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La Niñera De La Mafia

La Niñera De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Mafia / Posesivo / Enfermizo / Completas
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

La niñera de la mafia

Su esposo la envió a trabajar a una mansión con la esperanza de que muriera y así cobrar su seguro de vida. Pero el destino tenía otros planes para ella.

Contratada como cuidadora personal de un mafioso ciego, malhumorado y temido por todos, pronto descubrirá que convivir con ese hombre será mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Él no puede verla, pero ella está a punto de convertirse en su mayor obsesión.

Y cuando la mafia descubra quién se atrevió a ponerle las manos encima a su mujer, será demasiado tarde para arrepentirse.

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 13

Valeria descubrió que había cometido un error al aceptar aquella promesa cuando, menos de una hora después del desayuno, un hombre trajeado apareció en la mansión preguntando por ella.

El mayordomo la encontró en la cocina, donde estaba ayudando a una de las empleadas a preparar una taza de té.

—Señorita Valeria, el señor Damián solicita su presencia en el despacho.

Ella levantó la cabeza.

—¿Ocurrió algo?

—Su abogado ha llegado.

Valeria dejó la taza sobre la mesa.

—¿Su abogado?

—Así es.

—¿Y qué tiene que ver conmigo?

El mayordomo la miró con una discreción que no logró ocultar su curiosidad.

—Tengo entendido que el señor Damián desea hablar sobre su divorcio.

Valeria cerró los ojos.

Dios mío. Este hombre habla en serio.

—¿No podía esperar siquiera hasta mañana?

—El señor Damián no suele esperar cuando tiene algo decidido.

Eso ya lo había descubierto.

Con un suspiro, Valeria se limpió las manos y se dirigió al despacho.

Al entrar, encontró a Damián sentado detrás del escritorio. A su lado había un hombre de unos cincuenta años, con gafas elegantes y un maletín de cuero apoyado junto a la silla.

—Ah, llegaste —dijo Damián—. Siéntate.

Valeria obedeció, aunque no pudo evitar mirar al desconocido.

—Buenos días.

—Buenos días, señorita. Soy el abogado Esteban Ferrer.

—Mucho gusto.

El hombre le dedicó una sonrisa cortés antes de abrir su maletín.

—El señor Damián me ha explicado brevemente su situación matrimonial. Necesitaría hacerle algunas preguntas para determinar cuál sería el procedimiento más conveniente.

Valeria miró a Damián.

—¿Brevemente?

—Le dije que quieres divorciarte —respondió él.

—¡Pero ni siquiera sabes mi apellido completo!

Damián permaneció impasible.

—Por eso está aquí el abogado.

Valeria se llevó una mano a la frente.

—No puedo creerlo.

Esteban carraspeó discretamente, intentando devolver la conversación a un terreno profesional.

—Señorita, antes de continuar, quiero aclarar algo. Mi función es asesorarla y explicarle sus opciones. Nadie puede obligarla a iniciar un divorcio si no desea hacerlo.

—Lo sé —respondió ella—. Y sí quiero divorciarme. Mi matrimonio terminó, aunque mi esposo todavía no se haya molestado en comunicármelo formalmente.

El abogado asintió y comenzó a tomar notas.

—¿Hay hijos en común?

—No.

—¿Bienes compartidos?

—Un apartamento alquilado y algunas pertenencias. Nada importante.

—¿Su esposo podría oponerse al divorcio?

Valeria soltó una risa sin humor.

—No lo sé. Tiene una amante y me echó de casa. Quizá esté demasiado ocupado celebrando su nueva vida.

Damián dejó de mover los dedos sobre el escritorio.

—¿Cómo se llama?

Valeria volvió el rostro hacia él.

—¿Quién?

—Tu esposo.

—¿Para qué quieres saberlo?

—Para que el abogado pueda identificarlo.

Esteban intervino antes de que la conversación se desviara.

—Necesitaré sus datos completos, señorita. Podemos empezar por eso.

Valeria respondió a las preguntas necesarias. No tenía sentido seguir aplazando un trámite que, tarde o temprano, tendría que resolver.

Cuando terminaron, el abogado cerró su carpeta.

—Prepararé una evaluación de las opciones legales disponibles. También necesitaremos revisar la documentación del matrimonio y confirmar los requisitos aplicables. No sería prudente prometerle un plazo sin conocer esos detalles.

—Está bien —dijo Valeria.

Damián giró el rostro hacia él.

—Quiero que se encargue de todo lo necesario.

—Me ocuparé de los trámites que correspondan —respondió Esteban—, pero la señorita deberá participar en las decisiones y firmar los documentos que legalmente le correspondan.

—Por supuesto —dijo Damián.

Valeria lo miró con sospecha.

—¿Por supuesto? ¿Desde cuándo eres tan respetuoso de mi autonomía?

—Desde que me lo acabas de explicar.

Ella no supo si reírse o preocuparse.

El abogado se levantó, guardó sus documentos y se despidió. Antes de salir, le entregó a Valeria una tarjeta con sus datos de contacto.

—Si tiene alguna duda, puede comunicarse conmigo directamente.

—Muchas gracias.

Cuando la puerta se cerró, Valeria se volvió hacia Damián.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Adelante.

—¿Siempre resuelves los problemas de los demás contratando abogados?

—Cuando es necesario.

—Yo todavía no te he pedido que pagues mis trámites.

—No he dicho que tengas que hacerlo.

—Damián...

—Valeria.

Ella lo miró con exasperación.

—No puedes organizar mi vida como si fuera una de tus empresas.

Él se quedó callado unos segundos.

—No estoy organizando tu vida. Estoy ayudándote con un problema que tú misma dijiste que querías resolver.

La respuesta la desarmó un poco.

Porque, en realidad, tenía razón.

Valeria había aceptado divorciarse. No estaba arrepentida, pero la rapidez con la que Damián había puesto todo en marcha la había tomado por sorpresa.

—Podrías haberme avisado antes de traerlo —murmuró.

—¿Habrías preferido que te preguntara?

—¡Sí!

Damián inclinó ligeramente la cabeza.

—Entonces te lo preguntaré la próxima vez.

Valeria se quedó mirándolo.

No era la respuesta que esperaba.

—Bien —dijo finalmente—. Eso sería lo correcto.

Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir escuchó su voz.

—Valeria.

Ella se volvió.

—¿Qué pasa?

—¿Vas a volver a tu habitación?

—No. Voy a trabajar. Hay una montaña de ropa esperando que alguien la doble.

Damián hizo una pausa.

—Puedes dejar que otra persona lo haga.

—¿Por qué?

—Porque tienes otras cosas que resolver.

Valeria lo observó con más atención.

Por primera vez desde que había comenzado aquella conversación, comprendió que Damián no estaba intentando mantenerla ocupada para tenerla cerca. Al menos, no solamente.

Quizá también estaba intentando facilitarle las cosas.

—Puedo ocuparme de mis asuntos y seguir trabajando —respondió—. No soy de cristal.

—No he dicho que lo seas.

—Bien.

Valeria abrió la puerta.

—Ah, y gracias por lo del abogado. Aunque la próxima vez, avísame antes de movilizar a medio mundo.

—Lo tendré en cuenta.

Ella asintió y salió.

Damián permaneció sentado, escuchando cómo sus pasos se alejaban por el pasillo.

Después se reclinó en la silla.

Había conseguido poner en marcha el divorcio. Sin embargo, en lugar de sentirse completamente satisfecho, se descubrió pensando en la conversación que acababa de tener con ella.

Valeria no le había agradecido como él esperaba, ni había aceptado sin cuestionar su intervención.

Lo había regañado.

Y, extrañamente, no le había molestado tanto como debería.

A la hora del almuerzo, Valeria recibió una llamada de un número desconocido.

Estaba en su habitación, revisando la poca ropa que había conseguido recuperar de su apartamento, cuando contestó.

—¿Hola?

—¿Valeria? Soy yo.

Reconoció la voz inmediatamente.

Su esposo.

Se quedó inmóvil, con el teléfono pegado a la oreja.

—¿Qué quieres?

Al otro lado hubo un silencio breve.

—Tenemos que hablar.

Valeria sintió que una vieja herida volvía a abrirse, pero esta vez no estaba dispuesta a dejar que él decidiera cuándo y cómo.

—No tenemos nada de qué hablar.

—No seas infantil. Lo que pasó fue un malentendido.

Ella soltó una risa incrédula.

—¿Un malentendido? ¿También fue un malentendido que me empujaras al suelo?

—Estaba enfadado.

—¿Y eso te da derecho a agredirme?

Él no respondió de inmediato.

Después bajó la voz.

—Escúchame. Podemos arreglarlo. Vuelve a casa y hablaremos tranquilamente.

Valeria miró la habitación que le habían asignado en la mansión. Recordó el día en que llegó, asustada y confundida, sin saber que el supuesto trabajo doméstico era una mentira.

Había creído que su marido la estaba ayudando.

Ahora sabía que no podía confiar en él.

—No voy a volver.

—Valeria, no hagas una estupidez.

—Ya tomé una decisión.

—¿Qué decisión?

Ella respiró profundamente.

—Quiero divorciarme.

El silencio fue inmediato.

Luego, la voz de su esposo cambió.

—¿Qué acabas de decir?

—Que quiero divorciarme.

—¿De dónde sacaste esa idea? ¿Hay alguien más?

Valeria cerró los ojos, agotada por aquella conversación.

—No necesito a otro hombre para dejar de querer estar contigo.

—¡No puedes hacerme esto!

Ella apartó el teléfono de la oreja por un instante.

Era increíble. Después de todo lo que había ocurrido, él seguía hablando como si fuera la víctima.

—Fuiste tú quien terminó este matrimonio cuando decidiste engañarme y tratarme como si no valiera nada —dijo, con la voz temblorosa, pero firme—. No vuelvas a llamarme para pedirme que regrese.

Y colgó.

Se quedó mirando la pantalla durante unos segundos, esperando sentir alivio.

En cambio, sintió tristeza.

No porque quisiera volver con él, sino porque estaba despidiéndose de la vida que había imaginado tener.

Se secó una lágrima con el dorso de la mano y dejó el teléfono sobre la cama.

No quería llorar otra vez.

No por él.

Damián estaba en el pasillo cuando escuchó abrirse la puerta de Valeria.

No podía verla, pero reconoció sus pasos. Eran más lentos de lo habitual.

—¿Ocurrió algo? —preguntó.

Valeria se detuvo.

Durante un instante pensó en decirle que no. No quería preocuparlo ni convertirlo en responsable de resolver cada problema de su vida.

Pero estaba cansada de fingir que todo estaba bien.

—Era mi esposo —respondió—. Me llamó para pedirme que volviera.

Damián apretó la mandíbula.

—¿Y qué le dijiste?

—Que quiero divorciarme.

Él no contestó enseguida.

—¿Te amenazó?

—No. Solo intentó hacerme sentir culpable.

Damián asintió lentamente.

No le preguntó si había llorado ni le exigió que le contara cada detalle. Se limitó a permanecer allí, junto a la puerta de su habitación.

Valeria lo miró.

—Estoy bien. Solo necesito un momento.

—De acuerdo.

Ella agradeció que no insistiera.

Antes de marcharse, Damián habló de nuevo.

—Si vuelve a molestarte, puedes decírmelo.

Valeria sintió una calidez discreta en el pecho.

—Lo haré.

Y esta vez, cuando se alejó por el pasillo, no sintió que estaba sola.

Damián regresó a su habitación con el ceño fruncido. No iba a interferir en las decisiones de Valeria, ni a obligarla a aceptar su ayuda.

Pero una cosa tenía clara: el hombre que la había lastimado no volvería a entrar en aquella mansión para hacerle daño.

Y si intentaba hacerlo, tendría que responder ante él.

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Herrera
Ahora sí es tu amor que conveniente para ella cuando lo dejo en sus peores momentos
Herrera
Está mujer si es cínica volver justo cuando el recupero la visión
Herrera
Bueno esperemos que ahora todo esté bien y ellos puedan disfrutar de su amor
Herrera
Ya deberían haber atado todos los puntos y darle de baja a ese imbécil
Herrera
Este hombre no tiene escapatoria Pero es demasiado lento el proceso
Herrera
Este hombre ya se ganó todos los escalones al infierno
Herrera
Ya el principe de las tinieblas me está dejando mal sabor este mafioso es muy lento
Herrera
Con ese esposo así no necesitas más enemigos
Herrera
Ver a su amada allí tendida le dió ganas de seguir adelante con el tratamiento para poder ver
Herrera
Damian estás jodido hermano Nicolás te contesta igual que Valeria 😂😂😂😂😂😂
Herrera
Nicolás estaba atento por qué si no hubiera sido un desastre
Herrera
aunque creo que es Iván con Teresa
Herrera
Tienen enemigos dentro de la gente que trabaja para ti y estás pudiendo que no acuses a nadie 😂😂😂
Herrera
Este mafioso es muy calmado quiere pruebas 😂😂😂 y así le dicen el principe de las tinieblas
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Quien te diga que eres importante para ella eso ya es mucho
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
La doña y Nicolás son terribles quieren extorsionar al principe de las tinieblas😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
jajajajaja, eso es muy gracioso el hijo celoso de la madre por qué le quita el tiempo con su cuidadora 😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Está doña es a todo terreno hasta quiere joder al hijo Pero a lo bien 😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Para Damián es difícil aceptar lo que siente por todo lo que ha pasado en su vida
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Que capítulo más bonito, si todas las suegras fueran así
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