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EL DESCONOCIDO EN MI ALMOHADA

EL DESCONOCIDO EN MI ALMOHADA

Status: Terminada
Genre:Fantasía épica / Mundo de fantasía / Viaje a un mundo de fantasía / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

El Desconocido de mi Almohada es una historia de amor, misterio y autodescubrimiento que te hará cuestionar los límites entre la realidad y la fantasía.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 16

La mañana siguiente al sabotaje de Busan, la oficina de Han-Guk se sentía como una zona de guerra después del alto el fuego. Había una calma tensa, el tipo de silencio que precede a una auditoría o a un despido masivo. Yo estaba sentada en mi sitio, con mi cuaderno de coreano escondido bajo un informe de métricas digitales, intentando que mi cara no reflejara que había dormido apenas cuatro horas abrazada al hombre más poderoso de la planta.

Min-ho no pasó por mi mesa. Ni siquiera me envió un mensaje. El "Director Kang" había vuelto con toda su artillería pesada. Lo veía a través del cristal de su despacho, moviéndose como un tiburón en un acuario, dando órdenes cortantes a un equipo de técnicos que parecían haber envejecido diez años en una sola noche.

—Valeria, el análisis de competencia —dijo una voz a mi espalda.

Era Ji-soo, una de las analistas junior. Era la única que se atrevía a hablarme sin parecer que estaba pidiendo permiso para respirar. Tenía los ojos fijos en mi cuaderno de idiomas que asomaba por un lado.

—¿Estás aprendiendo hangul? —preguntó en voz baja, con una sonrisa curiosa.

—Intento no ser una analfabeta total en este país —respondí, devolviéndole la sonrisa.

—Es difícil. Pero si quieres un consejo... no dejes que el Director Kang vea que te distraes. Está de un humor de perros. Dicen que alguien filtró las contraseñas de los servidores a la competencia.

Se me heló la sangre. ¿Filtración? Eso no era un error técnico; era una traición.

—¿Quién querría hundir el proyecto? —pregunté, bajando la voz.

Ji-soo miró hacia el despacho de Min-ho y luego hacia la otra punta de la planta, donde se encontraba la oficina del Vicepresidente Park, un hombre canoso que siempre me miraba como si yo fuera una mancha de grasa en su traje de seda.

—Park nunca quiso este proyecto. Él prefiere la tecnología militar, no las "conexiones emocionales" de las que tú hablas. Ten cuidado, Valeria. Aquí las paredes tienen oídos y los ascensores tienen ojos.

Me pasé el resto del día con una sensación de paranoia que no me dejaba respirar. Cada vez que alguien pasaba por mi lado, sentía que me evaluaban. ¿Era yo la "debilidad" de Min-ho? ¿Era yo el flanco por donde iban a atacarlo?

A las siete de la tarde, cuando la mayoría ya se había ido a cenar —o a fingir que trabajaban hasta tarde para impresionar a sus jefes—, mi teléfono vibró.

Min-ho: "Sal del edificio por la puerta de carga. Mi coche está a la vuelta. No hagas preguntas".

Fruncí el ceño. ¿Puerta de carga? Esto parecía una película de espías barata. Pero obedecí. Salí por el muelle de carga, esquivando camiones que traían suministros de oficina, y encontré el sedán negro en una callejuela oscura.

Entré rápido. Min-ho no llevaba corbata y tenía la mirada perdida en el volante.

—¿Qué pasa? ¿Por qué tanto secreto? —pregunté, abrochándome el cinturón.

—Park ha puesto cámaras nuevas en el parking. No quiero que nos vean salir juntos todos los días. No todavía. Hay demasiada gente esperando que cometa un error para invalidar mi criterio sobre el proyecto.

—Me siento como si estuviéramos cometiendo un crimen, Min-ho.

—En este mundo, sentir algo es un crimen —respondió él, arrancando el coche—. Vamos a mi casa. He pedido comida. No quiero estar en un restaurante donde alguien pueda reconocer mi voz.

El apartamento de Min-ho estaba en una de las torres más exclusivas de Hannam-dong, una zona donde viven los diplomáticos y los herederos de los chaebols. Al entrar, me quedé sin habla. No era una casa; era un museo a la soledad. Paredes de hormigón visto, muebles de diseño italiano en tonos grises y negros, y un ventanal que ocupaba toda una pared, ofreciendo una vista del río Han que costaba más que toda mi vida en Madrid.

No había fotos. No había plantas. No había rastro de que alguien viviera allí realmente, aparte de un par de botellas de agua mineral en la encimera de mármol.

—Es... impresionante —dije, dejando mi bolso en un taburete.

—Es funcional —corrigió él, yendo hacia la cocina para recoger las bolsas de comida que acababan de traer—. Siéntate, Valeria. He pedido japchae y bulgogi. Pensé que te gustaría algo más tradicional que la pasta de anoche.

Comimos en la isla de la cocina, casi en silencio. La tensión de la oficina seguía flotando entre nosotros. Lo miré mientras comía; sus movimientos eran precisos, elegantes, pero sus ojos seguían en Busan o en la junta directiva.

—Ji-soo dice que creen que fue una filtración —solté de repente.

Min-ho dejó los palillos. Sus hombros se tensaron.

—Ji-soo habla demasiado. Pero sí, fue una filtración. Park está moviendo sus hilos. Quiere demostrar que mi sistema es vulnerable porque está basado en "intuición" y no en protocolos rígidos de seguridad.

—Él me odia, ¿verdad?

—Él no te odia, Valeria. Tú no existes para él. Eres solo una herramienta que yo he traído de fuera. Si te rompe, me rompe a mí. Y eso es lo único que le importa.

Me levanté y caminé hacia el ventanal. Desde allí arriba, Seúl parecía una placa base gigante, llena de circuitos de luz. Sentí una tristeza repentina. Había dejado a Marcos, había dejado mi casa cálida y desordenada en Madrid por este palacio de cristal donde el amor se sentía como una estrategia de guerra.

—¿Alguna vez te sientes solo aquí? —pregunté, sin girarme.

Sentí que él se acercaba. Su presencia era como una fuente de calor en medio del hormigón frío. Puso sus manos sobre mis hombros y me hizo girar para que lo mirara.

—Me sentía solo cada segundo de cada día hasta que entraste en mi despacho con ese informe de marketing que no tenía ni un solo número bien puesto —dijo, con una sonrisa que por fin llegó a sus ojos.

—¡Oye! Los números estaban bien —protesté, riendo un poco.

—Estaban fatal. Pero lo que decías sobre la soledad de los usuarios... eso era lo que yo sentía. Valeria, este apartamento siempre ha sido mi fortaleza. Nadie ha entrado aquí en tres años. Ni mi asistente, ni mi familia. Nadie.

Se acercó más, invadiendo mi espacio personal. Su olor, esa mezcla de madera y oficina, me mareó un poco.

—Traerte aquí es mi forma de decirte que ya no quiero estar solo en la fortaleza. Pero tienes que entender que, a partir de ahora, todo será más difícil. Park va a ir por ti. Va a buscar en tu pasado, va a buscar fallos en tu trabajo.

—Que busque —dije, rodeando su cuello con mis brazos—. No tengo nada que ocultar. Bueno, aparte de que sigo soñando contigo incluso cuando estás despierto.

Min-ho me besó. Fue un beso diferente al del coche. No tenía la desesperación del miedo, sino la calma de la pertenencia. Me llevó hacia el sofá de cuero y nos quedamos allí, abrazados, mirando las luces de la ciudad. Por un momento, el Director Kang y la Consultora Valeria desaparecieron. Solo éramos dos personas asustadas intentando construir algo sólido en un mundo de humo.

—¿Qué fue de la foto? —pregunté en un susurro, rompiendo el silencio—. La de la playa.

—La he puesto en mi mesilla —confesó él—. Todas las mañanas la miro y me recuerdo que no siempre fui este hombre de hielo. Me ayuda a recordar por qué vale la pena luchar por este proyecto. Y por ti.

Pasamos la noche hablando. No de trabajo, ni de Park, ni de servidores. Me contó historias de su infancia, de cómo su madre le cantaba canciones que él ya casi ha olvidado. Yo le hablé de Madrid, del olor de las castañas asadas en la Gran Vía y de cómo mi madre se pondría furiosa si supiera que estoy saliendo con mi jefe.

—Es una falta de ética profesional gravísima —bromeó él, acariciando mi mano.

—Lo sé. Pero las mejores cosas de la vida suelen ser un poco poco éticas, ¿no crees?

Me quedé a dormir en su casa. Su cama era enorme, con sábanas que olían a él. Dormir a su lado fue diferente a cualquier sueño. No había playas de arena negra, solo el sonido de su respiración y el peso reconfortante de su brazo sobre mi cintura.

Sin embargo, el sueño volvió en la madrugada.

Esta vez, estaba en el apartamento, pero no había muebles. Solo el ventanal. Fuera, en lugar de Seúl, estaba el vacío. Y en el cristal, mi reflejo no era el mío. Era la mujer de la foto, la madre de Min-ho. Me miraba con una advertencia en los ojos.

—No dejes que el cristal lo devore —dijo su voz, que sonaba como el cristal rompiéndose—. El éxito en esta ciudad se paga con pedazos de alma. No dejes que se convierta en lo que ellos quieren.

Me desperté de golpe, sudando. Min-ho seguía durmiendo plácidamente a mi lado. Me levanté con cuidado y fui al ventanal real. Seúl empezaba a despertar bajo una bruma azulada. Miré mi reflejo en el cristal y, por un segundo, me dio miedo no reconocerme.

Estaba en la fortaleza de cristal. Estaba con el hombre que amaba. Pero la advertencia del sueño seguía vibrando en mi pecho. Park no era el único enemigo; el enemigo era la propia ciudad, que exigía que Min-ho fuera una máquina para sobrevivir.

Regresé a la cama y me acurruqué contra él.

—No dejaré que te devoren —susurré contra su espalda.

. Teníamos una alianza real, un refugio en el piso 25. Pero al salir de allí para ir a la oficina, tendríamos que volver a ponernos las armaduras. Y yo sabía que, fuera de esas paredes, Park ya estaba moviendo su siguiente pieza.

Lo que no sabía era que esa pieza tenía nombre y apellidos, y que estaba a punto de llegar desde el pasado de Min-ho para poner a prueba todo lo que creíamos haber construido.

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The Wolf 🥀🐺🍃
una historia que se parece a mi vida mi ....me pasó lo mismo con mi ahora esposo y dejé de soñarlo cuando xfin lo conocí y extrañaba a el chico de mi sueños 😭😭....veamos k pasa .
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