Un año después de haber arrestado a Erik Cahill, el gran amor de su vida y un virtuoso falsificador de arte, la agente del FBI Jessica Fletcher vive consumida por la culpa y entregada al trabajo. Sin embargo, un audaz robo en un prestigioso banco de Washington D.C. deja como única pista billetes falsos marcados con la marca imperceptible de un dragón. Esta firma revela el peligroso regreso de la "Hermandad de los Dragones", el imperio criminal liderado por Isaac Cahill, el despiadado padre de Erik.
Para desmantelar la organización desde adentro, el FBI otorga a Erik la libertad condicional como consultor encubierto. Jessica es asignada a custodiarlo bajo una identidad falsa. Juntos viajan a San Petersburgo para adentrarse en la guarida del enemigo. Entre el peligro inminente, mentiras calculadas y un tenso reencuentro que revive viejas heridas, ambos deberán enfrentar el pasado para sobrevivir a una misión donde la justicia, la lealtad y el amor están en juego.
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CAPÍTULO XV.
CAPÍTULO XV.
San Petersburgo, Rusia.
Helvetia Hotel.
09:15 a.m.
Jessica se despertó con el olor a café recién hecho y los fracasados intentos de Erik por parecer silencioso.
—Buenos días. —Exclamó ella, frotando sus ojos.
—No quise despertarte. —Murmuró él, mientras le acercaba una taza de café a la cama.
Jessica tomó la taza con ambas manos y levantó la mirada.
Erik soltó la taza, dándose cuenta de la situación.
Otra vez. Otro acto involuntario.
—Gracias. —Respondió ella.
Erik se enderezó y se alejó.
—Mi padre me ha llamado. —Dijo. —Pero quiere que vaya solo.
Jessica levantó la mirada inmediatamente.
—¿Qué? —preguntó, dejando la taza sobre la mesa—. Claro que no. Eso está fuera de discusión.
—Jess...
—No. —Lo interrumpió—. Acordamos que no ibas a hacer nada solo. No después de lo que pasó anoche.
Erik permaneció en silencio.
Jessica se acercó a él.
—Tu padre sabe que soy importante para ti. Lo sabe. Y si ahora quiere que vayas solo, no creo que sea una coincidencia.
—Precisamente por eso necesito ir.
Jessica frunció el ceño.
—¿Qué estás diciendo?
—Que si aparecemos juntos cada vez que él me llama, va a empezar a preguntarse por qué.
—Que se pregunte lo que quiera.
—No funciona así, Jess.
Erik bajó la mirada durante un instante antes de volver a mirarla.
—Si quiero que confíe en mí, tengo que demostrarle que sigo siendo el mismo.
Jessica negó lentamente con la cabeza.
—¿Y si esto es una trampa?
—Entonces tendré que descubrirlo antes de que sea demasiado tarde.
—Erik...
Él se acercó un poco más.
—Confía en mí.
Jessica sostuvo su mirada durante varios segundos.
—Eso es justamente lo que me estás pidiendo que haga cuando todo me dice que no lo haga.
Erik sonrió apenas.
—Lo sé.
Ella suspiró.
—¿Vas a decirme al menos dónde vas?
—No lo sé todavía.
Jessica cerró los ojos un instante, resignada.
—Odio cuando haces eso.
—¿Qué cosa?
—Cuando sabes que tienes razón y encima lo sabes.
Erik soltó una pequeña risa.
—Volveré pronto.
Jessica lo observó alejarse.
—Más te vale, Cahill.
***
San Petersburgo, Rusia.
Base de operaciones - Orden de Los Dragones.
Avenida Nevsky.
10:46 a.m.
—Viniste solo —exclamó Isaac.
—Querías que viniera solo.
Isaac asintió.
Tomó asiento en el sillón de su despacho, mientras Erik se sentó frente a él. Ambos quedaron separados por un escritorio de roble.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada. Isaac simplemente lo observó. Erik conocía demasiado bien esa mirada. Su padre no estaba intentando conversar con él. Lo estaba evaluando.
—De verdad me alegra que hayas regresado —murmuró Isaac finalmente—. Pero tú sabes cómo es esto.
Hizo una pausa.
—Necesito que pruebes tu lealtad.
Erik arqueó una ceja.
—¿Todavía dudas de mí?
Isaac sonrió.
—No dudo de ti. Dudo de lo que pudo haber cambiado durante un año.
Erik no respondió.
Isaac se inclinó ligeramente hacia adelante.
—La prisión cambia a las personas.
—A algunas.
—¿Y a ti?
—A mí me dio tiempo para pensar.
Isaac soltó una risa seca.
—Eso es justamente lo que me preocupa.
Erik sostuvo su mirada.
—¿Qué quieres que haga?
Isaac sonrió.
—Directo al punto.
Se acomodó en el sillón, mientras Erik esperaba que continue.
—¿Dónde está tu chica, Erik?
Erik no movió un solo músculo.
—No sabía que te interesaba tanto Jessica.
El rostro de Isaac cambió apenas.
—Así que ahora se llama Jessica.
Silencio.
Erik comprendió inmediatamente que había cometido un pequeño error.
Isaac sonrió.
—No te preocupes. No necesito que me expliques quién es.
—Entonces, ¿por qué preguntas?
—Porque quería saber si ibas a mentirme.
Erik lo observó en silencio.
—Y bien... —continuó Isaac— ¿Dónde está?
—En el hotel.
—¿Esperándote?
—Probablemente.
Isaac asintió lentamente.
—Curioso.
—¿Qué cosa?
—Que después de todo lo que ocurrió, sigas permitiendo que esa mujer esté cerca de ti.
Erik endureció la mandíbula.
—No estamos hablando de ella.
—No. —Isaac sonrió—. Estamos hablando de ti.
Erik guardó silencio.
Isaac se puso de pie y caminó lentamente alrededor del escritorio.
—Quiero que entiendas algo, Erik. No me importa con quién te acuestes, a quién ames o quién te acompañe.
Se detuvo detrás de él.
—Lo único que me importa es saber si todavía puedo confiar en mi hijo.
Erik giró lentamente la cabeza.
—Entonces dime qué necesitas.
Isaac regresó a su lugar y tomó una carpeta que descansaba sobre el escritorio.
La abrió.
—Hay una pieza que necesito.
Erik miró la carpeta.
—¿Qué pieza?
Isaac deslizó una fotografía sobre la mesa.
—Quiero que la robes.
Erik tomó la fotografía y la observó durante unos segundos.
—¿Dónde?
Isaac sonrió.
—Ahí está la parte interesante.
Hizo una pausa.
—No quiero que simplemente la robes.
Erik levantó la mirada.
—Quiero que entres, la tomes y salgas sin que nadie sepa que estuviste allí.
Erik volvió a mirar la fotografía.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Eso sí suena como un trabajo para mí.