Serena es obligada a convertirse en la segunda esposa del hombre que la odia, creyéndola la asesina de su hermano. En ese infierno de desprecio y bajo la atenta y furiosa mirada de la esposa por herencia del Alfa—quien ahora tiene que verla todos los días bajo el mismo techo—, el lazo de la luna comienza a arder entre el Alfa y su segunda esposa en contra de su voluntad. Atados por la ley de la sangre y la traición, la verdad está a punto de salir a la luz... y la venganza será implacable.
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Capítulo 15
Los días que siguieron a la muerte de Jacob transcurrieron bajo un manto de luto espeso y silencioso en la mansión Smith. Las cortinas permanecían cerradas, y el aire olía perpetiamente a cera quemada y tensión contenida.
Era una mañana gris cuando la matriarca Karen y James estaban sentados a la extensa mesa del comedor principal, compartiendo un desayuno intocable. El plato de James apenas había sido probado; su mente seguía atrapada en las celdas subterráneas y en las dudas que se negaban a disiparse.
El sonido de unos pasos ligeros interrumpió el pesado silencio. Selma entró al comedor con una postura calculada, luciendo un vestido negro de cuello alto y una expresión de fingida serenidad. Se sentó frente a su esposo, sirviéndose una taza de té con manos que apenas temblaban.
Tras dar un pequeño sorbo, Selma carraspeó suavemente, adoptando un tono de voz dulce, casi casual, pero cuidadosamente planeado.
—James, madre... hay algo de lo que he estado pensando y que creo que deberíamos considerar —comenzó Selma, midiendo cada palabra con precisión—. Con todo lo que ha pasado... la familia está destrozada y necesitamos apoyos leales cerca. Pensaba en Diego.
James frunció el ceño de inmediato, deteniendo el movimiento de su taza. La matriarca Karen levantó la vista de golpe, con el rostro endurecido por la repulsión.
—¿Diego? ¿Te refieres a ese paria, a ese bastardo desterrado? —espetó Karen con desprecio, dejando caer su tenedor sobre el plato con un golpe seco—. ¿Qué diablos tiene que ver ese desertor con nuestra familia en este momento?
—Él es sangre de los Smith, madre —replicó Selma con calma fingida, bajando la mirada para ocultar el triunfo de ver que el anzuelo había sido lanzado—. Sé que se fue hace años bajo circunstancias difíciles, y que las cosas no terminaron bien con la manada, pero... después de todo, es hermano de James. En un momento así, deberíamos mantener a la familia unida. Además, lleva mucho tiempo viviendo en los límites, quizás ya haya pagado sus errores.
James se quedó en silencio, con la mirada perdida en la superficie de su taza. La mención de Diego removió una vieja espina en su interior. Diego era su medio hermano, hijo de una relación extramarital de su difunto padre que había sido exiliado de la mansión en su juventud debido a su carácter violento y rebelde. James nunca supo los detalles exactos del porqué se había marchado o qué había pasado realmente entre él y el anterior Alfa; simplemente lo habían borrado de la historia oficial de la familia.
Pero ahora, con el vacío que la muerte de Jacob había dejado y la sensación constante de que la casa estaba amenazada desde dentro, la idea de la sangre llamando a la sangre resonó de manera distinta.
—Tiene razón en parte, madre —murmuró James con voz ronca, rompiendo el silencio y mirando a Karen—. No supe por qué se fue realmente, ni tuve la oportunidad de averiguar qué pasó en su momento. Pero es sangre de los Smith. Si puede volver y enmendar su camino... tal vez sea el momento de darle un lugar bajo nuestro techo.
Karen lo miró con los ojos muy abiertos por la incredulidad, negando con la cabeza.
—Estás loco, James. Ese hombre es una bomba de tiempo, una mancha para nuestro apellido —protestó la matriarca, visiblemente indignada—. Pero... —suspiró con amargura, viendo la terquedad en los ojos dorados de su hijo mayor—, el trono es tuyo ahora. Si el Alfa supremo decide abrirle las puertas a las alimañas, no seré yo quien se oponga formalmente. Haz lo que quieras.
Un escalofrío de victoria recorrió el interior de Selma. Traer a Diego a la mansión era un riesgo enorme, sí, pero bajo su control directo, sería el peón perfecto para mantener silenciados los cabos sueltos y desviar cualquier sospecha.
Dos días después, el ambiente en el gran salón de la manada cambió radicalmente. Las antorchas brillaban con intensidad y cientos de miembros del clan Smith se habían congregado para presenciar la ceremonia oficial.
James, vistiendo el traje formal de liderazgo con insignias de plata, se encontraba de pie frente al estrado principal. Su rostro era una máscara de absoluta solemnidad. A su lado, Selma cumplía su papel de consorte perfecta, sosteniendo una sonrisa recatada mientras el patriarca del consejo avanzaba hacia el centro de la tarima portando la corona ceremonial de los Alfa supremos.
—Ante la luz de la luna y la ley de la sangre de los Smith... —comenzó el anciano del consejo con voz solemne y resonante—, declaramos a James como nuestro Alfa supremo, protector indiscutible de este territorio.
La multitud aplaudió al unísono, inclinando la cabeza en señal de respeto y sumisión. James aceptó la pesada corona de metal oscuro sobre su cabeza, sintiendo el peso de un liderazgo manchado de tragedia.
Cuando el murmullo de los aplausos comenzó a apagarse, el anciano del consejo levantó una mano para pedir silencio, dando un paso al frente con una sonrisa de aprobación paternal.
—Y ahora que el nuevo Alfa ha tomado su lugar legítimo en el trono... —continuó el anciano, dirigiendo su mirada hacia Selma y luego a la congregación—, la manada celebra el futuro de nuestra estirpe. Es el momento, Alfa James, de que comiencen a planificar la llegada de un heredero junto a tu esposa Selma. La sangre de los Smith debe continuar sin interrupciones.