Charlotte, doncella bastarda de la casa Elara. su destino está maldito por su hermana. la única manera de salvarse es casándose con el hombre más malvado del reino. Nathaniel Cyrus.
Las reencarnaciones tiene a sus favoritos y a sus mejores guerreros.
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Capitulo 15: Quédate.
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La habitación seguía igual que unos minutos antes, con las cortinas cerradas a medias y la luz tibia de la tarde. Charlotte permanecía sentada en el borde de la cama, con las manos entrelazadas sobre el regazo, observando a Nathaniel caminar de un lado a otro como si necesitara gastar la energía que le quedaba en el cuerpo. Él no era un hombre inquieto por naturaleza, por eso ese movimiento constante la ponía más nerviosa que cualquier grito.
Nathaniel se detuvo frente a la ventana, apoyó una mano en el marco y respiró hondo.
—No sé por dónde empezar —murmuró, sin mirarla todavía.
Charlotte ladeó la cabeza, paciente.
—Empieza por tu nombre.
Él soltó una risa baja, seca.
—Entonces no soy Nathaniel. No del todo. Antes me llamaba Damián.
Se giró al fin y sus ojos, normalmente firmes, tenían algo más pesado, como si estuviera recordando cosas que preferiría olvidar.
—Vivía en una ciudad peligrosa. Ruido todo el día, gente desconfiando de todos, calles donde no podías sacar el teléfono sin pensar que alguien te iba a empujar contra el suelo. Trabajaba lo justo, leía cuando podía. Me gustaba leer más que hablar con la gente. Los libros eran lo único tranquilo que tenía.
Charlotte lo escuchaba sin parpadear. Sentía que, si se movía, podía romper el momento.
—Una noche salí tarde —continuó—. Me siguieron. Lo supe, pero pensé que exageraba. Fue rápido. Un golpe con una navaja en el costado. Me morí en una calle sucia sin que nadie me conociera de verdad.
El silencio que siguió fue pesado.
Nathaniel apretó la mandíbula.
—Desperté aquí. En este mundo. En esta casa. Era un niño. Una habitación vacía, sin juguetes, sin nadie que me abrazara. Al principio creí que era un sueño, igual que tú, pero los días pasaron y seguía aquí. Entonces empecé a recordar cosas del libro.
Charlotte se levantó despacio.
—El libro donde tú eras el villano.
—Sí. El duque cruel, el bastardo ambicioso, el hombre que todos odiaban.
Su voz no tembló, pero se volvió más baja.
—Me di cuenta de que ese niño… era Nathaniel y era yo ahora.
Charlotte se acercó un paso más.
—Así que lo que leí en el diario…
—Todo era cierto —respondió él sin rodeos—. Lo viví.
Sus manos se cerraron en puños.
—Descubrí que había ordenado desaparecer a mi madre.
Charlotte contuvo la respiración.
—¿Desaparecer…?
—Mandarla lejos. Para que dejara de insistir en verme, para que no se aferrara a mí como si yo fuera lo único que tenía. Yo solo quería que se fuera. Creí que así sería más fácil.
Su expresión se endureció.
—Después supe la verdad. Ella había quedado embarazada del antiguo duque, de mi padre. Sabía que él era obsesivo con dejar herederos legítimos. Así que ella hizo algo para volverlo infértil. Lo dejó sin posibilidad de tener más hijos. Yo era el único. Cuando él lo descubrió… la mató.
Charlotte llevó la mano a su boca.
—Nathaniel…
—No —dijo con firmeza—. Escúchalo todo. No quiero que me mires con lástima.
Se acercó a ella, pero no la tocó.
—Crecí sabiendo que era el único heredero, pero también el hijo de una sirvienta. Todos me miraban como si fuera una mancha. Aprendí rápido que, si quería sobrevivir, tenía que ser peor que ellos.
Su mirada se clavó en la de ella.
—Intenté vivir como Damián, como alguien normal, pero este mundo no te deja. Me adapté. Y el precio fue convertirme en lo que el libro decía que era. El villano.
Charlotte tragó saliva.
—¿Por eso te alejabas de todos?
—Sí. Porque hay momentos… —se pasó la mano por el cabello— en los que algo se activa. No pienso con claridad. Me vuelvo posesivo, agresivo. Como si el Nathaniel original tomara el control.
La miró con culpa abierta.
—Cuando golpeé a Charlie sin parar… era uno de esos episodios. Cuando te acorralé en el palacio durante el baile. Cuando te besé sin pensar. Hace rato, cuando te arrinconé contra la pared… todo eso.
Charlotte recordó cada escena. El miedo inicial. Luego la confusión. Y después algo más cálido que nunca quiso admitir.
Él bajó la voz.
—No quiero hacerte daño. Por eso intento mantener distancia.
Charlotte negó de inmediato.
—No me hiciste daño.
Nathaniel frunció el ceño.
—Charlotte…
—No —repitió, más firme—. Me asustaste, sí. Pero nunca sentí que quisieras lastimarme. Sentí que querías protegerme incluso cuando no sabías cómo hacerlo.
Se acercó lo suficiente para que sus manos casi se rozaran.
—Y sigo creyendo en ti. A pesar de todo. A pesar de tu pasado.
Nathaniel la observó como si no entendiera.
—¿Después de escuchar esto?
—Sí.
Ella respiró hondo.
—Y… voy a ser honesta contigo. Me gusta cuando te pones posesivo.
Él parpadeó.
—¿Qué?
—No cuando pierdes el control —aclaró rápido—. Pero cuando te acercas, cuando me tomas de la cintura, cuando hablas bajo como si solo yo pudiera escucharte. Me hace sentir que me eliges.
Nathaniel soltó una risa incrédula.
—Sabía que estabas un poco loca.
Charlotte le dio un golpecito en el pecho.
—Oye.
—Pero me gusta —añadió, más suave.
El silencio cambió.
Nathaniel levantó la mano y le acarició la mejilla con cuidado, como si temiera romperla.
—Contigo… ya no me siento solo —confesó.
Charlotte sintió un nudo en la garganta.
—Entonces no te vayas.
Él dudó.
—Es tarde. Debería dejarte descansar.
Cuando dio medio paso hacia la puerta, ella le tomó la mano con fuerza.
Nathaniel se detuvo.
—Quédate —susurró.
Él bajó la mirada a sus dedos entrelazados.
—Charlotte…
—Quiero que te quedes esta noche.
Su voz no tembló. Estaba decidida.
—Cuando estás aquí, siento que valió la pena estos meses sola contra mi familia. Tú y yo nos parecemos, con la diferencia de que eres más fuerte que yo. Me gustas mucho.
Nathaniel la observó con intensidad.
—¿Estás segura de lo que dices?
—Muy segura.
Se acercó un poco más, invadiendo su espacio sin vergüenza.
—Además —añadió con una sonrisa traviesa—. Me gusta el Nathaniel frío y distante. El que todos temen. El que protege lo que considera suyo.
Él levantó una ceja.
—¿Ah, sí?
—Pero me fascina más cuando se vuelve posesivo.
El aire cambió de golpe.
—Así que… —susurró ella— si vas a irte, hazlo ahora. Porque si te quedas… no te dejaré escapar.
Nathaniel la miró como si acabara de retarlo.
—Charlotte, no juegues conmigo.
Ella se rió, nerviosa y divertida al mismo tiempo.
—Entonces no juegues tú tampoco. Tómame ahora o nunca.
Fue como encender una chispa.
Nathaniel cerró la distancia en dos pasos. La sujetó por la cintura con firmeza y la hizo retroceder hasta la cama. Charlotte cayó sentada y soltó una carcajada sorprendida.
—Vaya, duque, qué rápido cambias.
—Tú lo pediste —murmuró él, inclinándose sobre ella.
Su mirada ya no era fría. Era intensa, llena de algo que no intentaba ocultar.
Charlotte apoyó las manos en sus hombros.
—Me alegra que te hayas quedado.
Nathaniel rozó su frente con la de ella.
—No pienso irme a ningún lado.
La besó despacio, sin prisa. Luego la abrazó con fuerza, enterrando el rostro en su cuello. Charlotte tenía a alguien a su lado.
Y Nathaniel, aún con todas sus sombras, la sostenía como si ella fuera lo único que importaba.
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buen Charlotte muestra tus💪