Renace en la novela que estaba leyendo.. el día de la boda con el conde mudo.. Pero ella cambiará su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico*
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Vanessa
Emma apenas había terminado de acomodar el velo cuando tocaron la puerta.
Tres golpes suaves.
Demasiado suaves.
Su espalda se tensó.
—Prima, soy Vanessa.
Emma sintió que una sonrisa torcida le cruzaba el rostro.
[La víbora]
Los recuerdos del libro llegaron claros, casi como si los hubiera vivido.. Vanessa entrando con aire preocupado, diciendo que quería “ayudarla” a verse más radiante para la boda. Luego, con manos ágiles, recargaba el maquillaje, exageraba el rubor, oscurecía los labios. Después susurraba comentarios venenosos lo suficientemente altos para que los sirvientes escucharan.
—Qué carácter tan difícil tiene mi prima… el pobre conde no sabe lo que le espera…
Y Emma, humillada y furiosa por la boda forzada, terminaba desquitándose con Daniel.
El plan perfecto.
Pero esta vez no.
Emma respiró hondo.
Se acercó a la puerta.
Y la abrió con una sonrisa luminosa.
Vanessa estaba exactamente como la describía el libro.. delicada, cabello castaño cuidadosamente ondulado, vestido en tonos suaves que resaltaban su imagen de inocencia. Sus ojos, sin embargo, brillaban con un cálculo frío que solo alguien que conocía la historia podía notar.
—Prima… Te ves muy pálida.
Emma inclinó ligeramente la cabeza, manteniendo la sonrisa.
—Es que yo soy muy blanca.. Ya sabes cómo somos los Collins.
Hizo una pausa calculada.
—Ah, perdón, prima… es verdad que tú eres una.. recogida..
El silencio cayó como una cuchilla.
Las manos de Vanessa se tensaron sobre la falda de su vestido. Apenas un segundo, pero Emma lo vio.
Vanessa forzó una sonrisa.
—Prima… no deberías hablar así.
Emma dio un paso hacia ella, sin perder la expresión amable.
—¿Así cómo?
Vanessa bajó la mirada con falsa humildad.
—Sé que estás molesta por casarte con… un mudo.
Ahí estaba.
La provocación.
La chispa que en la historia original encendía la furia de Emma Collins.
Pero esta Emma no era la original.
Le sostuvo la mirada con calma.
—¿Molesta? ¿Por qué estaría molesta?
Vanessa parpadeó.
Emma continuó, con voz suave pero firme..
—Voy a convertirme en condesa. Seré rica. Tendré tierras, influencia… estabilidad.
Sus ojos verdes brillaron con intención.
—A diferencia de otras personas.
La sonrisa de Vanessa se congeló apenas un instante.
No entendía.
La Emma que conocía habría explotado. Habría insultado al conde, habría hablado con desprecio, habría dejado que la rabia la dominara.
Pero esta Emma estaba serena.
Segura.
Incluso… divertida.
Vanessa inclinó la cabeza.
—Me alegra que lo tomes así, prima..
Emma dio un pequeño paso atrás, como si la conversación ya le hubiera aburrido.
—Gracias por preocuparte.
El tono fue impecablemente cortés.
Vanessa sostuvo su sonrisa un momento más, buscando alguna grieta, alguna señal de debilidad.
No la encontró.
Finalmente, hizo una leve reverencia.
—Te veré en la ceremonia.
Y se marchó.
La puerta se cerró con suavidad.
Emma esperó.
Y entonces soltó la carcajada.
No era cruel.
Era satisfecha.
Caminó hacia el espejo y se miró.
—Oh, Vanessa… Si creías que sería fácil…
Se acomodó un mechón rubio detrás de la oreja.
—Seré la villana con los villanos.
Su sonrisa se volvió traviesa.
—Pero con las personas buenas… seré una santa.
Pensó en Daniel.
En el hombre silencioso que no merecía humillaciones.
Sus ojos se suavizaron.
—Y esta vez.. la historia no la escribirán tus intrigas.
Enderezó los hombros.
La puerta del pasado ya estaba cerrada.
La nueva Emma Collins acababa de empezar su juego.
Cuando Emma abrió la puerta de su habitación y dio el primer paso al pasillo, el murmullo se apagó de inmediato.
Las doncellas, los mayordomos, incluso dos caballeros que aguardaban a la distancia inclinaron la cabeza en una reverencia perfecta.
—Mi lady.
El sonido fue uniforme, respetuoso.
Emma tuvo que contener el impulso de mirar hacia atrás para comprobar que no era otra persona la destinataria de tanta solemnidad.
[Así que esto es ser noble]
Descendió la gran escalera central con cuidado, el vestido extendiéndose detrás de ella como una estela blanca. Cada paso resonaba suavemente sobre el mármol pulido. Candelabros dorados iluminaban el vestíbulo, y enormes retratos de antepasados Collins observaban desde las paredes.
Al pie de la escalera la esperaba su abuelo.
El patriarca de la familia Collins.
Un hombre de porte recto, cabello plateado y mirada aguda que, sin embargo, se suavizó apenas la vio. Había en sus ojos un cariño genuino.
Eso la tomó por sorpresa.
—Emma..
Ella bajó el último escalón y le hizo una leve reverencia, más por instinto que por protocolo.
—Abuelo Collins.
Él la observó unos segundos, evaluando su expresión, su postura… quizá buscando rastros de la altivez habitual.
—Te ves distinta hoy..
Luego carraspeó suavemente.
—Dime, ¿por qué Vanessa salió llorando de tu habitación?
Emma parpadeó, fingiendo sorpresa.
—¿Llorando?
El abuelo arqueó una ceja.
—Me dijo que la habías insultado.
Emma lo miró, y por un instante dudó.
[este hombre, en la novela, no era malvado. Era severo, tradicional… pero quería a su nieta.]
Así que suavizó la voz.
—Abuelo Collins, perdón.. Es que a veces se me olvida que decir que Vanessa es una recogida es… malo.
Un silencio incómodo se instaló.
El abuelo exhaló por la nariz, no molesto, sino paciente.
—No es “malo” en sí, Emma.. pero no es una buena forma de decirlo.
Ella inclinó ligeramente la cabeza, como si reflexionara.
—Entiendo…
Luego levantó la mirada con aparente curiosidad inocente.
—Abuelo, ¿por qué cree que mi tío adoptó una hija?
El hombre frunció el ceño.
—¿A qué viene esa pregunta?
Emma se encogió apenas de hombros.
—Es que… se parecen mucho.
Hizo una pausa estratégica.
—Como si fuera su hija.
El abuelo Collins la miró fijamente.
—Es cierto que se parecen.. Pero los hijos ilegítimos están prohibidos en la familia Collins.
Su tono fue firme.
—Además, tu tía solo tuvo un hijo hombre en su vida. Por eso adoptaron a la niña.
Emma ladeó la cabeza, como si la explicación no terminara de convencerla.
—Igual es sorprendente el parecido… Cualquiera podría dudar. Y decir que la familia Collins adopta a sus hijos ilegítimos.
El aire pareció volverse más denso.
El abuelo no respondió de inmediato.
Su mirada se volvió distante.
Pensativa.
Emma lo observó con atención.
Porque ella sabía.
Lo sabía por el libro.
Vanessa no era simplemente una huérfana adoptada por caridad.
Era hija ilegítima del tío.
Y el “parecido” no era casualidad.
El abuelo Collins no dijo nada más. Pero algo en su expresión cambió.. una grieta mínima en su seguridad.
Y mientras el silencio se prolongaba, Emma entendió que había sembrado una duda.
Pequeña.
Pero suficiente.
El abuelo finalmente carraspeó.
—Deja esos pensamientos.. Hoy es tu boda.
Emma inclinó la cabeza con obediencia.
—Sí, abuelo.
Pero cuando él apartó la mirada, sus labios se curvaron apenas.
El juego acababa de comenzar.
Y esta vez, ella conocía todos los secretos.
Maravilloso Daniel sigue asi👏