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EL GLACIAR Y LA SALSA

EL GLACIAR Y LA SALSA

Status: Terminada
Genre:Comedia / Mujer poderosa / Romance de oficina / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Una CEO implacable, fría y adicta al control que vive bajo la sombra de una traición pasada. Un técnico de mantenimiento alegre, gigante y de espíritu libre que contagia ritmo de salsa y sonrisas a cada paso. Cuando los mundos opue stos de Ariadna Riquelme y Jonathan Guedez chocan en los pasillos de un corporativo de lujo, el caos está garantizado. Entre hojas de cálculo imposibles, miradas que queman y un choque cultural inminente, Jonh pondrá de cabeza la perfecta y fría rutina de la jefa... demostrando que la armadura más dura a veces solo necesita un buen golpe de sabor y un corazón dispuesto a latir sin permiso.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA ESPERA DULCE Y EL NUEVO ORGANIGRAMA

​La noticia del embarazo se extendió por el Corporativo Riquelme con la velocidad de un incendio forestal, pero esta vez, lejos de generar chismes o intrigas, provocó una ola de ternura inusitada. El despacho de Ariadna, antaño un búnker de acero y silencio, se había transformado en un santuario donde las flores frescas reemplazaban a los aburridos informes financieros. Jonh, por su parte, se había tomado su nuevo rol de "futuro padre" con la misma seriedad y entrega con la que preparaba sus mejores platos.

​Los síntomas del síndrome de Couvade en Jonh habían desaparecido tan rápido como llegaron, pero ahora, en su lugar, había surgido una sobreprotección casi cómica. Jonh, que antes se preocupaba por el rendimiento de la empresa, ahora pasaba sus días asegurándose de que Ariadna tuviera los pies en alto, que no subiera escaleras innecesarias y que su dieta incluyera solo los productos más frescos y nutritivos del mercado.

​—¡Jonh, por Dios! —se reía Ariadna una tarde, mientras él le servía un té de jengibre con una precisión de cirujano—. Soy la CEO de esta empresa, no una pieza de porcelana china. El bebé está perfectamente seguro.

​—No me importa, mi amor —respondía él, con ese brillo inconfundible de adoración en sus ojos claros—. Mi trabajo es el Bienestar Corporativo y Familiar. Y en este momento, mi única prioridad es que tú y ese pequeño "Músculo de Oro" o pequeña "Glaciar" estén impecables. Además, el médico dijo que el reposo es clave.

​Ariadna suspiraba, pero no podía evitar sentirse la mujer más afortunada del mundo. Había pasado de ser una mujer solitaria, construyendo un imperio de hielo, a estar rodeada de un calor humano que no sabía que necesitaba. Incluso su padre, Arturo, se había vuelto un asiduo visitante, siempre trayendo algún detalle para el nieto que venía en camino, olvidando por completo sus aires de grandeza corporativa para dedicarse a contar historias a Ariadna sobre cómo ella daba sus primeros pasos.

​Con la boda a solo dos meses de distancia, los preparativos se habían convertido en un ejercicio de logística sin precedentes. No se trataba solo de organizar una fiesta, sino de celebrar la unión de dos mundos. La mansión de los Riquelme sería el escenario de la ceremonia, pero el toque mágico lo pondría la familia Guedez. Esperanza, la madre de Jonh, se había convertido en la directora de orquesta de la logística alimentaria. Había insistido en que ella misma supervisaría cada pasapalo, cada plato fuerte, asegurándose de que el menú fuera una sinfonía de la cocina tradicional venezolana.

​—¡Nada de caviar ni cosas raras! —decía Esperanza con su carácter arrollador, mientras Ariadna la escuchaba fascinada—. En una boda venezolana se baila hasta que sale el sol y se come hasta que el corazón esté contento. ¡Aquí va a haber más carne en vara que en todo el llano!

​Ariadna, al ver a sus dos mundos converger en una armonía perfecta, sintió una paz profunda. Su vestido de novia, que estaba siendo confeccionado con la misma seda crepe y encaje francés que aquel inolvidable traje de cóctel, estaba siendo ajustado meticulosamente. La diseñadora tenía una ardua tarea: asegurar que el corte sirena realzara su figura sin incomodar al pequeño bulto que empezaba a asomarse sutilmente en su vientre.

​Una noche, mientras Jonh le leía cuentos al bebé a través del vientre de Ariadna, ella acarició su cabello, pensando en cómo todo había cambiado.

​—¿Sabes qué es lo mejor de todo esto? —susurró ella—. Que no solo estoy ganando un esposo y un hijo. Estoy ganando una familia. La familia que siempre busqué y nunca supe cómo construir.

​Jonh levantó la vista, dejando de hablarle al bebé para mirarla a ella. Sus manos, grandes y fuertes, cubrieron el vientre de Ariadna.

​—Tú construiste tu propia familia el día que abriste tu corazón, Ariadna. Ese fue el verdadero negocio del siglo. Nosotros solo venimos a llenar los espacios que estaban vacíos.

​A medida que se acercaba el gran día, la ansiedad no era por los negocios, sino por la emoción. Ariadna se encontraba en medio de reuniones virtuales, dirigiendo a sus equipos desde su elegante escritorio, pero su mente siempre regresaba a la decoración, a las flores, a la música que marcaría el inicio de su nueva vida.

​Un día, mientras revisaba unos documentos, encontró entre sus archivos una vieja carta de su abuelo, fundador de la empresa. En ella, él hablaba de que el éxito real no era el balance final de la cuenta bancaria, sino la capacidad de construir algo que sobreviviera al tiempo. Al leer esas líneas, Ariadna comprendió que el bebé que esperaba era la inversión más valiosa que jamás haría.

​La rutina del día a día se tornó en un baile armonioso. Se levantaban temprano, compartían un café —aunque Ariadna había cambiado el suyo por uno descafeinado— y se iban al Corporativo Riquelme. Allí, en la oficina que Jonh había decorado con toques de frescura y plantas, él se dedicaba a gestionar la felicidad de los empleados, mientras ella tomaba las decisiones que mantenían el imperio a flote. A mediodía, comían juntos en el comedor privado, donde Jonh, a veces, se tomaba la libertad de preparar personalmente alguna delicia para ella.

​Los viernes ya no eran solo para la salsa. Eran días de celebración familiar. En las tardes, solían visitar la casa de los padres de Jonh en la zona popular de la ciudad, donde la vida transcurría entre risas, música de radio y olor a café recién colado. Ariadna se había convertido en una figura querida por todos. Ya no era "la jefa", era simplemente "Ariadna", la futura esposa de Jonh, la mujer que se reía con los chistes de Donato y que, con mucha paciencia, aprendía a preparar las mejores hallacas de la mano de Esperanza.

​El "Gran Día" se acercaba, y con él, la certeza de que el "Músculo de Oro" y el "Glaciar" habían creado algo indestructible. Un amor que ya no pertenecía solo a ellos dos, sino que empezaba a ramificarse en una nueva generación. La vida, con todas sus curvas y líneas, finalmente tenía sentido. Cada mañana, al despertar y sentir el latido de la vida dentro de ella y la mano protectora de Jonh sobre su vientre, Ariadna sabía que su auditoría personal había cerrado con el resultado más positivo posible: la felicidad absoluta.

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