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El Placer De La Venganza

El Placer De La Venganza

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mundo mágico / Época / Romance / Reencarnación / Matrimonio contratado / Completas
Popularitas:412.6k
Nilai: 5
nombre de autor: LunaDeMandala

Renace en un mundo mágico para cobrar venganza.

* Novela parte de un gran mundo mágico *
** Todas son novelas independientes**

NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Contrato 1

Cuando Cora se sentó frente al escritorio, Jason Evenson cerró el libro que estaba leyendo y, sin prisa, tomó un documento de entre los papeles ordenados a su lado. Lo deslizó por la superficie pulida de la mesa hasta dejarlo justo frente a ella.

—Lea —dijo.

Cora tomó el contrato, pero apenas lo sostuvo entre los dedos. Sus ojos se deslizaron primero hacia el título, y antes de que pudiera evitarlo, una ceja se alzó con incredulidad.

—¿Quiere que se lo explique? —preguntó, más por costumbre que por arrogancia.

Jason soltó una risa breve, baja.

—No —respondió—. Sé que lo entiende perfectamente.

Cora volvió a bajar la mirada al documento.

—Es un contrato de trabajo —continuó él, con tono casual—. Trabajará para mí y con eso pagará su deuda.

Alzó el mentón, observándola con atención.

—Por supuesto, recibirá un sueldo. No soy un ladron. Y aceptando este contrato… la deuda quedará completamente saldada.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Cora parpadeó, sorprendida.

[¿Trabajar… para él?]

Alzó la vista lentamente, clavando los ojos en los del duque. Su expresión era controlada, demasiado serena para resultar tranquilizadora. Ese hombre de mirada de depredador no parecía, ni por un segundo, alguien dispuesto a actuar por simple generosidad.

—¿Y espera que confíe en eso? —preguntó con frialdad—. No parece precisamente… magnánimo.

Jason sonrió apenas, ladeando la cabeza.

—No lo soy.

La respuesta fue directa, sin adornos.

—Esto no es caridad, lady Morgan. Es eficiencia.

Cora apretó los labios, volviendo a mirar el contrato. Sus dedos recorrieron el borde del papel, sintiendo el peso invisible de lo que implicaba. Trabajar para el duque significaba estar bajo su mirada, bajo su control. Significaba deberle algo más que dinero.

Y eso la inquietaba más que cualquier cifra.

—¿Por qué yo? —preguntó finalmente—. Podría cobrarme de mil formas distintas.

Los ojos de Jason se oscurecieron apenas.

—Porque es inteligente —respondió—. Porque entiende números que otros no. Y porque ya ha demostrado que no le teme a jugar con fuego.

El silencio volvió a instalarse.

Cora sostuvo su mirada, desconfiada. Sabía reconocer una trampa cuando la veía, aunque aún no distinguiera dónde estaba exactamente.

[Este hombre no regala nada, Y si me ofrece trabajo… es porque espera algo más.]

Aun así, no apartó el contrato.

Cora bajó la vista y comenzó a leer con atención.

La primera hoja era clara, precisa, casi tranquilizadora. Trabajo de oficina. Administración del ducado. Supervisión de la mansión Evenson, revisión de contratos, cuentas, registros. Nada que no pudiera hacer. Nada que no hubiera hecho ya, incluso sin reconocimiento.

[Bien.. eso puedo hacerlo.]

Incluso sintió una chispa de orgullo. Aquello no era servilismo; era responsabilidad real. Poder real.

Pasó la página.

La segunda hoja la golpeó como un puñetazo en el pecho.

Sus ojos se detuvieron en una línea específica. La leyó.

Luego volvió a leerla.

Y una tercera vez, más despacio, como si las palabras fueran a cambiar si las observaba con suficiente fuerza.

CASARSE con el duque Jason Evenson.

El mundo pareció inclinarse.

El papel tembló levemente entre sus dedos.

—Esto… —murmuró—. Esto tiene que ser una broma.

Alzó la vista de golpe, incrédula, con los ojos muy abiertos.

—Dígame que esto es una broma —exigió.

Jason Evenson no sonreía.

Estaba recostado en su silla, las manos entrelazadas frente a él, observándola con la misma seriedad imperturbable de siempre.

—No lo es —respondió—. Todo el contrato es completamente legal.

Las palabras fueron dichas sin énfasis, sin dramatismo. Como si estuviera hablando del clima.

Cora sintió cómo la sangre le subía al rostro.

—¿Está diciendo… —empezó, pero se detuvo—. ¿Está diciendo que no solo quiere contratarme, sino que pretende…?

No pudo terminar la frase.

Se levantó de la silla de golpe, el movimiento brusco haciendo rechinar la madera contra el suelo.

—Esto es absurdo —dijo, caminando unos pasos—. ¡Yo no soy una mercancía! ¡No puede saldar una deuda obligándome a casarme!

Jason no se movió.

—No la estoy obligando —respondió con calma—. Le estoy ofreciendo una solución.

Cora se giró hacia él, el pecho subiendo y bajando con rapidez.

—¿Una solución? —repitió—. ¿Llamas solución a encadenarme de por vida a un hombre que apenas conozco?

El duque ladeó la cabeza, evaluándola.

—No es de por vida —dijo—. Es un matrimonio contractual.

Eso no la tranquilizó en absoluto.

Cora apretó los puños, el corazón latiéndole con fuerza. En su mente se superponían imágenes: el anciano de sus sueños, el altar forzado, la sonrisa de su padre, los golpes ocultos. El matrimonio impuesto había sido una condena en la vida de la verdadera Cora.

—No —dijo con firmeza—. No voy a hacerlo.

Jason se levantó entonces.

La diferencia de altura y presencia volvió a sentirse abrumadora. Se acercó lo suficiente para que ella tuviera que alzar la mirada.

—No he terminado —dijo—. Lea el resto.

Cora dudó. Cada instinto le gritaba que aquello era una trampa. Pero su orgullo, su necesidad de entender el tablero completo, la obligaron a volver a la mesa. Tomó el contrato con manos tensas y pasó las hojas siguientes.

Cláusulas. Condiciones. Salvaguardas.

Y poco a poco, su expresión cambió.

No hablaba de obediencia ciega.

No hablaba de sumisión.

Era un matrimonio político y administrativo. Con derechos claros. Con deberes delimitados. Con una independencia que no había esperado encontrar.

Cora levantó la vista lentamente.

—Esto… —dijo con voz más baja— no es un contrato de esposa común.

Jason la observó en silencio.

—No —confirmó—. Porque usted no es una mujer común.

El silencio volvió a envolver la oficina.

Cora entendió entonces la verdadera dimensión de lo que estaba frente a ella.

No era solo un trabajo.

No era solo una deuda.

Era una propuesta peligrosa.

Una alianza.

Y aunque le repugnaba admitirlo… también era una oportunidad que jamás volvería a repetirse.

1
beba hernandez
Ya lo había pensado, quiere cuidar la virtud de su hermana y evitar habladurías porque vive en casa del prometido, lo que no sabe es que ellos fueron más rápidos, jejeje
Maria Cerdán
Bien, ya empezaron a sincronizar, vamos por buen camino, se convirtieron en su propia justicia.
Maria Soledad De la Pena
buena
beba hernandez
Repite los mismos errores que con Florence, no aprendió nada, sigue igual de idiota🤔🤔🤔
beba hernandez
Más bien, por segunda vez, jejeje 🤣🤣
Maria Cerdán
Bueno,tú sentaste las reglas,Corazón simplemente no las sigue porque tampoco tiene tiempo para perder.
Tú tienes tus prioridades y Corazón no es una de ellas.
Coromoto Hernández
por mal hermano y aguevoniadooo
Veronica Chousa Garcia
Buenisima 🤩🤩
Maria Cerdán
Bravo.. 👏👏, Corazón 1, zorripanta 0..
beba hernandez
Ya tan pronto los celos????
beba hernandez
Y dale con la traición, lo que no acepta es su ego herido😡😡😡😡
beba hernandez
jajajaja, a ver como le va cuando regrese el papá 🤣🤣🤣
Maria Cerdán
Y qué? Entiendo es la época pero ya me tienen las que no tengo muy i fladas con estos tipejos que se creen los superiores pijudos y que nadie les puede d3cir sus verdades a la cara.. Es demasiado pedir un poco de respeto y caballerosidad ante una dama? En fin..
Coromoto Hernández
asi es la vida Oliver
Coromoto Hernández
touché 🤺🤺🤺
Johanna Marcela Castro
👏👏👏👏 me alegra que el tuvo su final feliz 🥰🥰
beba hernandez
ya va cayendo....🤔🤔
beba hernandez
Jajajaja, solito se puso la soga al cuello 🤣🤣🤣🤣🤣
beba hernandez
Que lo haga ser servil y celoso para que se eduque, jeje...a ver si así le quita lo idiota y aprende a cortejar
beba hernandez
Que poco hombre😡😡😡😡 ahora se hace la víctima, pedazo de 💩, por mi ni siquiera se merece una historia, me cae muy mal en pero una segunda oportunidad le hará bien aunque no la merezca por ojete
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