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La Diosa Del Veneno: Madrastra Fatal.

La Diosa Del Veneno: Madrastra Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Época
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Diosa del Veneno : Madrastra Fatal.

Una asesina letal del siglo XXV, Expertas en venenos y curaciones, muere perseguida y despierta en la época antigua, en un mundo antiguo lleno de prejuicios y abusos. Decidida a sobrevivir, rehacerse y proteger a los cuatro hijos que la otra vida dejó a su cargo, rompe todas las reglas: castiga la crueldad con su propia medicina, se gana el respeto con hechos y construye su propio destino. Una historia de fuerza, justicia y transformación, donde la "mujer débil" se convierte en la ley que nadie se atreve a desafiar.



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Capitulo 4 : PELEA EN EL BURDEL

Los hermanos de Oliver se abalanzaron sobre mí, pero los derrote con la misma facilidad con la que se aparta una mosca. Le puse la punta del cuchillo justo en la entrepierna al hermano mayor, mirándolo fijamente a los ojos:

—Si no entregas lo robado, dejaré a tu hijo preferido incapaz de tener descendencia. Tú decides.

—¡Eres un demonio! —gritó él, pálido como la cera

—. ¡Maldita la hora en la que te casaste con mi hijo! Aquí tienes el dinero… ¡no le hagas daño a mi niño!

—Muy inteligente por tu parte, anciana —le dije guardando las monedas en mi bolsa—. Y te lo diré una sola vez: si vuelven a acercarse a mi casa buscando problemas, no tendré piedad. Me di la vuelta y me marché sin mirar atrás.

Mientras tanto, lejos del pueblo, Oliver seguía luchando contra los bárbaros. Llevaba cinco años lejos de casa, y a veces se preguntaba: ¿Cómo estarán los niños? ¿Y esa mujer tan ingenua con la que me casé? Solo espero que hayan recibido lo que les envío cada mes.

Eva se acercó a él con ternura, intentando abrazarlo, pero él la apartó suavemente.

—Eva —dijo con voz firme—, es cierto que antes fuimos novios, pero te recuerdo que sigo casado. Mientras yo siga siendo esposo de Isabella, no le seré infiel. Así que mantén la distancia.

—Vine aquí por ti —respondió ella con la voz quebrada—. Llevo años usando este disfraz solo para estar cerca de ti.

—Eva, yo nunca te pedí que vinieras —le recordó él—. Estos años te he protegido y cuidado, incluso he ocultado tu identidad para que no te descubran.

—¿Isabella? ¿Esa mujer es tu esposa? —soltó ella con desprecio—. Solo es una mujer sumisa sin carácter. Yo soy quien vale la pena, con fuerza propia, que no depende de nadie.

—Ya basta, Eva —la cortó él, cansado—. No quiero discutir más.

Regresé a casa con el dinero en la mano, calenté agua y me di un baño largo para quitarme el polvo y las huellas de la otra vida. La ropa que llevaba la antigua Isabella era vieja, fea y demasiado ancha para mi figura. Saqué unas tijeras y le hice recortes estratégicos: me gusta vestir con dignidad y mostrar lo que soy. Con mis agujas arreglé las prendas, hasta que me quedé con un vestido azul profundo, de escote generoso.

—¡Madre! —gritó Esteban entrando corriendo, con la cara desencajada—. ¡Mi hermana no está! Su novio se la llevó al Loto Negro… dicen que la va a vender.

—¿Qué? —sentí cómo la sangre me hervía en las venas—. ¿Ese sujeto llevó a mi hija a un lugar de comercio de personas? Quédense todos aquí… yo iré por ella. ¡A ese Carlos Flores lo haré pagar con su propia vida!

—Madre, ese lugar es muy peligroso —dijo Lucas, poniéndose de pie—. Yo sé dónde queda… te acompañaré. Por cierto… madre, estás muy hermosa hoy. Tu cuerpo luce más hermoso, más firme… pareces mucho más joven y radiante. No pareces una mujer de treinta y dos años.

Le di un golpe suave en la cabeza con el puño, pero sin perder la seriedad:

—¡Mocoso! ¿Acaso te estás fijando en tu propia madre? Y escucha bien: una mujer de treinta y dos años sigue en la plenitud de su vida, eso no tiene nada de extraño.

Mientras caminábamos hacia el burdel, los aldeanos no dejaban de murmurar:

—Esa no parece la misma Isabella… ¿cómo no me había fijado antes? ¡Es una verdadera belleza!

—Qué falta de decoro… mostrándose así a la vista de todos.

—¡Antes andaba toda encorvada y sucia, y ahora camina con la cabeza bien alta!

—A mí me parece bien. Por fin decidió tomar las riendas de su vida.

—Ahora luce distinta, no solo por fuera… su forma de mirar, su paso… irradia seguridad.

—Pobre mujer… sola, cuidando a cuatro hijastros rebeldes, perdiendo su juventud esperando un esposo que seguramente murió hace tiempo en la guerra. Qué suerte tan dura le ha tocado.

Ignoré todos los comentarios y seguí avanzando con paso decidido.

Dentro del burdel, Lucía estaba temblando de miedo.

—Carlos, por favor… llévame a casa —suplicó ella con lágrimas en los ojos.

Él le dio una bofetada fuerte que la tiró al suelo:

—Lucía, yo solo me acerqué a ti para engañarte y venderte. Pobre tonta… ¿creías que te quería?

La dueña del lugar, una mujer de rostro duro, también le dio una cachetada:

—¡Cállate, mocosa! Ahora me servirás a mí. Si me haces enojar, te arrepentirás de haber nacido. El lugar estaba lleno de hombres ruidosos, hasta que la puerta se abrió de golpe con un estruendo.

—¡Qué insolencia! —grité entrando con paso firme—. ¿Quién les dio permiso para tocar a mi hija? ¿Acaso buscan su propia perdición?

Isabella:

Carlos se quedó mirándome de arriba abajo, con una sonrisa asquerosa:

—Vaya… qué belleza. Si hubiera sabido que la madre también era tan hermosa, te hubiera traído a ti primero.

—Tienes mucho valor, Carlos —le dije acercándome poco a poco.

—¡Madre, vete de aquí! —gritó Lucía desde un rincón—. ¡Solo vas a estorbar! ¡No sirves para nada!

—¡Cállate tú también, mocosa! —le respondí sin apartar la vista de Carlos—. La única que ha actuado con torpeza aquí eres tú. Te dejaste engañar por un hombre cualquiera y mira en qué lío te has metido. Tu reputación está al borde del abismo y nadie te respetará… porque yo no supe ponerte límites antes.

Carlos se acercó a mí y me tocó la cara con asco. Lucas intentó defenderme, pero el hombre lo lanzó contra una mesa con un solo empujón.

—Isabella, mejor ríndete —dijo él—. Tus hijos no tienen valor alguno.

—Carlos —le dije con voz fría como el hielo—, te doy tres segundos para que quites tus manos de mi cara.

—¿Y si no quiero? ¿Qué vas a hacer? —se burló él.

Con un movimiento rápido y preciso, le di una patada en el estómago que lo lanzó al suelo. Le quité la daga que llevaba en el cinto y la sostuve con seguridad:

—Te dije que no me provocaras. Te gusta creerte el más fuerte… pues hoy te dejaré sin la capacidad de hacer daño a nadie más.

—¡No te atrevas! ¡No serías capaz! —gritó él, retrocediendo despavorido.

Clavé la daga cinco veces justo en su entrepierna. Todos los hombres del burdel se quedaron mudos, aterrorizados:

—¡Esa mujer está loca!

—¡Hacer algo así sin ningún remordimiento!

—¡Qué mujer tan severa y despiadada!

—¡Cállense de una vez, viejos verdes! —les grité—. ¿Y dicen que soy cruel? ¿Comerciar con mujeres para sus placeres no lo es?

La dueña del burdel, pálida de miedo, corrió a llamar a su primo: un capitán de la guardia imperial.

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Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
inuyasha/ Tomoe🦊
aliado y trasmigrado
Aleida Delgado Santana: Puede ser.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
esa emperatriz viuda ya es hora que pague
Elizabeth Yepez
lo tenía bien merecido
Elizabeth Yepez
y esos hijos son de quien entonces
Aleida Delgado Santana: Sobrinos de Oliver.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
así es nada de sumisa
Elizabeth Yepez
también viene del futuro
Elizabeth Yepez
que busca la vieja inmunda
Aleida Delgado Santana: Solo busca, joder.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
así,se habla esas escorias no merecen perdón
Elizabeth Yepez
vino a poner orden,carajo
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