una noche basto para que sus almas se hicieran una, pero las adversidades de la vida misma los separó hasta que el destino hace su presencia y los unirá para jamás separarse.
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23.- Una boda, no tan de ensueño.
Al abrir mis ojos, mi mente recordó todo lo que había pasado, no sé que me hubiera sucedido si Bazil no aparece en ese momento.
...Recuerdo...
Entre a mi oficina aún sorprendida por lo que me había dicho mi jefe, casi tres largos años le he dado mi vida a esta empresa, para hoy enterarme que no eran mis colegas los que me bloqueaban, sino mi propio jefe con fines lucrativos para él.
Jamás haría tal cosa, ni soltera me pasaría por la mente; disipé un poco toda esta maraña en mi cabeza, me senté, prendí mi computador y continué con mi trabajo revisando unos planos.
Al ver la hora tenía que darme prisa para terminar a tiempo y poderme ir con Bazil, comencé a recoger, apague mi computador, tome mi bolsa y estos minutos los aprovecharía para hacerme la prueba, gracias a Leo que andaba por estos rumbos, me la dejo.
Iba a hacer lo pensado cuando la puerta se abrió de golpe viendo a Bernart, de inmediato me di el levantón, pero mi cuerpo se tensó cuando lo vi cerrar la puerta, mi mente no reaccionaba y mi sistema estaba pasmado.
— ¿qué haces aquí?, ¿cómo entraste?, tu, tu no deberías estar...— negó dando un golpe en la pared, el cual me hizo estremecer.
— hola Kailin, vine solo por ti y no habrá seguridad que me detenga, tu jefe es mi amigo y hará lo que le pida— se me acerco y mi reflejo fue darle una bofetada, pero fue un grave error porque se enfureció tomándome con fuerza del cuello— hoy serás toda mía, quieras o no.
— por favor, Bernart, este, este no eres tu— sonrió tan terroríficamente que mi piel se erizó sintiendo un gélido escalofrío recorrer por mi columna— por favor, no, no lo hagas.
Me acorralo en la esquina de la oficina, ejerciendo cada vez más fuerza en mi cuello, sintiendo pánico por lo que sucedía y por la falta de aire.
Tapo mi boca y comenzó a besar mi piel descubierta, no sabía más que hacer, odiaba que mi cuerpo no reaccionará, mis lágrimas comenzaron a salir y cuando el quitó su mano de mi boca para ponerla de nuevo en mi cuello, solo grité esperando que alguien me escuchara y me ayudara.
Sabía que en este momento ya la empresa estaba casi vacía: de repente deje de sentir presión y al ver, era Bazil quien me venía a salvar como el héroe que a sido para mí…
...Fin de recuerdo...
En verdad me duele ver el comportamiento de Bernart, no entiendo en qué momento lo perdimos, pero más me dolerá cuando Leo se entere que estará en la cárcel por lo que intento hacerme, porque al fin de cuentas es su hermano, su sangre, solo espero que todo esto, no haga que nuestra amistad se vaya por la borda...
Cuando giré me di cuenta que Bazil estaba acostado a mi lado, con sus facciones relajadas, suspire acariciando su rostro y sin hacer el mínimo de ruido me levante para salir de la habitación.
Baje las escaleras para buscar en la sala mi bolso, en verdad no recordaba donde estaba, pero no perdía la esperanza de que estuviera tal vez en un sofá, al caminar lo vi sobre la encimera, en la cocina.
Al tenerlo entre mis manos, saque de su interior la caja con la prueba casera, la escondí bajo mi blusa y busque un baño en la planta baja.
Después de abrir puerta tras puerta por fin había encontrado el bendito baño, al estar adentro puse el seguro y saque la pequeña pluma del empaque, me sentía ansiosa, nerviosa y feliz, porque quizás este esperando un hijo de Bazil, pero a la vez miedo de que tal vez, sea una falsa alarma.
Respire profundo e hice todos los pasos a seguir que decía el instructivo, esos cinco minutos de espera fueron los más eternos que pude tener en toda mi vida, cuando pasó el tiempo estipulado, tome la pluma con mis manos más que temblorosas, no tenía el valor de ver el resultado.
Hasta que inconscientemente pose mi mano en mi vientre y finalmente tome el valor que necesitaba, al ver la prueba se distinguían un par de líneas, una tenue y otra más fuerte, volví a leer el instructivo que estaba plasmado en la caja.
Y entendí que si, si estaba embarazada, comencé a llorar, luego a reír y finalmente grité desfogando mi euforia por la maravillosa noticia de que seré mamá, aún mis lágrimas salían cuando un toque a la puerta me hizo reaccionar.
— amor, ¿está todo bien?, te escuché gritar y me alarmé— pensaba hacerle una sorpresa a Bazil.
Pero que más daba, en este momento lo único que anhelo es compartir mi felicidad con el principal que hizo todo esto posible.
Abrí la puerta con una gran sonrisa dibujada en mi rostro, limpié mis lágrimas bajo la mirada de sorpresa de Bazil— estoy mejor que nunca, amor esto sería sorpresa, pero no puedo ocultarlo un minuto más.
— ¿de que hablas?, mi vida— no dije más nada y solo le mostré la prueba, la vio por un instante hasta que levantó su vista— ¿es lo que creo que es?— asentí volviendo a salir mis lágrimas— ¡amor!, ¿¡estás embarazada!?.
— ¡si!— sonrio, pudiendo ver sus ojos acuosos, me abrazo con mucha ternura y delicadeza, besando todo mi rostro.
— gracias, gracias, gracias, te juro que los cuidaré con mi vida, mi amor esta es la mejor noticia del mundo, te amo— al alejarse, su mano tocó mi vientre y solo volví a llorar, por este momento tan único y tan nuestro.
Salimos del baño llevándome directo a la cocina, me sentó junto a la barra y sin decir palabras, lo vi cocinar para mi, era la primera vez que lo hacía y me encantaba.
Cuando termino puso dos platos, sentándose junto a mi, desayunamos en calma cuando lo escuché suspirar— aún no puedo salir del asombro, seremos papás, ¡wow!, tenemos que ir al doctor para saber si nuestro bebé está bien— asentí más que sonriente.
— en este momento hago la cita para ver si hoy mismo podemos ir— negó viéndolo levantar los platos.
— hoy no preciosa, iremos a un lugar especial— solo asentí sin preguntar más nada.
Hice la llamada para pactar la cita al día siguiente, subimos las escaleras hasta la habitación, me di una ducha, al cenar me el cabello, me vi al espejo y en mi cuello tenia una tenue marca, suspire porque me hacia recordar lo que sucedió la noche anterior, salir del baño y un vestido color blanco esperaba por mí, cuando le iba a preguntar sobre el vestido se metió al baño.
Y desde adentro solo grito que me lo pusiera, ya que era necesario, arrugue mi entrecejo por sus palabras un poco raras, al terminar de arreglarme, vi mi reflejo en el espejo y en verdad el vestido era lindísimo, me quedé perdida cuando sentí sus brazos rodearme hasta dejar sus manos sobre mi vientre plano.
Al verlo por el espejo tenía una enorme sonrisa me giro para darme un muy lento beso, de eso que me hacen perderme por minutos.
Al separarnos me hizo que girara— te ves tan hermosa mi vida, que seré la envidia de muchos— solo sonreí por sus ocurrencias.
Se cambió, poniéndose un traje gris, el cual le quedaba a la perfección, suspire hasta acercarme a él para arreglar su corbata, mientras él solo sonreía y dejaba besos en mi frente.
— y tú, no te quedas atrás, te ves tan guapo, que yo también seré la envidia de muchas— ladeo su comisura hasta negar, me abrazo solo para susurrarme.
— quizás, pero yo te pertenezco y este corazón solo late por ti— me sonroje por sus palabras, acaricio mis mejillas hasta que nos dimos un beso— vamos señora Russo.
Solo negué entrelazando mi brazo en el de él y salimos del departamento, al estar en el subterráneo tomo mi mano llevándome hasta un auto deportivo.
Al subirnos, encendió el auto quedándose así por un largo tiempo— amor, ¿estás seguro?— giro dándome un beso en la frente, acaricio mi vientre y solo asintió.
— si, no dejaré que mis miedos me dominen— acaricié su cabello y lo puso en marcha.
Manejo por más de media hora, hasta que estacionó en un terreno, lo vi bajar, abrió mi puerta extendiendo su mano, al bajar a lo lejos estaba una tienda y caminamos hacia esa dirección.
Aún estaba con la intriga, del porqué estábamos aquí, al llegar, estaba mi hermano junto a Leo, quien al verme me abrazo.
— te deseo lo mejor, amiga, te quiero— asentí sonriente, pero aún no entendía, me abrazo mi hermano y lo escuché suspirar.
— aun así, siempre estaré para ti, hermanita— lo vi sorprendida frunciendo mis cejas, esto era aún más extraño.
Hasta que Leo se me acerco entregándome un pequeño ramo con rosas negras, me giro y lo vi parado junto a un sacerdote, abrí mis ojos de la gran sorpresa.
Camine hacia él, mis lágrimas salían una a una, jamás imagine que hoy nos casaríamos, al estar frente a él, pase saliva, su sonrisa era inmensa igual a la mía, entrelazamos nuestras manos y dio inicio a la ceremonia.
Pero el momento de los votos había llegado, estaba nerviosa, mis manos estaban heladas y mis sentimientos tenían una gran revolución en mi interior, hasta que escuché su voz grave y vibrante hablarme.
— Preciosa, cariño, amor y mi vida, son las palabras que han pronunciado mis labios cada vez que te veo, aunque nuestro tiempo a sido corto, con eso es suficiente para mí y darme cuenta que eres la mujer que toda mi vida busque y para que, el amor que siento por ti creciera a marchas aceleradas— llevo mi mano a su pecho— ¿sientes eso?— asentí con un nudo en la garganta— cada latido que hace mi corazón es solo por ti, te amo y jamás lo dejaré de hacer Kailin Olsen.
Para cuando termino de decirme estaba hecha un mar de lágrimas, mis palabras no salían por más que intentara, me abrazo y fue la única manera que pude tranquilizarme un poco con solo sentir sus cálidos brazos.
— mi amor, se que nuestra historia inició diferente y alocada, pero jamás pensé que con una noche bastaría para enamorarme y sentir lo que hoy siento por ti; gracias por amarme, por protegerme como lo has hecho y darme el anhelo que yo pensé que jamás llegaría, te amo y jamás lo dejaré de hacer Bazil Russo.
Nos colocamos nuestros anillos y sellamos nuestra unión con un beso acompañado de un cálido abrazo— perdóname, si nuestra boda no es tan de ensueño.
— te repetiré lo que tú, un día me dijiste, no importa el lugar o como sea, lo que importa es con quien uní mi vida, te amo señor Russo.
— yo también te amo señora Russo— sonreí por sus palabras, volviéndonos a besar mucho más lento y con los sentimientos impregnados en ese beso.
Donde podía sentir su esencia y el gran amor que nos tenemos y donde el me a dado la estabilidad de un amor verdadero del cual se que jamás me abandonará.
felicidades al autor del libro
Bernat es un imbécil que no sabe perder