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Ecos Del Destino

Ecos Del Destino

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno / Reencarnación
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Thanan

Monserrat Bellini vive una vida perfecta en Italia: riqueza, prestigio y un futuro asegurado. Pero dentro de ella existe un vacío imposible de llenar… y sueños que la hacen despertar llorando por un amor que no recuerda haber vivido.

Todo cambia cuando conoce a Dorian D’Angelo, el hombre que todos le dicen debería odiar.

Entre ellos nace una conexión inexplicable, intensa y peligrosa, como si sus almas se reconocieran desde siempre.

Sin embargo, cada vez que intentan acercarse, algo —o alguien— parece empeñado en separarlos.

Mientras fragmentos de un pasado olvidado emergen, Monserrat descubrirá que algunas historias no terminan con la muerte… y que el amor verdadero puede desafiar incluso al destino.

Porque hay amores que regresan.

Y destinos que nunca dejan de perseguirnos.

NovelToon tiene autorización de Thanan para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: El quiebre

El mundo se inclinó cuando apoyó la mano en la pared del pasillo.

Monserrat sintió la piedra fría bajo la palma, el roce áspero contra la piel. La sostuvo un momento, esperando a que el suelo dejara de moverse. No lo hizo del todo, pero ya no importaba.

Sabía adónde tenía que ir.

Su cuerpo lo sabía, aunque su mente estuviera llena de niebla.

El edificio de Dorian estaba a veinte minutos caminando desde el bar donde había empezado la noche. No recordaba haber salido del bar. No recordaba haber decidido venir.

Solo recordaba el vaso frente a ella.

El hielo derritiéndose.

El artículo de Aurora Santini abierto en el teléfono que ya no tenía en la mano.

No recordaba dónde lo había dejado.

Tampoco importaba.

Caminó.

Las calles de Florencia pasaban como imágenes sueltas: un escaparate iluminado, un perro atado a una farola que la miró sin ladrar, un grupo de turistas riendo en una esquina.

Todo lejano.

Todo irreal.

Lo único real era el nombre que golpeaba sus costillas con cada paso.

Dorian.

Dorian.

Dorian.

El edificio era de cristal y acero. Lo había visto una vez, de día, cuando fue a la reunión.

Ahora, de noche, las luces de los apartamentos se encendían y apagaban en una coreografía que no significaba nada.

Contó los pisos sin pensar.

Treinta y uno.

El suyo estaba arriba.

El portero la miró cuando entró. No dijo nada. Quizá la reconoció. Quizá no.

Monserrat cruzó el vestíbulo con paso firme, aunque el suelo seguía moviéndose bajo sus pies.

El ascensor.

El botón.

Las puertas cerrándose.

El espejo.

Se miró.

El pelo revuelto.

Los ojos demasiado brillantes.

La boca ligeramente entreabierta.

No supo quién era esa mujer.

Solo supo que había llegado hasta aquí. Que no podía dar media vuelta. Que, si lo intentaba, el cuerpo no la obedecería.

Las puertas se abrieron.

El pasillo era largo, iluminado por luces tenues que marcaban el camino hacia una única puerta al fondo.

Monserrat caminó.

Cada paso resonaba en el silencio.

Cuando llegó, extendió la mano y tocó el timbre.

Una vez.

Dos veces.

El silencio después del segundo timbre fue tan denso que pensó que no había nadie.

Apoyó la frente contra la madera.

Fría.

Como la pared del pasillo.

Como todo.

La puerta se abrió.

Él estaba ahí.

Llevaba la misma ropa de la inauguración, pero sin corbata. El cuello de la camisa abierto. El pelo ligeramente despeinado.

Como si hubiera estado esperando.

Como si supiera.

—Monserrat.

Solo su nombre.

Las piernas dejaron de sostenerla.

—Te odio.

Las palabras salieron antes de que pudiera pensarlas.

Él no se movió.

La miró con esa intensidad que siempre tenía, la que ella no sabía clasificar, la que llevaba meses sin poder olvidar.

—Te odio —repitió—. Por meterte. Por aparecer. Por hacerme…

No terminó la frase.

No porque no supiera cómo, sino porque las palabras se atascaban en la garganta, en el nudo que llevaba semanas creciendo y que ahora, frente a él, amenazaba con deshacerse.

—Tenía una vida —dijo en voz más baja—. Era perfecta. No pedía nada.

Él no respondió.

—Y llegaste tú. Y ahora…

Hizo un gesto vago, sin dirección, que abarcaba todo: la calle, la noche, el artículo, el anillo en su dedo, el vacío antiguo que él llenaba sin saberlo.

—Ahora no sé quién soy.

El silencio se instaló entre ellos.

Largo.

Pesado.

—Quiero creerles —dijo ella—. A los del artículo. Quiero que sea verdad. Que seas todo lo que dicen.

Tragó saliva.

—Para tener una razón. Para poder alejarme.

Él la miró un instante.

Luego, despacio, dio un paso atrás y abrió la puerta del todo.

—Entra.

No era una orden.

Era una invitación.

La primera que no exigía nada a cambio.

Ella entró.

El apartamento era grande, casi vacío, con ventanales que mostraban Florencia extendida abajo.

La ciudad en miniatura.

Luces que parpadeaban sin saber que ella estaba ahí, tambaleándose en medio de la sala, con los brazos pegados al cuerpo y la respiración entrecortada.

Él cerró la puerta.

El sonido del cerrojo fue tan definitivo que ella contuvo el aire.

—No puedo —dijo, sin volverse—. No puedo alejarme.

Su voz se quebró.

—Lo he intentado. He hecho todo lo que se supone que debía hacer.

Silencio.

—Y no puedo.

Detrás de ella, la voz de él llegó baja.

—¿Qué quieres que haga?

Monserrat se volvió.

Él estaba a unos metros.

La luz de la ciudad entraba por los ventanales, iluminándolo desde atrás y dejando su rostro en sombra.

Los brazos caídos a los costados.

El pecho quieto.

La espera.

Igual que la primera vez.

Igual que siempre.

Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.

—Bésame.

No sabía de dónde habían salido.

No las había planeado.

No las había pensado.

Pero estaban ahí, ocupando el espacio entre ellos como algo que siempre había existido.

Él no se movió.

—Bésame —repitió—. Y si después de eso sigues siendo el del artículo…

Su voz tembló apenas.

—Podré odiarte. Podré irme.

Él siguió inmóvil.

Monserrat dio un paso hacia él.

Luego otro.

Hasta quedar tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo. El aire que él movía al respirar.

—Por favor —susurró.

Y lo besó.

Fue torpe al principio.

Sus labios encontraron los de él sin la certeza de que él fuera a responder.

Eran labios quietos. Pacientes.

No devolvían el beso, pero tampoco se apartaban.

Sintió la textura.

El calor mínimo.

La inmovilidad de alguien que espera.

Un segundo.

Dos.

Monserrat empezó a retirarse.

Error.

Vergüenza.

El vacío volverá.

Y entonces el pecho de él se expandió contra ella.

Una inhalación profunda que pareció durar vidas enteras.

Después movió las manos.

La sostuvo por la nuca.

Sus dedos se enredaron en su cabello, firmes pero sin violencia, y la atrajeron de vuelta.

No con prisa.

Con la certeza de quien ha esperado demasiado tiempo y ya no necesita esperar más.

Cuando sus labios se encontraron de nuevo, todo cambió.

No era el mismo beso.

Era más hondo.

Más lento.

Como si él conociera la forma exacta de su boca. El punto donde presionar para que ella olvidara respirar. El ritmo que hacía que su cuerpo, por primera vez en meses, dejara de temblar.

Monserrat sintió las manos de él en su espalda.

Grandes.

Cálidas.

La sostenían como si pesara menos de lo que pesaba. Como si fuera frágil y valiosa al mismo tiempo.

Una de ellas subió hasta su nuca otra vez.

La otra se posó en la curva de su cintura.

Y ella se derrumbó contra él sin resistencia.

El mundo desapareció.

Florencia, allá abajo, con sus luces y sus calles y su vida ordenada, dejó de existir.

El artículo.

El anillo.

La culpa.

Todo se desvaneció en el calor de ese beso, en la forma en que la boca de él se movía contra la suya con una paciencia que no era de este mundo.

Ella se aferró a su camisa.

Los nudillos blancos.

La tela arrugándose entre sus dedos.

Necesitaba algo a lo que agarrarse porque el suelo ya no estaba.

Porque el apartamento ya no estaba.

Porque no había nada más que ese beso y el latido de su corazón golpeándole las costillas.

Cuando él se separó apenas, lo justo para respirar, el aire frío se coló entre sus labios.

Monserrat abrió los ojos.

Él la miraba desde muy cerca.

Sus ojos, en la penumbra, tenían esa expresión que ella nunca había podido nombrar.

Pero ahora, después del beso, algo en ella empezaba a entenderla.

—Monserrat —dijo.

Su voz era un susurro que le recorrió la columna.

Ella no respondió.

No podía.

Las palabras no existían para esto.

Solo volvió a besarlo.

Y esta vez fue ella quien lo buscó con desesperación.

Quien enredó los dedos en su cabello.

Quien apretó el cuerpo contra el de él como si quisiera fundirse, desaparecer, dejar de ser Monserrat Bellini y convertirse en esto:

Calor.

Latidos.

Labios que encontraban los de él con una memoria que no era de esta vida.

Él la sostuvo.

Siempre la sostuvo.

Cuando el beso terminó —porque los besos siempre terminan, aunque duela—, ella apoyó la frente en su pecho.

Respiró hondo.

El olor de él llenaba el aire.

Algo limpio.

Algo cálido.

Algo que su cuerpo reconocía sin haberlo olido nunca.

—No puedo odiarte —dijo contra su camisa.

Él no respondió.

Pero su mano, en su nuca, apretó apenas.

Una presión mínima.

Lo suficiente para que ella supiera que la había oído.

—No puedo —repitió.

Y mientras lo decía, mientras sentía el latido de él bajo su mejilla —ese ritmo constante que marcaba el tiempo de los dos—, supo que ya no había vuelta atrás.

No desde ese beso.

No desde antes.

Quizá…

Desde siempre.

La mano de él siguió allí, en su nuca.

Caliente.

Firme.

Monserrat cerró los ojos.

Florencia, abajo, seguía encendida.

Pero ella ya no estaba allí.

1
Grace S.
Buenísimo!
Melany Taberas
Estoy embobada que no puedo parar de leer, es una obra de arte como todas tus novelas, simplemente magnífica.
annix
no entendí el final.
annix
bien
Grakavame
está muy bonita 😍😍😍 pero yo pienso que ya deben avanzar los personajes principales ya va por el 22 y nada . si son de vidas pasadas por lo menos ella debería ya sentir amor quizás de querer buscarlo.
bueno esa es mi opinión igual está muy hermosa la novela 🥰
Xoo Moon
no se.por que pero la.trama esta muy lenta y no atrapa
GALATEA CORAZÓN ❤️🇨🇴🇨🇴❤️
Ellos son novios, creo que no viven juntos, pero si duermen juntos algunas veces, o sea tienen intimidad. Entonces
por qué siempre la besa en la mejilla? 🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴
annix
muy lenta repite casi lo mismo en cada capítulo.
Lorena del pilar Fritz Torres
lenta lenta la historia, nada memorable hasta el capítulo 15
annix
cada cuando salen los capítulos me.enganche
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