horrible lo que le sucedió. Al parecer presenció el asesinato de toda su familia. Está sola; lo único que tiene es su bebé, así que se aferra a ella. Por favor, doctor, ¿será posible dejarla en el piso de maternidad y pedir que su habitación no sea compartida? Tiene un trauma muy grande. Debe estar bajo vigilancia y, para ella, será muy difícil relacionarse. Además, estoy seguro de que desconfía de todos debido a lo que vivió.
—Entiendo —respondió el médico—. El pediatra ya valoró a la bebé y está bien. Ahora duerme. Daré indicaciones para que la lleven a una sala de recuperación de prematuros. Esas habitaciones están muy bien adecuadas. Hay cuna para el bebé, una cama grande y un sillón. Las enfermeras podrán ayudarla y estará más cómoda. Además, necesita descansar.
Adentro, Shelsy y el capitán aguardaban en silencio.
El doctor Mario entró y les informó de las órdenes médicas.
—Solo un poco de paciencia. En unos minutos estarás con tu hija en un lugar más cómodo. No pueden traerla aquí porque hay muchos riesgos médicos y no queremos que se enferme. ¿Me entiendes?
—Sí… lo entiendo. Estoy preocupada por mi hija. Ya debe tener hambre. Es muy pequeña… seguro me extraña.
—Me informaron que está dormida. El médico sabe de la importancia de la leche materna, así que sé que se apresurarán a reunirlas. Ahora debo hablar con el capitán. Si me permites, saldré con él al pasillo. Por favor, prométeme que no te vas a alterar.
—Sí… se lo prometo.
El médico y el capitán salieron.
—Dígame, doctor, ¿qué tiene que decirme?
—Sé que en estos casos ustedes también ejercen vigilancia, pero quiero que informe a sus superiores que no es conveniente cambiar de personal. ¿Me entiende?
—Sí, le entiendo. Ella está huyendo y ver personas nuevas la hará sospechar.
—Exacto. Eso podría entorpecer su trabajo y el mío. Además, no le ayudaría a ella. Le daré un informe psicológico para que lo envíe a sus superiores. Por favor, quédese con ella. Iré a ver a la bebé y a la promotora. Debemos conseguirles ropa y una identificación. Aquí hay mucho trabajo por hacer.
El médico continuó:
—Si ella le cuenta algo, solo escuche. No la interrumpa. Si necesita un abrazo, déselo. Está muy sola… ha perdido mucho. Si se altera, informe al médico. Y por ahora no le hagan preguntas sobre lo sucedido. Mejor pregúntenle cosas sencillas: qué le gusta comer, su color favorito… cosas así. Para que se sienta en confianza.
—Está bien, gracias.
—Para eso estamos.
El médico abrió la puerta y se despidió desde el pasillo. El capitán entró.
—¿A dónde se fue el doctor? —preguntó Shelsy.
—Fue a ver personalmente que su hija esté bien.
—Parece buena persona… y usted también.
El capitán no supo qué responder. Él solo hacía su trabajo, pero si decía eso, tal vez ella no confiaría en él. Pensó un momento y respondió:
—Sí… el doctor Mario es muy buen médico. No cualquiera va personalmente a ver que todo esté bien.
En ese instante llegaron las enfermeras para llevarla a la habitación. El capitán no se separó de ella.
Una vez instalada, vio la cuna y preguntó:
—¿Mi hija dónde está?
—Ya la traen. Tranquilízate. Debes estar tranquila para poder alimentarla.
—Sí… entiendo.
Entró una enfermera sin la bebé, y Shelsy se inquietó. Entonces entró el compañero de Wailer con la niña en brazos y se la entregó.
La bebé se inquietó, así que Shelsy la acomodó en sus brazos.
La promotora llegó y dijo:
—Este hombre quería asegurarse de que la bebé estuviera bien y no permitió que nadie más la trajera. ¡La autoridad es muy terca!
Eso sacó una sonrisa a las enfermeras. Wailer y su compañero también rieron.
Wailer miró a Shelsy.
Ella sonrió.
"Se ve hermosa. Su sonrisa es como la de un ángel. Aún con sus ojos tristes y llenos de temor… su sonrisa ilumina todo", pensó Wailer mientras la observaba.
—Bueno, ella va a alimentar a su hija, así que caballeros, tengan la bondad de salir —dijo la promotora.
—¡No! No importa… no quiero quedarme sola.
La respuesta sorprendió a todos, pero la entendieron.
Las enfermeras salieron. La promotora dijo que iría a ver el asunto de la identificación.
—Tal vez alguien del registro civil deba venir hasta el hospital —explicó.
Wailer dijo que iría a buscar el informe del doctor Mario.
—Capitán… por favor, quédese. Su compañero puede ir por el documento. - propuso Shelsy con vos de preocupación.
Wailer miró a su compañero.
Él entendió.
—No se preocupe, capitán. Yo iré al consultorio y a la estación si es necesario.
—Me parece bien, Matías. Infórmeme de cualquier novedad.
la historia con el tiempo se mejora, te deseo mucho éxito.🙏