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Tres Veces 69

Tres Veces 69

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Mafia / Amor a primera vista / Romance de oficina / Romance oscuro / Harén Inverso / Completas
Popularitas:2
Nilai: 5
nombre de autor: Belly fla

“Para heredar el imperio de la mafia, Pedro necesita ser entrenado por los gemelos Danilo y Diogo. Pero las lecciones de poder pronto se convierten en juegos de deseo, donde el placer es el arma más peligrosa y el heredero se convierte en el premio.”

NovelToon tiene autorización de Belly fla para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

El garaje de la mansión resonó con el sonido de las puertas del SUV negro al abrirse. Danilo fue directo al asiento del conductor.

"Yo voy a conducir", anunció, agarrando las llaves.

Diogo, sin dudarlo, le arrebató las llaves de la mano. "En tus sueños".

"¡Qué mierda, hermano!", se quejó Danilo, pero ya moviéndose hacia el asiento del pasajero con resignación teatral.

Pedro, sosteniendo una carpeta con documentos, entró en el asiento trasero, cerrando la puerta con un golpe suave. El interior de cuero olía a limpieza y poder.

"Bueno, ya he cogido los papeles que me pedisteis", dijo Pedro, sosteniendo la carpeta en su regazo.

Diogo, ajustando el espejo retrovisor, encontró los ojos de Pedro en el reflejo. "Qué bien. Organizado. Me gusta".

Encendió el coche y el motor rugió suavemente. Mientras salían del garaje, la luz del sol invadió el coche, iluminando aún más la ropa corta de Pedro.

Danilo, desde el asiento delantero, giró el cuerpo para mirar hacia atrás, su mirada escaneando a Pedro descaradamente. "Creo que nadie en esa reunión va a prestar atención a los papeles, no, heredero. No contigo vistiendo... esto".

Pedro rodó los ojos, pero una sonrisa pequeña se dibujó en sus labios. "¿Ah, sí? Y si alguien mira demasiado, le doy un puñetazo. Problema resuelto. No sois más que unos pervertidos, proyectando en todo el mundo".

Danilo se puso una mano en el pecho, fingiendo ofensa. "¿La culpa es nuestra? Pedro, mira el tamaño de tu muslo. Mira ese cuerpo del carajo que tienes. No es que queramos mirar, es que es físicamente imposible no mirar".

Diogo, manteniendo los ojos en la carretera, soltó una leve risa. "Tiene un punto". Hizo una curva suave. "El problema no es la carretera, es el obstáculo... visual".

Pedro cruzó los brazos, intentando parecer irritado, pero fallando miserablemente. "¿Entonces me estáis echando la culpa a mí ahora? ¿Porque me visto bien?"

"No, no", corrigió Diogo, su voz suave como un hilo de seda dentro del coche. "Eso estaría mal. Solo estamos señalando un hecho. Así como es un hecho que ciertas... provocaciones, sean verbales o visuales... tienden a tener consecuencias".

Pedro sintió un escalofrío. La conversación había tomado un rumbo peligrosamente cercano al de la noche anterior. "Está bien", dijo, intentando sonar indiferente. "Entendido. No uso más este tipo de ropa".

Inmediatamente, dos protestas resonaron en el coche.

"¡No, no!", dijo Danilo, casi levantándose del asiento. "¡Me gusta esa ropa! ¡Puedes quedarte con ella!"

Diogo asintió, su mirada rápida en el retrovisor. "Pensé que eran una molestia", dijo Pedro, confuso.

"Una molestia deliciosa", respondió Danilo.

"Una molestia... dentro de casa", añadió Diogo, y Pedro pudo ver el reflejo de una sonrisa en el rostro del gemelo mayor en el espejo.

La ficha cayó. Pedro se sentó más erguido, un poder recién descubierto inundando sus venas. "¿Ah, sí? Entonces, ¿para qué os quedasteis quejando? ¿Os quedasteis mirando y babeando y aún quejando?"

Danilo rió. "¡Eso es! Nuestra, qué listo eres, descubriste nuestro plan maligno".

"A mí me gusta es usar en la calle", provocó Pedro, soltando el cebo. "Llamar la atención general".

La reacción fue instantánea y unánime.

"No sales más así en la calle", dijeron los dos gemelos al mismo tiempo, sus voces una mezcla de orden y posesividad.

Pedro no pudo contener una sonrisa victoriosa. "Qué gemelos pesados y mandones".

Desde el asiento del pasajero, Danilo se giró completamente, apoyando la barbilla en el respaldo. "Gracias. Eso es un elogio para nosotros".

Diogo asintió, sus ojos encontrando los de Pedro en el retrovisor una vez más. "Significa que estamos haciendo nuestro trabajo. Manteniendo lo que es nuestro... seguro".

La palabra "nuestro" flotó en el aire, pesada e intencional. El coche ahora estaba en movimiento constante en la carretera, pero el mundo allá afuera parecía haber desaparecido. Dentro de ese espacio confinado, rodeado por el olor a cuero y por el calor del deseo no disimulado, Pedro se sintió más preso y más libre que nunca. Estaban trazando un círculo a su alrededor, y la parte más aterradora era que no tenía la menor voluntad de salir.

"¿Seguro, huh?", susurró Pedro, más para sí mismo, mirando por la ventana mientras la ciudad pasaba. Él sabía que "seguro" en la lengua de ellos tenía un significado muy, muy diferente.

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