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CICATRICES BAJO LA LLUVIA

CICATRICES BAJO LA LLUVIA

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Elena: Una talentosa restauradora de arte que perdió la confianza en su talento tras un accidente que le dejó una leve secuela en la mano derecha. Es perfeccionista, un poco retraída y está tratando de reconstruir su vida en un pueblo costero alejado del caos de la ciudad. podrá encontrar su rumbo en este lugar?

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CAPÍTULO 24: EL CÓDIGO DE LA PIEDRA VIVA

​La noche cayó sobre la costa con una quietud espectral. Tras el triunfo en la capital, el aire en el taller de Elena se sentía cargado de una electricidad expectante. Faltaban apenas horas para que el juicio definitivo comenzara, y Julián, incapaz de dormir, se había refugiado en la zona de trabajo, rodeado por los planos originales de su abuelo que habían rescatado de La Atalaya.

​Elena se acercó a él caminando descalza sobre la madera, envuelta en una de las camisas de lino de Julián que ahora le servía de camisón. Se detuvo a observar su espalda ancha, tensa por la concentración, y sintió esa oleada de gratitud y deseo que solo él lograba provocarle.

​—Julián, son las tres de la mañana —susurró, rodeando su cintura con los brazos—. Tu cerebro necesita descansar si mañana quieres enfrentarte a esos abogados.

​Él no se giró de inmediato. Sus dedos recorrían un detalle específico en el plano de la sección transversal de la mansión.

—Mira esto, Elena —dijo él, con una voz vibrante de excitación—. Llevo horas analizando la distribución de las cargas estructurales del sótano donde estuvimos. Hay una anomalía.

​—¿Una anomalía? —Elena se asomó, apoyando la barbilla en su hombro.

​—Aquí —señaló Julián con el portaminas—. Según este plano, el muro de carga del ala este tiene un grosor de un metro, pero en el sótano real, el espacio libre es menor. Hay un vacío de unos sesenta centímetros que no aparece en ninguna parte. Mi abuelo no cometía errores de medición, Elena. Si hay un vacío, es porque él construyó una cámara oculta.

​Elena sintió que el vello de sus brazos se erizaba.

—Lo que el fuego no pudo quemar, el tiempo lo ha guardado para ti. Eso decía la nota del sobre azul.

​Julián se giró, tomándola del rostro con esa mezcla de fiereza y ternura que la desarmaba.

—Si los Garrido han estado intentando comprar La atalaya o asustarnos para que nos vayamos, no es solo por el terreno. Es porque saben que el Archivo de las Sombras no era solo un montón de lienzos viejos. Debe haber algo más. Documentos originales, contratos, quizás las grabaciones de las reuniones de 1974.

​El instinto protector de Julián se activó de nuevo. No podía dejar que Elena fuera al juicio mañana sin saber qué había en ese muro.

—Quédate aquí. Voy a por el jeep.

​—Ni hablar —replicó ella, poniéndose sus botas—. No vas a ir solo a una mansión en ruinas en mitad de la noche. Y menos cuando se trata de mi familia.

​El humor, como siempre, llegó en el momento menos oportuno. La puerta del taller se abrió un par de centímetros y la cabeza de Tato apareció por la rendija.

​—¿Misión nocturna? —preguntó el chico, que parecía dormir con los auriculares puestos—. Mi sensor de movimiento ha pitado en el móvil. Si van a la mansión, necesito mi dron térmico. Las sombras de noche dan muy bien en cámara, vibras de misterio total.

​—¡Y a mí me traen un termo con café, que a esta edad la humedad me mata los riñones! —La voz de Rosario retumbó desde el porche—. ¡Y cuidado con la cabra, que se ha quedado dormida en el asiento de atrás del jeep y tiene un humor de perros si la despiertan!

​Diez minutos después, el grupo llegaba a La Atalaya. La mansión se alzaba como un esqueleto de piedra bajo la luz de la luna llena. Julián bajó primero, ayudando a Elena a descender con una precaución casi exagerada, manteniéndola siempre a su espalda mientras se adentraban en el sótano.

​Julián utilizó un mazo de goma para golpear el muro de carga. El sonido cambió de un golpe seco a uno hueco en una sección exacta detrás de la chimenea.

​—Aquí es —dijo Julián. Sus músculos se marcaron bajo la camisa mientras empezaba a retirar las piedras con una palanca—. Elena, apártate un poco, el polvo no es bueno para ti.

​—Estoy bien, Julián. Solo... abre eso —instó ella, apretando el amuleto de madera en su bolsillo.

​tras retirar una hilera de piedras, apareció una caja fuerte de hierro fundido, oxidada pero intacta. No tenía combinación numérica, sino una ranura para una llave de forma inusual.

​—La llave que me dio el guardián —susurró Elena, sacándola de su cuello.

​La cerradura giró con un gemido metálico que pareció un suspiro del pasado. Al abrirse, no saltaron joyas ni oro. Dentro había una carpeta de cuero negro y una serie de bobinas de cinta magnetofónica.

​Julián abrió la carpeta. Eran las actas originales de la inspección de obra de 1974, firmadas por el padre de Garrido, donde admitía que el hormigón era defectuoso y que planeaba culpar al arquitecto Mateo Torres para cobrar el seguro y las subvenciones del Estado.

​—Es la confesión total —dijo Julián, con los ojos brillando de una forma que Elena nunca había visto—. Mi abuelo guardó las pruebas aquí, sabiendo que algún día alguien de su sangre las encontraría. No solo limpiamos mi nombre, Elena. Limpiamos la historia de nuestras familias.

​Julián dejó los papeles y atrajo a Elena hacia sí, envolviéndola en un abrazo que sabía a redención. En la penumbra del sótano, entre el polvo de décadas y el aroma al mar cercano, la besó con una pasión que era pura gratitud.

​—Mañana entramos en ese juzgado no para defendernos, sino para dictar sentencia —susurró él contra sus labios—. Gracias por traerme aquí, Elena. Gracias por no rendirte cuando yo era solo un náufrago.

​—Te quiero, Julián —respondió ella, escondiendo el rostro en su pecho—. Por el pasado, por el presente y por el pequeño que viene en camino.

​—¡Oigan! ¡Que esto está quedando épico en el directo! —interrumpió Tato, que estaba grabando la caja fuerte abierta—. ¡Ocho millones de visualizaciones, El hijo de Garrido debe estar haciendo las maletas para una isla sin tratado de extradición!

​Regresaron al taller cuando los primeros rayos del sol empezaban a teñir el cielo de rosa. Julián y Elena se sebtaron en el porche, viendo el amanecer. Julián mantenía su mano derecha sobre el vientre de Elena y la izquierda sosteniendo la carpeta que cambiaría sus vidas.

​Ya no había miedo. La estructura era perfecta. mañana no sería un día de juicio, sino el día en que San Lorenzo de los vientos recuperaría su honor. Y mientras el sol subía, Julián le hizo una última promesa:

​—Cuando todo esto pase, la Atalaya volverá a brillar. Y nuestro hijo o hija correrá por esos pasillos sabiendo que su padre y su madre construyeron un mundo donde la verdad siempre sale a la luz.

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✿.。.:* ☆𝙰𝚗𝚗𝚒𝚔𝚊✿.。.:* ☆:.
😌
Rositha🌹📝📚
Excelente 🙏🌷
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
muy buen cap 👏👏👏
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
yo quiero que sea niña
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
es cierto que la fertilidad aumenta luego del primer embarazo?
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
AAAAH 😱jajajaja el muchacho lo volvió a hacer, que linda familia, cada vez se hace más grande
Andrea
Adorable
🦋 Vαηυн ✨🦋
Bueno, yo no sabía que los colores se sentían incomprendidos 🤣🤣
🦋 Vαηυн ✨🦋
🤣🤣🤣🤣 Como sería el moco de trol?? 🤣🤣
yewein¥§
sexo no 🤕
yewein¥§
Cupido un poroto 😁🥵 quiero zexo ver🤧
yewein¥§
son iguales 🤓
yewein¥§
le gustó el nombre 😁
yewein¥§
son 2 gotas de agua
yewein¥§
encontraste tu alma gemela 🤓
yewein¥§
yo Cristian 😁
yewein¥§
que está lloviendo no sabía ☂️
yewein¥§
pobre universo siempre sale siendo acusado 🤓
yewein¥§
es la correcta embarazala😁
yewein¥§
que te den cómo cajón que no cierra🥵
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