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Pasión Y Obsesión Del Millonario

Pasión Y Obsesión Del Millonario

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / CEO
Popularitas:788
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

Alexander Vance lo tiene todo: poder, millones y el control absoluto de su imperio. Pero cuando acepta suplir a un amigo en la universidad, su mirada se cruza con Elena Marín, una estudiante rota, exhausta y atrapada en una vida de secretos nocturnos.

Ella no busca salvación; él no sabe lo que es la piedad. Lo que comienza como una tutoría privada bajo chantaje se transforma en una espiral de pasión prohibida, erotismo salvaje y mentiras peligrosas. Cuando los secretos del pasado salgan a la luz, desatarán una tragedia de la que no podrán escapar. Porque hay amores que no construyen... destruyen.

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 3: El contrato.

El zumbido constante del aire acondicionado en el piso cincuenta y cuatro ya no era un murmullo sutil; a esa hora de la noche, cobraba la fuerza de un conteo regresivo, el tic-tac implacable de un mecanismo de relojería que amenazaba con estallar. Alexander Vance paseaba los dedos —portadores de un autocontrol riguroso, casi patológico— sobre la superficie pulida de la mesa de caoba, deteniéndose deliberadamente en los apuntes de la clase anterior. Había analizado la caligrafía de Elena una y otra vez, bajo la lupa de su implacable escrutinio. Cada letra inclinada con terquedad hacia la izquierda delataba una resistencia feroz; un grito silencioso y desesperado que exigía, al mismo tiempo, ser rescatado o aplastado bajo el peso de su autoridad.

La puerta de su despacho privado se abrió con un chasquido suave, quejumbroso. Elena cruzó el umbral con el paso dubitativo de quien camina sobre una capa de hielo demasiado delgada, consciente de que un solo error de cálculo la hundiría en el abismo. Su blusa de segunda mano, visiblemente desgastada, estaba ligeramente arrugada en el dobolillo, y las sombras oscuras bajo sus ojos delataban las horas interminables de vigilia que pasaba bajo las luces fluorescentes y hostiles del club nocturno donde trabajaba para sobrevivir.

—¿Mandó a llamarme, profesor Vance? —preguntó ella. Su voz, aunque firme en apariencia, poseía un temblor subterráneo. Mantenía los brazos cruzados con fuerza sobre el pecho, un reflejo instintivo y primitivo de autodefensa.

Alexander se giró lentamente, inmovilizándola al instante con la gravedad de su mirada gris. No llevaba la chaqueta del traje puesta; las mangas de su camisa blanca de alta costura estaban remangadas con pulcritud hasta los codos, exponiendo la firmeza de sus antebrazos y el metal frío de su reloj de lujo, que destellaba bajo la luz tenue.

—No vine a jugar a la academia, Elena —dijo él. Su voz grave y modulada resonó entre los paneles de madera oscura, llenando cada rincón del opulento espacio—. Repasé sus calificaciones del semestre pasado. Es una burla absoluta para cualquier estándar de la Universidad de Kensington.

Pero lo que escribió en las notas marginales de sus ensayos... —Alexander levantó las hojas, agitándolas levemente— demuestra una mente brillante, capaz de diseccionar el alma humana con precisión quirúrgica. Así que respóndame: ¿por qué se empeña en fingir que es mediocre?

Elena apretó los labios hasta blanquearlos por la presión, sintiendo cómo el orgullo se le revolvía en el estómago.

—Mis calificaciones son asunto mío —respondió con una fiereza temblorosa, dando un paso firme hacia la salida—. Si no le sirve mi rendimiento académico, repruebe mi cátedra de una vez y déjeme en paz. No tengo tiempo para sus sermones.

En una fracción de segundo, la distancia que los separaba se evaporó. Alexander cerró el espacio entre ambos con la agilidad depredadora de quien ha calculado cada escenario. La acorraló violentamente contra la madera de la puerta cerrada, apoyando una de sus manos justo al lado de la cabeza de la joven, mientras su imponente cuerpo bloqueaba cualquier vía de escape. El aroma a café amargo, tabaco caro y el calor sofocante que emanaba de Alexander la envolvieron por completo, privándola del aire en los pulmones.

—No voy a reprobarla —susurró él, rompiendo la última barrera de su espacio personal al rozar con los nudillos la línea tensa de su mandíbula. Elena contuvo un sollozo, negándose a mostrar debilidad—. Voy a salvarla de su propia autodestrucción, le guste o no. A partir de hoy, las tutorías no serán en la facultad pública. Serán aquí. A medianoche. A cambio de borrar sus deudas financieras con la institución y limpiar su expediente académico, usted me pertenecerá durante esas horas.

Elena intentó sostener su mirada desafiante, buscando un rastro de duda en aquellos ojos de piedra, pero el peso aplastante del chantaje y la corriente eléctrica de su toque la desarmaron. Estaba acorralada por la realidad de su miseria y el poder absoluto de aquel hombre.

—Eso es... eso es un secuestro intelectual —susurró con los labios a escasos centímetros de los suyos, sintiendo el peligro de su cercanía.

—Es un contrato —corrigió Alexander con una sonrisa helada, asimétrica y posesiva—. Y las clases empiezan esta misma noche.

Cuando Elena, impulsada por un pánico tardío, logró apartarse de su pecho y giró el picaporte de bronce para huir del despacho, el pestillo se trabó con un chasquido metálico, seco y definitivo. Al volverse con el corazón desbocado, vio que Alexander observaba la escena con absoluta parsimonia. Había introducido una pequeña llave dorada en el bolsillo de su chaleco tras girar la cerradura interna. La había dejado atrapada en la cima del mundo, sin testigos, sin piedad y sin salida.

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