PRIMER LIBRO DE LA SAGA.
Luciana reencarna en el cuerpo de Abigail una emperatriz odiada por su esposo y maltratada por sus concubinas.
Orden de la saga
Libro número 1:
No seré la patética villana.
Libro número 2:
La Emperatriz y sus Concubinos.
Libró número 3:
La madre de los villanos.
( Para leer este libro y entender todos los personajes, hay que leer estos dos anteriores y Reencarne en la emperatriz divorciada.
Reencarne en el personaje secundario.)
Libro número 4:
Mis hijos son los villanos.
Libro número 5:
Érase una vez.
Libro número 6:
La villana contraataca.
Libró número 7:
De villana a semi diosa.
Libro extra:
Más allá del tiempo.
Libro extra 2:
La reina del Inframundo.
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Capitulo 23
Al llegar a la habitación del emperador, Steven la atrajo hacia sí y la besó con fuerza, sin darle tiempo a reaccionar.
—Espera un momento —dijo Abigaíl, separándose un poco—. Quiero dejarte dos cosas claras. La primera: tú y yo seguimos igual. Y la segunda: esto es solo sexo, ¿de acuerdo?
—Está bien —respondió Steven con una sonrisa torcida—. Pero no dejaré de insistir.
Antes de que pudiera ponerse cursi, Abigaíl lo tomó del cuello y lo besó nuevamente. Steven correspondió con entusiasmo, guiándola hacia la cama. Rompió el beso para bajar a su cuello.
—No sabes cuánto deseé esto, cariño —susurró entre besos.
Ella deslizó la mano hacia su entrepierna, y al notar su evidente excitación, murmuró con picardía:
—Eso parece… mmm.
Steven gruñó, bajando sus labios hasta sus pechos. Con una mano liberó uno de ellos, acariciándolo con devoción.
—Dime que te gusta —le pidió con voz ronca.
—Sorpréndeme… hazme lo que quieras, nene.
No pudo terminar la frase; Steven ya estaba devorando sus senos con ansias. Abigaíl lo observó un instante, fascinada, antes de tomar el control y empujarlo hacia la cama. Él cayó sentado, curioso por sus movimientos. Ella se arrodilló entre sus piernas y, al ver su expresión, sonrió antes de liberarlo.
—Estás muy ansioso, cariño… ¿quieres que te ayude?
—Nena… por favor, no me tortures…
Sus palabras quedaron atrapadas en su garganta cuando Abigaíl lo tomó entre sus labios. Steven se aferró a su cabello, guiándola con fuerza, perdiéndose en la sensación.
—Lo haces… excelente —jadeó, con la mirada fija en sus ojos húmedos.
Solo bastaron un par de embestidas más para que se derramara en su garganta. Abigaíl se limpió la comisura de los labios y se puso de pie con elegancia.
—Ahora es mi turno, cariño —susurró, dejando caer su vestido con un solo movimiento.
—¿No llevas ropa interior? —preguntó él, deslumbrado.
—Me resulta incómoda —respondió, empujándolo de nuevo y subiendo a horcajadas sobre él. Gateó hasta llegar a su rostro y, tomándolo del cabello, lo acercó a su intimidad—. Quiero que me lo comas completo.
Steven asintió, complaciéndola sin dudar. Con su lengua trazó círculos que la estremecieron, y mientras ella jadeaba, él introdujo un dedo dentro de ella.
—¿Así te gusta, nena?
—Shhh… no pares…
Llegó al clímax poco después. Sin darle respiro, Steven la giró con facilidad y la colocó de espaldas, penetrándola desde atrás con fuerza.
—Espera… ah…
—No puedo esperar más… hoy vas a ser solo mía.
La tomó de los brazos, levantándola en el aire mientras se movía dentro de ella con intensidad. Abigaíl jadeaba sin control.
—¿Esto te gusta?
—Sí… no pares…
Una nalgada le arrancó otro gemido. Steven aumentó el ritmo, y cuando sintió sus paredes contraerse, buscó su punto más sensible con la mano.
—Quiero que te vengas para mí, nena…
Y ella obedeció, dejándose llevar por otra oleada de placer. Steven cambió de posición sin darle tregua y volvió a entrar en ella por detrás.
—Espero que no tengas nada importante que hacer hoy… porque no pienso dejarte ir hasta que me canse de hacerte mía.
—Sigue… no pares… ah…
Solo se oían sus gemidos, el sonido de la piel chocando, las respiraciones entrecortadas… Steven se sentía eufórico. No solo estaba con la mujer que lo obsesionaba desde hacía meses, sino que ella lo deseaba tanto como él a ella.
Mientras tanto, en el harén, los concubinos esperaban para cenar como cada noche, pero la emperatriz no aparecía. Norma entró con cierta prisa.
—Disculpen, caballeros. Su majestad no vendrá esta noche. Pueden empezar sin ella.
—¿Le ocurrió algo? ¿Se siente mal? —preguntó Calixto.
Norma vaciló—. No se encuentra disponible.
—¿A esta hora? ¿Dónde está? —insistió Gustavo.
—No estoy autorizada a decirlo —intentó marcharse, pero Bruno la detuvo.
—Por favor, díganos la verdad.
—Me pone en un compromiso…
—Déjala —intervino Stefan—. Yo sé dónde está.
Norma aprovechó para irse rápidamente.
—Con el emperador —dijo Stefan con evidente enojo.
—¿Estás hablando en serio? —preguntó Mateo.
—Esta tarde los vi salir de la oficina… tomados de la mano.
—Esto debe ser una broma —murmuró Calixto.
—Es su esposo —dijo Diego con resignación—. Tarde o temprano iba a pasar.
—Después de todo lo que dijo… —bufó Gustavo.
—Sabía que aún sentía algo por ese infeliz —dijo Bruno, frustrado.
—Con permiso… perdí el apetito —murmuró Damon, levantándose.
Uno a uno, los concubinos abandonaron la sala, heridos en su orgullo y dolidos por la ausencia de la emperatriz.
entonces es Bastian Stone Ajax 🤷🏻♀️
es un promiscuo 🤮