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El Sacrificio De Angrod Caranthir

El Sacrificio De Angrod Caranthir

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Matrimonio entre clanes / Batalla por el trono / Viaje a un mundo de fantasía / Mundo mágico / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

La tarea del príncipe elfo es sencilla; debe preparar una humana para sellar el pacto entre el mundo de ella y el de él. La conoce desde niña, y cuando descubre que el ritual es un sacrificio y lo empiezan a presionar para que la entregue, hará lo que sea necesario para salvarla.

NovelToon tiene autorización de Jisieli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 15 La noche antes de la guerra

El mensajero llegó al amanecer.

No era un elfo ni un humano. Era una criatura de luz, una pequeña chispa que atravesó el bosque negro y fue a posarse en la mano extendida de Círdan. El anciano cerró los ojos, escuchando, y cuando volvió a abrirlos, su rostro era una máscara de gravedad.

—Malakor ha llegado a las puertas de Hassan —dijo—. Su ejército rodea la ciudad. El rey Thranduil ha ordenado que todos los recursos se concentren en la defensa.

—¿Y el pacto? —preguntó Angrod.

—El pacto sigue en pie. El sacrificio será mañana al atardecer.

Mañana.

Leila sintió que el suelo se movía bajo sus pies.

Mañana.

—Entonces mañana estaremos allí —dijo, con voz firme—. Mañana nos enfrentaremos a Malakor. Mañana cerraremos el portal. Mañana acabaremos con esto.

—¿Estás segura? —preguntó Angrod.

—No. Pero vamos a hacerlo igual.

---

El día transcurrió en una vorágine de preparativos.

Armas que afilar, armaduras que ajustar, estrategias que repasar. Los olvidados se movían como un solo organismo, eficiente y determinado. Nadie hablaba de la posibilidad de morir. Nadie hablaba de la posibilidad de rendirse.

Solo importaba mañana.

Al atardecer, cuando el cielo violeta comenzó a oscurecerse, Angrod encontró a Leila sola en el borde del claro.

—Deberías descansar —dijo.

—No puedo.

—Mañana será un día largo.

—Por eso mismo.

Él se sentó a su lado. No dijo nada más.

El silencio se alargó, cómodo, familiar. Habían pasado apenas dos semanas desde que Leila llegó a Hassan, pero parecía una vida entera. O quizá dos vidas: la que había vivido antes de conocerlo y la que estaba viviendo ahora.

—¿Tienes miedo? —preguntó él.

—Sí.

—Yo también.

—No parece.

—Intento que no se note.

—¿Por qué?

—Porque si ellos me ven con miedo, perderán la esperanza.

—¿Y si te veo yo?

Él la miró largamente.

—Tú eres diferente —dijo—. Contigo no tengo que fingir.

—¿Por qué?

—Porque tú me conoces. Tú sabes quién soy realmente. Tú me has visto en mis peores momentos y no has huido.

—No voy a huir.

—Lo sé.

—Entonces no tengas miedo de mostrarme tus miedos.

Él desvió la mirada.

—Tengo miedo de perderte —dijo—. Tengo miedo de que mañana sea demasiado tarde. Tengo miedo de haber esperado doce años para encontrarte y que todo termine en un solo día.

—No va a terminar.

—No lo sabes.

—Lo sé. Porque te conozco. Porque sé que no te rendirás. Porque sé que harás lo imposible por sobrevivir.

—¿Y si lo imposible no es suficiente?

—Entonces haremos lo imposible de lo imposible.

Él casi sonrió.

—No sé cómo hacer eso.

—Yo tampoco. Pero lo descubriremos juntos.

---

La noche se cerró sobre ellos como un abrazo.

Leila lo tomó de la mano y lo guió hacia la tienda. No necesitaron palabras; sus cuerpos hablaban un idioma más antiguo que cualquier lengua élfica.

Dentro, a la luz tenue de una pequeña esfera luminosa que ella había creado, se desnudaron lentamente.

No era la urgencia desesperada de su primera vez. Era algo más profundo, más sereno. Era la certeza de que quizá —solo quizá— aquella fuera su última noche juntos.

Y querían recordarla.

—Te amo —dijo Angrod, con las manos en sus caderas, los labios en su hombro—. Te he amado desde que tenía trece años y olía a mar.

—Lo sé —susurró Leila—. Siempre lo supe. Desde la primera vez que me miraste en el trono de tu padre.

—¿Cómo?

—Porque tus ojos no mienten. Por mucho que intentes fingir, tus ojos siempre dicen la verdad.

Él enterró el rostro en su cuello.

—Doce años —dijo—. Doce años esperando. Doce años deseando. Doce años preguntándome si algún día merecería siquiera acercarme a ti.

—Y ahora estás aquí.

—Ahora estoy aquí.

—Entonces no pienses en los doce años perdidos. Piensa en todos los años que nos quedan.

—¿Y si no nos quedan años?

—Entonces piensa en esta noche. En este momento. En nosotros.

Él levantó la cabeza y la miró.

Sus ojos azules estaban húmedos.

—No quiero que esto termine —dijo.

—No va a terminar. Te lo prometo.

—No puedes prometer eso.

—Acabo de hacerlo.

Él sonrió. Era una sonrisa pequeña, temblorosa, absolutamente vulnerable.

—Eres imposible —susurró.

—Lo sé.

—Testaruda.

—También.

—Y te quiero.

—Yo también te quiero. Ahora bésame.

Él la besó.

No fue como la primera vez.

Aquella había sido urgencia, descubrimiento, el hambre de doce años contenidos estallando por fin. Esta era calma. Esta era certeza. Esta era la paz que viene después de la tormenta, cuando sabes que el barco ha resistido y el mar, por fin, se serena.

Angrod la recorrió con las manos como quien recorre un mapa que ya conoce de memoria pero nunca se cansa de explorar. Cada curva, cada pliegue, cada pequeño lunar que había memorizado a través del cristal y que ahora podía tocar, besar, adorar.

—Eres hermosa —dijo—. Siempre lo supe. Pero verte así, desnuda, mía...

—Soy tuya —respondió Leila—. Y tú eres mío.

—Siempre.

Ella lo guió dentro de ella con una lentitud que era casi dolorosa. No querían que aquello terminara. No querían que el mundo existiera fuera de esa tienda, fuera de ese momento.

Él se movió dentro de ella como las olas en la orilla: rítmico, constante, infinito. Ella arqueó la espalda, enredó los dedos en su cabello negro azulado, susurró su nombre una y otra vez como una plegaria.

—Angrod. Angrod. Angrod.

—Leila.

No eran solo sus cuerpos los que se encontraban. Eran sus almas, sus luces, sus oscuridades. La luz dorada brotó de las manos de ella y envolvió a ambos, sanando heridas que ni siquiera sabían que tenían.

Él lloró. Ella también.

No de tristeza. No de miedo. De gratitud.

Por haber sobrevivido. Por haberse encontrado. Por tener esto, aunque fuera solo por una noche.

Cuando el orgasmo llegó —lento, profundo, devastador—, ambos se aferraron el uno al otro como si el mundo fuera a desmoronarse a su alrededor.

Y quizá así era.

Pero mientras estuvieran juntos, nada importaba.

---

Después, quedaron enredados entre las mantas.

Leila tenía la cabeza apoyada en su pecho, escuchando los latidos de su corazón. Él le acariciaba el cabello con una mano, la espalda con la otra.

—¿Crees que haya un lugar donde podamos estar así siempre? —preguntó ella.

—¿Así cómo?

—En paz. Sin guerras. Sin maldiciones. Sin padres crueles ni hechiceros vengativos.

—No lo sé —respondió él—. Pero si existe, lo encontraré.

—¿Me llevarás?

—A donde quieras ir.

—¿Aunque sea al fin del mundo?

—Especialmente al fin del mundo.

Ella sonrió contra su piel.

—Eres un cursi —dijo.

—Lo sé.

—Un cursi insoportable.

—También.

—Y te quiero.

—Yo también te quiero. Más de lo que crees.

—Entonces demuéstramelo.

—¿Cómo?

—Vive mañana. Vuelve a mí. Quédate conmigo.

Él guardó silencio un momento.

—Te lo prometo —dijo—. Viviré. Volveré. Me quedaré.

—¿Y esta vez es verdad?

—Esta vez es verdad.

Ella asintió lentamente.

—Te creo —dijo—. Siempre te creo.

---

No durmieron.

Pasaron la noche hablando de todo y de nada. De sus infancias —la de él solitaria y cruel, la de ella cálida y ordinaria—. De sus sueños —él nunca había tenido ninguno, ella había soñado con el mar desde que tenía memoria—. De sus miedos —él temía convertirse en su padre, ella temía olvidar quién era.

—No vas a convertirte en tu padre —dijo Leila—. Eres demasiado bueno para eso.

—No soy bueno.

—Lo eres. No lo ves porque no quieres, pero lo eres.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque los buenos no creen que lo son. Los malos están demasiado ocupados convenciendo a los demás de su bondad. Tú solo intentas convencerte a ti mismo.

Él no respondió. Pero su brazo la rodeó con más fuerza.

—Mañana —dijo Leila—. Mañana todo cambiará.

—Sí.

—Ganaremos.

—Sí.

—Y luego podremos ser felices.

—Sí.

—¿Me lo prometes?

—Te lo prometo.

---

El amanecer llegó demasiado pronto.

Leila se vistió con la armadura que Círdan le había preparado: cuero reforzado, placas de metal ligero, un cinturón donde colgar su luz. No era una guerrera, pero hoy tendría que parecerlo.

Angrod la ayudó a ajustarse las correas. Sus dedos se demoraban en cada hebilla, cada nudo, cada oportunidad de tocarla un segundo más.

—Tienes que prometerme una cosa —dijo él.

—Lo que sea.

—Si las cosas se ponen mal... si Malakor es demasiado fuerte... si ves que no podemos ganar...

—No voy a huir.

—No te pido que huyas. Te pido que vivas.

—Eso es lo mismo.

—No lo es. Puedes perder una batalla y seguir viviendo. Puedes retirarte, reagruparte, volver a luchar. Pero para eso necesitas estar viva.

—Y tú también.

—Yo...

—No. Tú también vas a estar vivo. No me pidas que viva si tú no vas a hacer lo mismo.

Él la miró largamente.

—Eres imposible —dijo.

—Lo sé.

—Testaruda.

—También.

—Y te quiero.

—Yo también te quiero. Ahora vámonos. Nos esperan.

---

Afuera, los olvidados estaban formados.

Cincuenta personas. Cincuenta almas dispuestas a darlo todo por un reino que nunca las había querido. Cincuenta corazones latiendo al unísono, esperando una señal.

Angrod se colocó al frente. Leila, a su lado.

—Hoy —dijo— no luchamos por Hassan. Hassan nunca nos ha dado nada. Luchamos por nosotros. Por nuestros seres queridos. Por el futuro que queremos construir.

—Hoy —continuó Leila— no luchamos como elfos o humanos, como soldados o civiles, como malditos u olvidados. Luchamos como uno solo. Como un ejército. Como una familia.

—Hoy —dijo Angrod— vamos a demostrarle a Malakor que la oscuridad no puede vencer a la luz. Que el odio no puede vencer al amor. Que mil años de impunidad no pueden vencer a un solo día de esperanza.

—¿Estáis con nosotros? —preguntó Leila.

Un rugido.

Cincuenta voces respondiendo al unísono.

Cincuenta almas entregadas a la misma causa.

Cincuenta corazones latiendo al ritmo de una sola palabra.

Sí.

---

Mañana todo cambiará.

Mañana ganaremos o moriremos.

Pero sea cual sea el resultado, yo estaré a su lado.

Luchando.

Viviendo.

Amando.

Porque eso es lo que somos.

Eso es lo que siempre hemos sido.

Dos almas rotas que encontraron la forma de soldar sus grietas.

Juntos.

Para siempre.

Pase lo que pase.

1
Maria Elena Maciel Campusano
Bueno Leila dió el paso decisivo y se entregó a Agrod ahora juntos enfrentarán al Malechor de Malakor 🤨🤨
Maria Elena Maciel Campusano
Quien lo diría Leila está enamorada de Agrod y él que temía ser rechazado, pero la unión hace la fuerza y quizás unidos logren vencer al tal Malechor perdón Malakor 🤔🤔
Maria Elena Maciel Campusano
🤔🤔🤔 Qué sacrificio tan grande hizo la mamá de Agrod por amor a su hijo, ahora él decidió sacrificar su existencia por amor a Leila 😔😮‍💨
Maria Elena Maciel Campusano
Estuvo interesante todo lo que Leila descubrió a través de leer un libro, pero lo mejor fué cuando Agrod logró hacer que ella despertara su poder🤔🤔
Maria Elena Maciel Campusano
Realmente es una historia interesante, pero mientras no se aclare sobre el dichoso pacto entre el mundo de Leila y el mundo de Agrod, seguiremos junto con Leila intrigados sobre el porqué de su encuentro y de ese pacto🤔🤨🤨🤨
Maria Elena Maciel Campusano
Debe ser muy impactante ser arrebatada de tu vida, de tu hogar, de tus amigos, familia y actividades así nada más 🤨🤨🤨
Lorena Itriago
Excelente Novela, Felicidades
Lorena Itriago
Que pasó con Elara?
welimar hernandez lobo
Buen historia lo malo es que la gente no lo conoce, gracias autora por publicar esto.
Jisieli: También te recomiendo mi otra novela "El Archiduque Bestia y la Esclava"
Feliz tarde 🤗
total 2 replies
Maria Elena Maciel Campusano
Vaya manera de llevarse a Leila a su mundo, fué muy impresionante leer sobre las sensaciones que sentía y la manera en que las sombras la arrastraron hasta cruzar el umbral del espejo 😨😰😱😱
Maria Elena Maciel Campusano
Me atrapó ésta historia, empezó con acción y la manera en que conoció a su destinada☺️👍👍👍
Jisieli
Me pareció encantadora la historia 🤗
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