Estar casada con el amor de tu vida suena como un sueño hecho realidad; incluso si sólo eres un reemplazo de su gran amor.
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Capítulo 10
...Daven....
Estaba preparándome para la fiesta de ésta noche, hasta que oí la puerta, seguido de los gritos de Marizza.
—¡Daven! ¡Abre la puta puerta ahora! –Gritaba mientras pateaba la puerta sin parar, maldita sea, lo único que me faltaba–.
Abrí la puerta, encontrándome con su rostro repleto de rabia contenida, ni si quiera pude decir nada porque ella me abofeteó.
—¡¿CÓMO TE ATREVISTE A DESOBEDECERME?! –Espetó, mientras ingresaba a paso firme en mí departamento–. ¡TE DIJE QUE REGRESARAS A LONDRES, TE LO DIJE! ¡¿ESTABAS COGIÉNDOTE A ESA PUTA?!
—No hables así de Evangeline. –Solté con amargura y ella se burló, rodando los ojos–. –¿Ahora la defiendes? No parecía importarte hace cinco años cuando me confesarte tu amor frente a ella... ¡Y TAMPOCO TE IMPORTÓ CUANDO ME BESASTE EN SU PROPIA CARA! –Volvió a gritar–. ¡¿Ahora finges que te preocupa?! ¡PUES NO PARECÍA IMPORTARTE TODAS LAS VECES QUE ME FOLLASTE LUEGO DE QUE ELLA SE FUE! –No pude soportarlo más, odiaba que me gritaran, la única mujer que puede hacer eso; es Evangeline–.
Cegado por la rabia absoluta, levanté la mano y la abofeteé. Ella cayó al suelo, observándome estupefacta, nunca había golpeado a una mujer y, ciertamente nunca creí que la primera sería Marizza, pero al menos se había dejado de gritar como una perra loca.
—No vuelvas a hablar así de Evangeline. –Ordené y ella me observó con repleto odio–. –¡¿TE ATREVISTE A GOLPEARME?! ESTOY EMBARAZADA DE TU MALDITO HIJO, ¡¿ACASO QUIERES MATARLO?
Aquélla revelación me hizo querer vomitar, estaba tan irritado y molesto que había olvidado que ella estaba embarazada. Me tambaleé hacia atrás, ella notó ésto y pude notar una sutil sonrisa formándose en su rostro.
Ella comenzó a sollozar, dejándome estupefacto.
—Me dejaste sola en Londres, sabes lo mal que la estoy pasando con el embarazo. ¡Y me dejaste sola! –Espetó, mientras sus lágrimas comenzaban a caer, haciéndome sentir culpable–.
—Maldita sea... –Siseé, mientras trataba de no dejar que la rabia me consumiera–. Escucha, lamento haberte dejado sola, pero James me necesitaba. Fue casualidad que Evangeline también estuviera aquí, no lo sabía. –Expliqué y ella se acurrucó en mí pecho–.
—No llores, cariño, es malo para el bebé. –La abracé–. ¿Qué tengo que hacer para que me perdones? –Pregunté, incluso si no quería hacer nada de lo que dijera, tenía que hacer que se calmara, no podía permitir que algo malo le sucediera al bebé en su vientre–.
Ella levantó la vista, observándome con fragilidad.
—Q-Quiero ir contigo a la fiesta de hoy... –Pidió y dudé, porque sabía de buena fuente que Evangeline iba a estar ahí–. –No creo que sea buena idea... –Traté de rechazar su petición, pero comenzó a llorar aún más, solté un suspiro repleto de frustración y finalmente accedí–.
—Bien, lo que sea...
Fue como si ella hubiera anticipado mí respuesta, ya que tenía todo preparado para usar ésta noche. Se puso un vestido rojo sangre, se maquilló de forma extravagante, ciertamente se veía hermosa. Pero mí mente no le prestaba atención, estaba muy ocupado reproduciendo mí conversación con Evangeline.
En especial, estaba preocupado por lo que sucedería cuando ella me viera llegar a la fiesta junto con Marizza. Evangeline ya me odia lo suficiente y ésto sólo lo arruinará todo aún más.
Llegamos a la fiesta y, como esperaba, Evangeline ya estaba ahí. Ella estaba siendo la acompañante del empresario Edward Velasco, el mejor amigo de su padre. Lo sé porque lo conocí el día de nuestra boda.
Nuestras miradas se encontraron y sólo pude ver resentimiento y odio hacia mí. Marizza se aferró a mí brazo, sonriendo alegremente mientras me arrastraba hacia Evangeline.
—¡Que coincidencia! –Declaró Marizza con falsa amabilidad–. Si no te conociera, pensaría que estás tratando de recuperar a Daven, pero eso no pasará. Porque él se divorció de ti, ahora es mío. –Sentenció, mientras le regalaba una sonrisa burlona a mí ex-esposa–.
Pude ver cómo la rabia llenó el rostro de Evangeline, pero antes de que pudiera responder, Edward habló.
—Que mujer tan encantadora, Daven. Pero, ¿Désde cuándo se admite actrices mediocres en una fiesta de élite?
—¡¿Disculpe?! –Exclamó ella con irritación, dió un paso adelante, enfrentando al hombre–. ¡Soy la mejor actriz del momento!
—Es fácil que te llamen "La mejor" cuando te acuestas con las personas correctas, ¿No? –Se burló, mientras rodeaba a Evangeline con el brazo–. La próxima vez no permitan que gente sin importancia ingrese a mí fiesta. –Ordenó a los organizadores, quienes asintieron en respuesta. Ví cómo ambos se alejaron para hablar con alguien más, Marizza estaba furiosa, pero no podía importarme menos–.
Lo único que me importaba, era ver a mí hermosa ex-esposa pavonearse por el salón mientras conversaba con otros hombres. Una explosión de celos llenó mí interior, en especial cuándo la vi charlar con ese maldito hijo del magnate petrolero, Leonard Cooper.