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Furtiva Atracción. Ella Puso Las Reglas, Él Las Rompió.

Furtiva Atracción. Ella Puso Las Reglas, Él Las Rompió.

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Romance de oficina
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: @ngel@zul

Valeria Álvarez ha hecho de su vida una fortaleza llena de éxitos.
Arquitecta consagrada, brillante y dueña absoluta de su vida, vive bajo una única norma: nada que la ate, nada que la distraiga, nada que comprometa la libertad que tanto le costó ganar. Sus noches pueden ser intensas, pero siempre breves; su corazón, innegociablemente cerrado.
Hasta que, en una de esas noches sin nombre, un desconocido la hace perder el control que tanto presume dominar.
Un beso que incendia.
Un toque que desarma.
Una decisión impulsiva que no quiere repetir… ni olvidar.
Lo último que espera es verlo entrar a su estudio días después.
Mucho menos descubrir que es su nuevo asistente.
Impuesto. Inamovible.
E hijo de uno de sus inversores más poderosos.
Él es joven, talentoso y peligrosamente seguro de lo que quiere: a ella.
Valeria se aferra a sus límites, a su experiencia, a su distancia.
Pero cada mirada pesa, cada roce la contradice, cada discusión los acerca más de lo que deberían.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La mayor victoria

El despacho, antes un santuario de orden y pulcritud geométrica, se transformó en un espacio donde el tiempo parecía haberse curvado. El beso de Tomás no era una pregunta, era una sentencia que Valeria ya no tenía fuerzas para apelar. La resistencia que ella había cultivado durante años, ese hormigón armado de disciplina y control, estaba siendo demolida por la calidez de unas manos que la conocían mejor que ella misma.

​Tomás la estrechó contra su cuerpo con una intensidad que le robó el aliento. Sus dedos se hundieron en la tela rígida del traje gris de Valeria, despojándola de la armadura que ella tanto se había esmerado en abrochar esa mañana. El contraste era abrumador: la frialdad del cristal del despacho a sus espaldas y el fuego líquido que emanaba de él. Valeria sintió que sus rodillas flaqueaban, no por debilidad, sino por el peso de una verdad que ya no podía sostener. Sus manos, que siempre dibujaban líneas rectas y precisas, ahora se perdían en el cabello de Tomás, buscando desesperadamente el contacto piel con piel.

​Él se apartó apenas unos milímetros, lo justo para que sus labios rozaran los de ella con cada palabra.

​—Tus reglas ya no sirven, Valeria —susurró él, su voz era un murmullo profundo que vibraba en el pecho de la arquitecta—. Este es el único plano que importa ahora. El de tu piel.

​Con una lentitud que bordeaba la tortura, las manos de Tomás descendieron hacia los botones del traje sastre. Cada botón que cedía era una barrera que caía. Valeria sentía el roce de los nudillos de él contra su esternón, una caricia eléctrica que la hacía estremecer de forma incontrolable. Cuando la chaqueta cayó finalmente al suelo, Tomás comenzó a desabrochar la blusa de seda, besando cada centímetro de piel que iba quedando al descubierto. El cuello, la clavícula, el inicio de sus senos.

​Valeria dejó escapar un jadeo bajo, un sonido que jamás se habría permitido en horas de oficina, un sonido que era puro instinto. Pero cuando sintió el aire fresco de la estancia sobre su piel desnuda al quedar solo en lencería, un destello de la antigua Valeria, la mujer precavida y racional, intentó emerger a la superficie. Sus manos se posaron sobre los hombros de Tomás, deteniendo por un instante su avance.

​—Tomás... espera —dijo ella, con la voz quebrada y la respiración errática—. Alguien... alguien podría entrar... si nos ven, si la puerta se abre...

​Tomás no se apartó. En cambio, hundió el rostro en la curva de su cuello, aspirando el aroma cítrico que ahora se mezclaba con el calor de la excitación. Su mano subió suavemente hasta su mejilla, obligándola a mirarlo a los ojos.

​—La puerta está cerrada con seguro, las cortinas están cerradas, Valeria —respondió él con una seguridad que la desarmó—. Te prometo que nadie va a interrumpir esto. El mundo exterior dejó de existir en el momento en que puse un pie en este despacho. Solo estamos tú, yo y este deseo que te empeñas en negar.

​Valeria lo miró, y por primera vez en su vida, decidió no pensar en las consecuencias. No pensó en Samuel, no pensó en el prestigio de la firma, ni en la fragilidad de su carrera. Se entregó a la sensación de ser deseada no como una profesional infalible, sino como una mujer de carne y hueso.

​—Demuéstramelo —susurró ella, casi como un desafío, entregándose por completo.

​Tomás la levantó con una facilidad asombrosa y la sentó sobre el escritorio de madera de roble, desplazando planos y carpetas que cayeron al suelo sin importancia. El desorden era una metáfora de su estado actual. Él se situó entre sus piernas, y Valeria lo envolvió con ellas, atrayéndolo hacia sí con una urgencia que la sorprendió.

​Él comenzó a recorrer su cuerpo con una devoción casi religiosa. Sus manos, expertas en acariciar las texturas de la vida, se deleitaban en la suavidad de la piel de Valeria. Cada vez que sus labios encontraban un punto sensible, ella reaccionaba con un temblor que recorría toda su columna. Los gemidos de Valeria, contenidos durante tanto tiempo tras una máscara de frialdad, empezaron a llenar el silencio del despacho, convirtiéndose en la música de su entrega.

​—Mírame —le pidió él mientras terminaba de despojarla de las últimas prendas con una delicadeza que contrastaba con la pasión de sus ojos—. No puedes decir que esto no es real.

​Valeria abrió los ojos y lo vio. Vio la adoración en la mirada de Tomás, pero también la chispa de un hombre que había ganado una batalla que ella pensaba imbatible. Cuando al ropa dejó de ser un estorbo, el tiempo se detuvo. No era solo un acto físico; era una colisión de voluntades. Valeria sintió que cada una de las palabras apasionadas que él le dedicaba —promesas de fuego, confesiones de una obsesión que ya no intentaba ocultar— se filtraban por sus poros.

​Ella respondía con gestos desesperados, buscando el calor de su piel, enterrando sus uñas en la espalda de él como si temiera que, de soltarlo, todo el edificio se desmoronara. El placer era una ola que la golpeaba una y otra vez, arrastrando consigo cualquier rastro de la mujer gélida que solía ser. En sus oídos, las palabras de Tomás eran un mantra: "Mía", "Siempre fuiste mía", "Deja de luchar".

​Y ella dejó de luchar. Se permitió sentir el peso de él, la fuerza de sus movimientos, la manera en que sus respiraciones se sincronizaban hasta ser una sola. El sudor brillaba en sus cuerpos, y el aroma del deseo se volvió denso, embriagador. Valeria cerró los ojos y se dejó llevar por la marea, permitiendo que Tomás le hiciera el amor en el corazón mismo del imperio que ella tanto respetaba, demostrándole que, aunque sus labios hubieran intentado mentir por orgullo, su cuerpo siempre había conocido la verdad.

​El clímax llegó como un estallido de luz en medio de la penumbra del despacho. Tomás se encargó de callar el grito de liberación besándola, mientras ella se aferraba a él como a un naufrago en medio de la tormenta. Durante esos segundos, no hubo arquitecta, ni asistente, ni jerarquías, ni pasado. Solo hubo una conexión tan visceral que les quitó el habla.

​Cuando finalmente la intensidad comenzó a descender, Tomás no se alejó. La mantuvo contra su pecho, dejando que sus pulsaciones volvieran a la normalidad al unísono. Valeria apoyó la cabeza en su hombro, sintiendo el aroma a madera y papel que tanto la había perturbado esa mañana. El silencio en el despacho ya no era tenso, era un silencio cómplice, cargado de la electricidad estática que deja un rayo tras de sí.

​—Me has roto —susurró ella, sin amargura, casi con alivio.

​Tomás le besó la frente, apartando un mechón de cabello húmedo de su rostro.

​—No te he roto, Valeria —corrigió él en voz baja—. Te he liberado de tu propia prisión. Ahora puedes empezar a construir algo real.

​Ella miró a su alrededor. El despacho estaba hecho un caos. Planos esparcidos por el suelo, su ropa tirada sin cuidado, el bolígrafo de plata que tanto apreciaba bajo una silla. Pero, por primera vez, el desorden no le molestaba. Al contrario, le recordaba que estaba viva, que era capaz de sentir más allá de los cálculos y las estructuras. Sabía que al otro lado de esa puerta con seguro, el mundo seguía girando y las consecuencias la esperarían, pero por ese instante, la rendición había sido su mayor victoria.

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Marshaan Sanchez
cada día es mejor cada capítulo es ese amor que redime que libera excelente como vas hilando cada momento de ellos y como el le muestra que existe y es una realidad mil gracias por regalarnos tu talento y tiempo
Marshaan Sanchez
lo que siempre e comentado de esta gran escrictora es excelente magnífica y su novela cada uno sevan superando y su nombre es un referente para leer por es una apuesta segura y un éxito yo amo cada novela de ella y la recomiendo
Marshaan Sanchez
oh mi señor que tremendo capítulo y sus descripción impecable 💘me dijo exhausta jajajaja 🤪😂
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥❤️❤️❤️
Marshaan Sanchez
jajajaja está a punto de un Yeyo 🤣😂 tremendo colágeno y lo mejor ya había probado 🤣😜💘
Marshaan Sanchez
estoy más que encantada tengo mis antenas osea mi imaginación a mil y está parejita promete muchaaaaa emoción 💘
Nairobis Cardozo Portillo
Valeria estás perdida te gusta mucho y esas reglas no te sirven de nada
Mariela Alejandra Gonzalez
hay te pico el bichito!!!🤣
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Tremenda sorpresa Valeria 🤭
Renata R.
😱 = 👶🏻👶🏻
Carola Videla 😈🇦🇷
me gusta la protagonista, aunque es muy cerrada
Nairobis Cardozo Portillo
Y tú asistente es nada menos que el bizcocho del fin de semana
Nairobis Cardozo Portillo
Te llevarás una sorpresa 🤭🤭
Nairobis Cardozo Portillo
Ésta pareja es puro fuego 🔥🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
Ésto promete 👏
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísimo inicio 👏
Marshaan Sanchez
Dios mío esto promete y es pecado jajaja
Marshaan Sanchez
oh mi Dios un Dios del olimpo y justo está en tierra bajo la mira de una depredadora jajajaja que cosa mas rica😜 jajaja
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