NovelToon NovelToon
ESENCIA CARMESÍ

ESENCIA CARMESÍ

Status: En proceso
Genre:Magia / Completas
Popularitas:211
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Elian Varela, un chico de diecisiete años, sobrevive
en silencio a los abusos de su tío junto a su única madre.
Cuando el dolor se vuelve insoportable, un poder antiguo
despierta en él: magia roja que crea vida y luz, y magia
violeta que deshace y absorbe la fuerza de los demás.

Tras perderlo todo , conoce a Damián,
un jefe de policía que no lo salva, sino que camina a su lado.
A lo largo de , enemigos oscuros, aliados
dudosos y el precio de cada hechizo lo obligan a elegir:
¿crear para proteger… o tomar para sobrevivir?

Una historia realista, sin finales felices garantizados,
donde el poder más grande no es destruir, sino seguir de pie.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 21 El mensaje

Ali estaba terminando de recoger sus pocas cosas del ático cuando el móvil vibró en el bolsillo de su chaqueta.

Se sobresaltó.

Llevaba ese aparato viejo y roto desde hacía dos años. La pantalla tenía una grieta enorme que cruzaba de esquina a esquina, la batería duraba menos de medio día, y casi nunca tenía saldo para llamar. Solo lo usaba para la hora, para jugar a un juego de tetris que tenía instalado de fábrica… y para el único número que tenía guardado en la memoria: el de su madre.

Nadie más le escribía.

Nadie más le llamaba.

Así que cuando sintió la vibración, el corazón se le paró en el pecho.

Metió la mano en el bolsillo despacio, como si el móvil fuera a estallarle entre los dedos. Lo sacó.

La pantalla iluminada le mostró una notificación de mensaje de texto.

Remitente: **Mamá**.

Ali abrió el mensaje con los dedos temblorosos.

Solo tenía una línea.

Escrita en mayúsculas.

Fría.

Amenazante.

> VEN SOLO A CASA. SI LE DICES A ALGUIEN, LA MATO.

Se quedó quieto.

Miró las palabras una y otra vez, como si pudiera cambiarlas con solo mirarlas, como si pudiera hacer que fueran una mentira, una broma de mal gusto, una pesadilla de la que despertaría en cualquier momento.

Pero no era una pesadilla.

Era real.

Marcos.

Tenían a su madre.

Era la trampa que todos le habían advertido. Era obvia. Era burda. Si iba solo, se lo llevarían. Le desarmarían vivo en un laboratorio de Némesis. O le matarían antes de que pudiera usar su poder. Lo sabía. Lo sabía con cada fibra de su ser.

Y aun así…

…no podía no ir.

Era su madre.

Aunque ella le hubiera dado la espalda. Aunque le hubiera tenido miedo. Aunque le hubiera cerrado la puerta en la cara. Era la única persona que le quedaba. La única que le había querido alguna vez. La única por la que valía la pena arriesgarlo todo.

Se sentó en el suelo duro del ático, el móvil todavía en la mano, y pensó.

Tenía opciones.

Podía llamar a Damián.

Tenía su número guardado en el bolsillo interior de la chaqueta, el papel doblado que llevaba consigo desde hacía semanas. Damián era policía. Tenía recursos. Tenía compañeros. Podía ayudarle. Podía detener a Marcos y a los hombres de Némesis sin que Ali tuviera que exponerse.

Pero entonces recordó la mirada de miedo en los ojos de Damián en el tejado. Recordó sus palabras: No sé si puedo seguir ayudándote. ¿Y si Damián venía no solo para salvar a su madre, sino también para detenerle a él? ¿Y si le entregaba a Némesis después de todo? ¿O si le disparaba si perdía el control del poder?

Podía buscar a Mara.

Apretar la flor azul que ella le había dado, y ella vendría con más gente de LUMEN. Podrían derrotar a los agentes de Némesis fácilmente.

Pero entonces recordó las palabras de Kael: Yo mismo te mataré antes de que destruyas París. Si LUMEN venía, si veían su poder fuera de control… Kael cumpliría su promesa. Y además, si traía a más gente, si había una pelea grande… su madre podría salir herida en el cruzamiento. Podrían matarla por error.

Podía buscar a Vespera.

Ella era poderosa. Podría acabar con los agentes en segundos.

Pero Vespera no le ayudaría por bondad. Le pediría un precio. Un precio alto. Quizás su libertad. Quizás algo peor. Y Ali no quería deberle nada más de lo que ya le debía.

Todos tenían un precio.

Todos querían algo.

Y si traía a cualquiera de ellos… ponía en peligro la vida de su madre más de lo que ya lo estaba.

No.

Tenía que ir solo.

Solo él conocía la casa. Solo él sabía cómo moverse por ella sin hacer ruido. Solo él podía intentar entrar, sacar a su madre y salir corriendo antes de que nadie pudiera reaccionar. O si tenía que pelear… pelearía. Usaría su poder. Lo que fuera necesario. Pero no pondría en manos de nadie más la vida de la única persona que le quedaba.

Tomó una decisión.

Se levantó del suelo.

Guardó el móvil en el bolsillo.

Cogió su navaja, la abrió y la cerró una vez, comprobando el mecanismo. La guardó en el bolsillo del pantalón, fácilmente accesible. Se acomodó la chaqueta, se puso la capucha bien en la cabeza para ocultar la marca del cuello, y caminó hacia la escotilla que daba al tejado.

Antes de salir, se detuvo un segundo.

Miró hacia atrás, hacia el ático vacío que había sido su refugio durante las últimas semanas.

No sabía si volvería.

No sabía si saldría vivo de aquella casa.

Pero sabía que no tenía elección.

Si no iba… su madre moriría.

Y él nunca se lo perdonaría.

Saltó al tejado.

Empezó a caminar por los tejados hacia Belleville.

La noche había caído ya. París brillaba con sus luces doradas allá abajo, indiferente al drama que se estaba cocinando en una de sus casas más pobres. El viento frío de enero le azotaba la cara, pero Ali no lo sentía. Estaba concentrado. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso, listo para reaccionar. Las dos llamas dentro de su pecho estaban alerta, despiertas, listas para salir en cuanto las necesitara.

Bajó a la calle cuando estuvo cerca del edificio.

Caminó por las calles que conocía de memoria. Las mismas calles por las que había vuelto cientos de veces después del instituto, con la cabeza baja, temiendo lo que encontraría al entrar en casa. Ahora volvía con miedo, pero con una clase de miedo distinto. Ya no temía por los golpes que le darían a él. Temía por lo que le habrían hecho a ella.

Llegó a la esquina de su calle.

Se escondió en la sombra de un portal.

Miró hacia la fachada del edificio.

La ventana del salón de su departamento tenía la luz encendida.

La de la habitación de su madre estaba apagada.

La de Marcos también.

No había coches negros sospechosos aparcados fuera. No veía agentes merodeando por la calle. Probablemente estaban dentro. Esperándole.

Tal como había previsto.

Era una trampa.

Y aun así, él iba a entrar.

Sacó el papel con el número de Damián del bolsillo.

Lo miró un último tiempo a la luz de una farola.

Tuvo la tentación de ir a una cabina telefónica y llamarle. De decirle: Ven. Ayúdame. Tengo miedo.

Pero la imagen de la mirada de miedo de Damián volvió a su cabeza.

Y guardó el papel otra vez.

No.

Iba solo.

Respiró hondo.

Ajustó la capucha.

Salió de la sombra del portal.

Caminó hacia la entrada del edificio.

Cada paso que daba le parecía que sonaba demasiado fuerte en el silencio de la noche. Cada latido de su corazón le retumbaba en los oídos. Subió las escaleras de cinco en cinco, agarrándose al pasamanos frío, sin hacer ruido. Llegó al quinto piso. Se paró delante de la puerta de su casa.

La puerta estaba entreabierta.

Una pequeña rendija de luz amarilla salía por el hueco, iluminando el suelo del rellano.

Le estaban esperando.

Ali metió la mano en el bolsillo del pantalón.

Agarró la navaja con fuerza.

Cerró los ojos un segundo.

Pensó en su madre.

Pensó en su cara cuando él era pequeño, cuando le cantaba para dormir.

Pensó que tenía que salvarla.

Aunque le costara la vida.

Abrió los ojos.

Empujó la puerta con la mano libre.

Entró.

El departamento estaba en silencio.

La luz del salón estaba encendida, pero no había nadie a la vista.

La puerta de la habitación de Marcos estaba cerrada.

La de su madre también.

Nada se movía.

Solo se oía el tic-tac del reloj de la cocina.

Y el latido desbocado de su propio corazón.

Ali cerró la puerta principal despacio detrás de sí, sin hacer ruido.

Se quedó en el pasillo, en guardia, la navaja lista en la mano, la energía roja y violeta empezando a calentar su sangre por debajo de la piel.

—Estoy aquí —susurró, con la voz ronca, para que lo oyeran dondequiera que estuvieran escondidos—. He venido solo. Dejadla ir.

Nadie respondió.

Solo el silencio.

Pesado.

Amenazante.

Ali dio un paso hacia adelante.

Y la trampa se cerró a su alrededor.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play