Chrissy modelo de pasarelas, muere y renace en un niño omega.
Desde el principio sabe que es víctima de una Titiritera al igual que sus padres lo fueron.
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Dante... me quemo
-Yo...- Zayn se tambaleó cerrando la laptop de golpe y apretó sus puños.
El alfa inhaló profundamente. El aroma de Zayn se estaba volviendo una invitación que ninguna duda divina podría frenar. Sus pupilas se dilataron hasta borrar el iris.
-Hueles a...- Dante extendió una mano para sujetarle la cintura.
-¡No me toques!- Retrocedió con una agilidad desesperada. Si Dante lo marcaba ahora, en medio de este descontrol, el pacto se romperá y el vacío los tragará. -Tengo que irme.-
El alfa sintió el rechazo y rugió por sentirse herido.
Zayn recogió su abrigo y salió disparado al ascensor privado. Necesitaba un refugio antes del aroma de champagne derretido se volviera una señal de caza para cada alfa en diez kilómetros a la redonda. Y nadie jamás lo tendría de esa forma
Dante, en el estudio golpeaba la pared, el rastro de Zayn quedó en el aire, volviéndolo loco. El niño flotaba y observó con pavor que el hilo dorado vibraba, con una nota de agonía.
-El sacrificio ha comenzado.- Susurró la divinidad.
Esta vez Zayn no se dirigió a la mansión de los Duerken, sino a un piso en la zona más exclusiva de la ciudad. Era un santuario de mármol frío que, en cuestión de minutos, se transformó en un lugar asfixiante. Apenas entró se derrumbó en la puerta, cerrando los cerrojos con manos temblorosas.
-¡Qué mierda!- El celo lo golpeó como una marejada de lava. Su alma luchaba por tener el control, y su cuerpo, rugía por la sumisión qué un alfa le podía proveer.
-Maldita sea...- Gimió, arrastrándose a su habitación.
El aroma a champagne helado y lluvia se habían derretido por completo, convirtiéndose en un almíbar espeso, dulce y punzante que impregnaba las sábanas donde Zayn estaba desnudo, desbordando líquidos por su entrada y miembro. Se hundía en la cama refregando su cuerpo para darse un placer que no era suficiente, el frío del tejido solo acentuaba el incendio de su piel. Sus dedos se enterraron en su entrada, imaginando desesperadamente al alfa, buscando una nota a tormenta y acero.
Hundió dos dedos, no fueron suficientes, agregó uno más y la electricidad recorrió su cuerpo sudoroso. Imaginaba a qué sabría la lengua Dante, imaginaba que esa tormenta lo destrozaba para volverlo a armar.
Se inyectó el inhibidor muchas veces y ayudó por poco tiempo.
El delirio de la fiebre lo hacía alucinar. Al cerrar los ojos imaginaba las manos de Dante recorriendo su cuerpo mientras arqueaba su espalda, ahogando gemidos. Recordó cuando el alfa presionó su pecho contra el suyo en la oficina y entonces explotó. La convulsión fue severa.
-Dante...- Susurró al vacío, su voz quebrada por una necesidad que le quemaban las entrañas.
-Ven aquí... rompe el pacto... maldito bastardo, rompe el mundo si hace falta...- Sollozando en desespero tomó su miembro y un pezón para masajearlos con un ritmo que le erizaba hasta el último centímetro de piel.
Se mordía el labio inferior con agresividad haciendo brotar sangre, imaginó que era de Dante y eso lo excitaba tanto, que hundió nuevamente sus dedos en su orificio haciendo sonidos viscosos.
Arqueaba su espalda en el colchón. Su mente se perdía ante el hambre de ser marcado.
Imaginaba los colmillos de Dante hundiéndose en su nuca, reclamando lo que por biología pertenecía a Sloane, pero que el alma de Zayn sabía que era suyo desde antes del principio de los tiempos.
El omega se retorcía en agonía.
Zayn hundió su cara en una de las camisas qué aún conservaba un rastro ínfimo de la colonia de Dante de una reunión pasada. Inhaló con desesperación, sollozando, mientras su cuerpo temblaba en espasmos de deseo insatisfecho.
-No puedo...- Sollozó Zayn, apretando la tela contra su pecho. -No me dejes solo en este infierno Dante...-
Sintió el aliento del alfa en su espalda. Acercó sus labios a la espalda de Zayn, lo tomó de la cintura, besaba, chupaba y mordía sus hombros, cuello y espalda. Era una sensación húmeda y pesada que envolvía la habitación. Aroma de tormenta y acero picaban su nariz y con cada bocanada de aire pedía más.
-Abre la boca, meteré mi lengua Zayn.- Lo giró de manera brusca. Sintió como lamía sus labios y luego invadió la cavidad.
Zayn estaba totalmente derretido y entregado, su orificio chorreaba preparándose para la penetración.
Tomó los suaves glúteos de Zayn para elevarlos, pasó su nariz por la piel caliente y el omega mordió la almohada para ahogar un grito.
-Dante... me quemo.- Zayn lloraba al sentir toda esa corriente en su cuerpo.
Claramente dolió cuando el alfa le metió dos dedos, pero el placer por fin se extendió por todo el cuerpo como quería. Una sensación nueva y tan increíble que se le nubló la mente. Zayn devoraba sus dedos completamente.
Sintió el hormigueo debajo del ombligo y se corrió una vez más.
La madrugada fue un campo de batalla entre sábanas enredadas y respiraciones agitadas. Zayn se aferró al colchón una fuerza qué hizo que sus nudillos blanquearan, mientras su cuerpo de omega suplicaba qué se rindiera por el alfa, que dejará que el aroma de tormenta y acero inundara su santuario.
-No soy una pieza en su tablero...- Susurró entre dientes el alma de Chrissy luchaba por imponerse al hambre. -No me marcarás por un impulso de sangre, Dante Bianchi. No así.-
Inhalaba el rastro casi inexistente de la colonia del alfa con una desesperación que le quemaba los pulmones, sollozando en la oscuridad mientras su piel ardía. Cada espasmo de Zayn era una nota de la sinfonía de su redención. Resistir al alfa ultra dominante en pleno celo era una hazaña que desafiaba las leyes de ese universo.
Mientras tanto, en el estudio de arquitectura el alfa estaba fuera de sí. El rastro de celo de Zayn seguía flotando en el aire, una invitación que lo estaba volviendo un animal. Golpeaba todo a su paso, su aroma a ozono volviéndose tan violento que Emily y Johan no se atrevían a entrar al despacho.