La vida de Elif se vio trágica cuando el hombre más poderoso del pueblo la obligó a contraer matrimonio. Pero resultaba que era un hombre que cuatriplicaba en edad, por lo que en la consumación, murió de un infarto, quedando ella como heredera de toda esa fortuna.
Elif creyó que todo terminaba ahí, no obstante, aparecieron los familiares de aquel hombre, y la obligaron a contraer matrimonio con el nieto de su difunto esposo, un joven de 23 años, que la odiaba y despreciaba con cada segundo de su vida, por haberse quedado con todo lo que les pertenecía.
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18
—¿Tiene tiempo para hablar, señorita Elif?
Mert le abrió la puerta del auto y ella subió. Corrieron unos metros, esperaron que el semáforo cambiara y doblaron en la siguiente cuadra para tomar el redondel y así tomar la vía que los indujera al parqueadero del centro comercial.
—Comeremos algo y te llevo a casa.
Si por Elif fuera, no volvería a esa casa, pero no tenía dónde más ir.
Elif junto a Mert subieron el ascensor llegando hasta el primer piso. Caminaron por los abarrotados pasillos y se introdujeron en uno de los restaurantes de dicho lugar.
Ya dentro, Mert retiró la silla. Tímidamente Elif agradeció y procedió a sentarse.
—¿Qué vas a pedir?
Ella no sabía qué vendían en esos lugares tan refinados, por ello se alzó de hombros.
—¿No te molesta que pida por los dos?
Negó.
—Bien, entonces pediré por los dos.
Una vez hecho el pedido, cuestionó:
—¿Todo bien en tu casa?
—Despidieron a todos los empleados. Hay gente nueva en el servicio —solo dijo eso, y cuando recordó lo que Burak le había hecho bajó la mirada.
—Sí, me llamaron a informar —Mert suspiró y dijo—: ¿Sabes? Eres tú la que pagará a todos esos empleados, por lo tanto debes usar tu poder para tenerlos de tu parte. Si tú quieres puedes despedirlos y devolverle el trabajo a los que tenías antes —aconsejó, pero Elif sabía que, si hacía eso, tendría de enemigo a los Demir y mientras conviviera con esas personas no podía darse ese lujo—. No dejes que pasen sobre ti, porque ahí la dueña eres tú.
—¿De qué sirve que yo sea la dueña si ellos tienen más poder? Yo no sé ni qué hacer ni cómo dominar todo ese dinero. Además, no siento que sea mío.
—Es tuyo, y no deberías dejar que ellos se lo malgasten —Mert se acercó más—. Escucha, si vieras las cosas de una mejor visión te darías cuenta de que tú tienes el poder, y que ellos deberían ser los que te temieran. Sin ti, ellos no podrán seguir teniendo la vida que tienen. Sin ti, Selin no estaría de viaje en viaje, Reyhan no podría ir de compra en compra, Cem no tendría dinero para el casino, y el idiota de tu esposo tendría que trabajar para pagar su universidad. ¿Ves cómo eres imprescindible para ellos? Necesitan tanto de ti que, si dejaras de acceder, se arrodillarían ante ti.
Elif jamás permitiría que alguien se arrodillara delante de ella. Eso era algo detestable ante sus ojos y su corazón, que aún era noble e inocente. No existía ni odio, menos desprecio.
—¿Cómo fue que pudiste volver a la universidad? —desde que su hermana le avisó que Elif estaría al día siguiente en la universidad, no dejó de preguntarse cómo consiguió que la dejaran estudiar si había dicho que Burak se lo impidió.
—Les firmé el contrato.
Esperaba que Mert se mostrara enojado; sin embargo, el abogado mantuvo la calma. Sabía que después de lo que su padre había hecho, Burak Demir no sería más que un empleado. Lo que le preocupaba era que Elif terminara enamorada de él y accediera a tener hijos, pero por lo que su hermana le había contado, Burak odiaba a Elif y no se le acercaba, y ella tampoco hacía por buscarlo ya que sentía terror de él. Por tal razón se despreocupó de ese tema.
—¿No ha pasado nada más? —miró a la joven que bajó la mirada, y cuando la vio negar agarró del vaso y bebió el líquido que contenía—. No dejes de informarme cualquier cosa que suceda ahí dentro —pasó la servilleta por sus delgados labios—. Elige dos de los empleados que tenías antes y los regreso a esa mansión: una para que te sirva dentro de casa y el otro para que te acompañe a donde vayas. Pero debes enfrentar a los Demir para que los dejen quedarse. De lo contrario los despedirán y, mientras tú no hagas nada, yo no podré ayudarte.
El teléfono de Mert empezó a vibrar. Sobre la pantalla vio el nombre y no hizo por contestar. Esperó que Elif le diera los nombres de los empleados que quería de regreso. Una vez obtenidos los nombres se levantó.
—Vamos para dejarte en casa.
—¿Puedo quedarme un momento más?
Mert la comprendió. No debía ser nada fácil convivir con esa gente.
—Ok. ¿Tienes dinero para el taxi?
Asintió. Luego de eso el abogado se fue dejándola.
Apenas este desapareció, Henna y Hannah se acercaron. Eran dos mellizas, las mismas con las que se encontró en el baño el primer día que fue a clases. Ella no las recordaba porque no las miró, al igual que no miró a Emir.
Al momento en que ellas ocuparon las sillas vacías, Elif levantó la mirada encontrándose con dos extrañas.
—¿Nos recuerdas? —se quedó sin respuesta—. Somos las chicas que entramos al baño cuando estabas con Burak ahí dentro.
Elif frunció el ceño.
—Bueno, si no recuerdas nos presentamos. Somos Hannah y Henna. Y tú, ¿cómo te llamas?
Tras saber el nombre de Elif, las jóvenes dijeron:
—Elif, ¿sabes que el hombre que acaba de salir, ese que estaba sentado contigo, es casado?
La amabilidad se fue de las mellizas.
—Yo… —iba a explicar que no tenía nada con Mert, que solo era su abogado; no obstante, las chicas no la dejaron hablar.
—Ese hombre es el esposo de nuestra prima, y tú eres la amante —dijeron en alta voz para que todos los que se encontraban en el restaurante escucharan.
Elif quiso defenderse de las falsas acusaciones; sin embargo, una de ellas le lanzó el jugo en la cara.
—Eres una mujerzuela. La familia a la que perteneces no te ha sabido educar.
Elif pasó sus manos por el rostro para limpiar su visión. Cuando miró alrededor, vio el reproche en los ojos de todos, y en la entrada se encontró con la mirada de Burak, quien apenas vio ese bochorno se dio la vuelta y salió.
—Yo no tengo nada con él —dijo al pararse.
—Por favor, no vengas a negarlo. Te vimos almorzando con él. Eres una gata quita maridos, pero cuando mi prima se entere dónde estudias vendrá a sacarte los ojos.
Elif quiso irse, pero las mellizas no querían dejarla ir, no hasta avergonzarla más de lo que ya lo habían hecho.
—Déjenla —dijo Emir. Se paró enfrente y, con su presencia, las mellizas se retiraron.
Elif agradeció por la ayuda, pero no se quedó a platicar con él. Estaba mojada por el pecho, por ello salió rápido del restaurante. Emir iba a su lado. Caminaban por los pasillos. A varios metros se encontraba Burak compartiendo con unos amigos en una heladería. Al ver pasar a Elif con su primo, sus celestes ojos se encandilaron.