Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Habitación 1
La habitación había quedado en silencio.
Un silencio distinto al de antes.
Más lento.
Más cálido.
Las respiraciones, aún un poco agitadas, se fueron calmando poco a poco, como si ambos estuvieran regresando a sí mismos después de haber cruzado un límite que ya no podía deshacerse.
Rachel, aún con el corazón latiendo con fuerza, tomó la manta y se cubrió ligeramente el cuerpo. No por vergüenza… sino por una necesidad instintiva de recogerse, de abrazarse a sí misma en medio de todo lo que acababa de ocurrir.
A su lado, Damian no se había apartado.
Su mano se movía con lentitud, casi distraída, dibujando círculos suaves sobre el brazo de Rachel. Un gesto inesperadamente tranquilo… casi íntimo de una forma distinta.
Rachel lo notó.
Y no dijo nada.
Solo lo sintió.
Pasaron unos segundos así.
En calma.
Hasta que él habló.
—Me haré responsable de todo.
Su voz fue baja.
Seria.
Rachel frunció levemente el ceño, girando apenas el rostro hacia él.
—¿Responsable…?
No entendía del todo.
Pero Damian sí.
Había visto lo suficiente.. la mancha de sangre en las sabanas..
Había sentido lo suficiente.. su cuerpo al recibirlo por primera vez..
Sabía que ella no había tenido esa experiencia antes.
Y en su mundo… eso tenía peso.
Importancia.
Consecuencias.
Pero cuando lo dijo… sonó distinto.
No como una promesa.
Sino casi como una obligación.
Como algo que.. debía hacer.
Rachel lo notó de inmediato.
—¿Es una obligación? —preguntó, mirándolo con atención.
Damian sostuvo su mirada unos segundos.
—No.. Pero es lo correcto.
Rachel lo observó en silencio.
Y entonces… sonrió.
Una sonrisa suave.
Pero firme.
Se inclinó un poco hacia él.
Y lo besó.
No con la intensidad de antes.
Sino con algo más sereno.
Más claro.
Cuando se separó, sus ojos seguían tranquilos.
—No tienes que preocuparte —dijo con suavidad.
Hizo una pequeña pausa.
—Soy una mujer adulta.
Sus palabras no temblaron.
No dudaron.
—Y no fui obligada a nada.
Sus dedos rozaron ligeramente la mano de él, apartándola con delicadeza, pero sin rechazo.
—Esto también fue mi decisión.
El silencio que siguió no fue incómodo.
Fue… honesto.
Rachel sostuvo su mirada un momento más.
—Así que.. asumo la responsabilidad de mis propios actos.
No había reproche en su voz.
Ni tensión.
Solo claridad.
Y, quizás por primera vez desde que se conocieron… no estaban enfrentándose.
Sino entendiéndose. De una forma inesperada..
Sin embargo, Damian no esperaba esa respuesta.
De hecho… lo dejó en silencio unos segundos.
La miró con más atención, como si intentara entenderla de verdad por primera vez.
—Aun así.. sería más sencillo si yo asumiera todo.
Su tono no era autoritario esta vez.
Era… práctico.
—Como hombre, puedo hacerlo. Evitaría problemas para usted.
Rachel lo observó.
Y esta vez no hubo molestia en su expresión.
Solo calma.
—¿Problemas? —repitió suavemente.
Se acomodó un poco bajo la manta, mirándolo con serenidad.
—¿Te refieres a mi reputación?
Damian no respondió de inmediato.
Pero no lo negó.
Rachel dejó escapar una pequeña sonrisa.
No burlona.
Sino… segura.
—Si alguien decide no aceptarme porque no soy “pura”… entonces no me casaré con esa persona.
Las palabras fueron simples.
Pero firmes.
Sin espacio para dudas.
Damian la miró, claramente sorprendido.
—No dependo de la aprobación de otros para decidir mi vida.
Su voz fue suave.
Pero tenía peso.
Mucho.
—No quiero un marido por obligación… ni por conveniencia.
Sus ojos no se apartaron de los de él.
—Y mucho menos uno que me elija por algo tan superficial.
El silencio que siguió fue distinto.
Más profundo.
Damian parecía querer decir algo.
Quizás responder.
Quizás discutir.
Pensó unos minutos que decir.. no quería reconocer que verla tan segura lo desarmaba y le gustaba, pero que también sentía culpa por todo lo sucedido..
Sin embargo, en ese momento… notó el cambio.
La respiración de Rachel se había vuelto más lenta.
Más regular.
Sus párpados… cerrados.
Se había quedado dormida.
Así. Sin más.
Después de todo.
Damian se quedó quieto.
Observándola.
Las marcas en su piel..
Ella tenia su olor..
Su esencia aun estaba entre sus piernas..
El leve desorden en su cabello..
La forma en que su cuerpo, antes tenso, ahora descansaba completamente.
Y algo en su expresión… se suavizó apenas.
Muy poco.
Pero lo suficiente.
[Se quedó dormida… así de tranquila.]
Exhaló despacio.
Y entonces llegó el dilema.
Miró hacia la puerta.
Luego de nuevo a ella.
[Si me voy… La dejo sola.]
Después de lo que pasó.
En un lugar desconocido.
Con peligro aún latente.
Frunció ligeramente el ceño.
[Pero si me quedo… La reputación de Rachel…]
se arruinaría por completo si alguien lo descubría.
No era un detalle menor.
No en ese mundo.
No en esa sociedad.
Damian pasó una mano por su cabello, pensativo.
Por primera vez desde que todo había comenzado… no tenía una decisión clara.
Se quedó allí unos segundos más.
Mirándola.
Debatiéndose en silencio.
Entre lo correcto.
Y lo que sentía que debía hacer.
Y, aunque no lo dijera en voz alta… algo dentro de él ya había cambiado.
Porque por primera vez… no estaba pensando solo como soldado.
Sino como alguien que… no quería dejarla sola.