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El Hombre Que Me Eligió

El Hombre Que Me Eligió

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:256.1k
Nilai: 3.2
nombre de autor: MeriGrei

A pocos días de su boda, Valentina descubre que su hermana está embarazada de su prometido y que su familia apoyaba esa infidelidad. Valentina no lloro, no grito, no reclamo, solo hizo las maletas y salió de esa casa donde siempre ha sido la que sobra.
Pero justo cuando ella creía estar sola, aparece en su vida Mateo Alcázar, el hermano mayor de su ex prometido. Mateo siempre llega en el momento justo cuando ella necesita respaldo y para poder protegerla de todo lo que está por venir, Mateo le pide que se case con él, así estará bajo su protección y nadie podrá volver a humillarla.
¿Aceptara Valentina la propuesta? ¿Por qué Mateo está dispuesto a protegerla?

NovelToon tiene autorización de MeriGrei para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

Capítulo 1

La noche en que mi hermana dijo que estaba embarazada de mi prometido, yo estaba parada del otro lado de la puerta, con los dedos helados sobre el picaporte.

No entré enseguida.

Me quedé ahí, escuchando como una idiota, porque una parte de mí todavía esperaba haber entendido mal.

—¿De quién es? —preguntó mi papá.

Su voz salió rara. Grave, pero rota.

Camila lloró más fuerte.

—De Federico.

Federico Alcázar.

Mi prometido.

Sentí un ruido en los oídos. Afuera llovía con ganas, de esa forma exagerada que tiene Buenos Aires cuando decide ponerse dramática. Pero adentro de la casa no hacía falta ningún trueno. Camila acababa de tirar el techo abajo.

—¿Cómo pudiste? —gritó mi papá—. ¡Es el prometido de tu hermana!

—Él ya no la ama, papá. Me ama a mí. Y este bebé también es suyo.

Qué conveniente.

Un bebé.

Una panza chiquita y ya podía borrar cinco años de espera, un compromiso anunciado, una familia entera fingiendo que nada raro había pasado.

Elena, mi madrastra, se acercó a Camila como si la víctima fuera ella.

—Ernesto, por favor. No la alteres.

—¿Qué no la altere? —mi papá golpeó algo, quizá la mesa—. ¡Se acostó con Federico!

—No lo digas así —sollozó Camila—. Nosotros nos queremos.

Me reí sin hacer ruido.

Claro. Amor.

Siempre era amor cuando alguien quería quedarse con algo que no le correspondía.

—Ese bebé no puede nacer —dijo mi papá—. Mañana mismo vamos al sanatorio.

—No. —La voz de Camila cambió. De golpe dejó de sonar tan frágil—. Si me obligas a abortar, me tiro por la ventana.

Ahí abrí la puerta.

Los tres giraron al mismo tiempo.

Camila seguía arrodillada en la alfombra, con la cara mojada y una mano sobre el vientre. Elena estaba a su lado. Mi papá parecía diez años más viejo.

Yo debía parecer tranquila.

Por dentro tenía ganas de vomitar.

—No hace falta tanto show —dije.

Camila abrió los ojos.

—Valen...

—No me digas Valen.

Mi papá dio un paso hacia mí.

—Hija, escúchame.

—No. Ya escuché bastante.

Elena bajó la mirada. Eso me confirmó lo que yo ya sabía.

—Ustedes ya tenían fecha, ¿no? —pregunté—. Para la boda de Camila y Federico.

Nadie contestó.

Me dolió igual. Qué estúpida. Lo sabía y aun así me dolió.

—Cinco días —dije—. Hace cinco días volví al país y encontré a Federico saliendo del cuarto de Camila. Me dijeron que estaba confundida. Que estaba cansada del viaje. Que no armara quilombo.

Camila empezó a llorar otra vez.

—No quería lastimarte.

—No, querías mi lugar. Es distinto.

—Yo lo amo.

—Quédatelo.

Mi papá abrió la boca.

—Valentina...

—En serio. Que se case con ella. A ese hombre no lo quiero.

Mentira.

Lo había querido.

Lo había esperado cinco años como una imbécil, aferrada a una promesa que Federico me hizo antes de que me mandaran afuera a cargar con los problemas de todos. “Cuando vuelvas, nos casamos”.

Qué frase de mierda.

Camila me miró como si no me creyera.

—¿No vas a pelear?

—¿Por Federico? No.

Eso le molestó. Lo vi clarísimo. Ella quería ganarme algo. Necesitaba que yo llorara, que suplicara, que hiciera el papel de hermana abandonada.

No le di el gusto.

Subí a mi cuarto y metí ropa en una valija. Lo hice mal. Tiré vestidos, zapatos, un cepillo, dos libros. No pensé. Si pensaba, me quedaba sentada en la cama hasta romperme.

Mi papá apareció en la puerta.

—No te vayas así.

—¿Cómo querés que me vaya? ¿Con arroz en el pelo?

—Esta sigue siendo tu casa.

Me reí. Esta vez sí se escuchó.

—No, papá. Esta casa me alquiló por temporadas. Cuando servía para el apellido, era hija. Cuando molesté, me mandaron lejos. Ahora Camila está embarazada y volvés a necesitar que no haga ruido.

—No es así.

—Entonces decime que no sabías lo de la boda.

No pudo.

Listo.

Bajé con la valija. Federico estaba en el living. No sé cuándo llegó. Llevaba el saco mojado por la lluvia y esa cara de hombre que quiere pedir perdón sin perder nada.

Camila se pegó a su brazo.

—Valentina —dijo él.

Le di una cachetada.

El sonido fue hermoso.

Federico se tocó la mejilla, sorprendido. ¿En serio? ¿Qué esperaba, un abrazo?

—Con esto no pagás nada —le dije—. Pero al menos me saco las ganas.

—Yo nunca quise que pasara así.

—Pero pasó. Y vos estabas ahí.

Camila gimoteó.

—No lo culpes solo a él.

La miré.

—Tranquila. A vos también te culpo.

Me fui antes de llorar.

Al día siguiente vendí mis cuadros en una galería de Palermo. Todos. Sin elegir, sin despedirme, sin ponerme sentimental. Necesitaba plata para un departamento chico y una cerradura que no abriera nadie de mi familia.

La dueña me llamó veinte minutos después de colgarlos.

—Hay un comprador interesado en todo.

—¿Todo?

—Todo.

Pensé que era una broma.

No lo era.

El hombre que llegó no parecía comprador de arte. Parecía guardaespaldas de un presidente o abogado de alguien peligroso. Traje oscuro, anteojos, cara seria.

—Bruno Herrera —se presentó—. Trabajo para el señor Alcázar.

El apellido me cayó pésimo.

—No hago negocios con esa familia.

—Ya aceptó vender.

—No sabía quién compraba.

—Él sí sabía quién pintaba.

Lo odié un poco por decirlo tan tranquilo.

Me pagó una suma absurda. Demasiada. Tan demasiada que me dio vergüenza necesitarla.

—¿Por qué? —pregunté.

—Mi jefe admira su obra.

—Su jefe no me conoce.

Bruno no respondió.

Cuando salió, lo seguí hasta la vereda. Había un auto negro estacionado bajo la lluvia fina. La ventanilla bajó.

Y ahí estaba él.

Mateo Alcázar.

No lo conocía, pero mi cuerpo reaccionó como si tuviera que tener cuidado.

Era joven, demasiado elegante, con una calma que no combinaba con nada de lo que me estaba pasando. Me miró sin apuro, como si yo fuera la única cosa de la cuadra que le importaba.

—Gracias por comprar mis cuadros —dije, porque alguna educación me quedaba.

—No me agradezcas algo que quería hacer.

Su voz era baja. No dulce. Peor. Segura.

—¿Nos conocemos?

—Todavía no.

Me molestó esa palabra.

Todavía.

—Si sos familia de Federico, no tenemos nada que hablar.

—Soy su hermano.

Genial.

—Entonces menos.

Él miró mi valija, mi pelo húmedo, mis manos apretadas.

—Te puedo llevar.

—No necesito que otro Alcázar me lleve a ninguna parte.

—Federico no cuenta como Alcázar útil.

No quería reírme.

Casi me salió.

—No me conocés —dije.

—Conozco tus cuadros.

—No es lo mismo.

—No. Pero alcanza para empezar.

Me fui caminando, aunque llovía. A media cuadra miré hacia atrás.

El auto seguía ahí.

Esa noche, en mi departamento nuevo, abrí la invitación al casamiento de Camila y Federico.

La dejé sobre la mesa.

Después saqué un vestido negro del placard.

No iba a ir a sufrir.

Iba a mirarles la cara.

1
Jennifer Macupido
y tú no te dejas ayudar, ya madura
Hiradia Cohen
Realmente ahi si hubo un vacio pensé que iba pintando iendo en el carro senti qué me perdi de algo aunque la historia siga siendo interesante esos detalles hay que cuidar
Rosana Heppner
va repitiendo texto
Yanira Mendoza
Es buena pero repetitiva
Yanira Mendoza
Repite muchas escenas. La del café, la de la puerta, la del baño y el pasillo y las frases
Mariana Blanco Belmonte
Escritora, como comenté anteriormente, si una novela no me gusta, dejo de leer y ya. Esto que voy a decir espero lo lea y le sirva. Van varios capítulos que copia parte de otro, que pone frases que no van con la secuencia de lo que se está narrando. Por ejemplo, "ya dentro del auto dijo" y a continuación "al salir de la casa lo tomé del brazo", o están dentro del auto, o van saliendo de la casa?
Por otro lado, es la segunda novela suya que leo y me llama la atención que está usando los mismos nombres y apellidos de otra novela suya. Entiendo que es otra trama pero, ¿no sería mejor usar otros nombres y apellidos? Es confuso.
Mil disculpas de antemano si le parezco ofensiva pero no es para ofender.
Mariana Blanco Belmonte
Se repitió o ya se enredó aún más 😂
Nidia Betancourt
Saludos escritora.. No ponga cuidado a malos comentarios. La que no quiera seguir leyendo, que escriba su propia novela..
Mariana Blanco Belmonte: Así es... Leo muchísimo y cuando una novela no me gusta, no le entiendo o me parece aburrida, no continúo leyendo y ya. Para que hacer comentarios que no suman y que sólo quitan tiempo.
Me gusta su novela, las de intriga, uno tiene que leerlas hasta el final.🥰
total 1 replies
Pany Rojas
ya me aburrió!!!!! hasta aquí llegué.
María Fernanda Bustamante
Quedé casi por el comienzo 😅 ojo, no lo digo para desanimarte ni nada es solo mi opinión. Sentí que algunos diálogos estaban como muy vacíos me faltó un poquito más de emoción y que se sintiera lo que estaban viviendo los personajes sé que no es fácil escribir y hacer que todo conecte pero creo que con práctica se puede ir mejorando muchísimo. Igual muchos éxitos con tu historia y espero que sigas escribiendo
Eliseo Reyes
solo el resumen de la novela me gustó pero se repite todo asco
Carmen Salgado
Buena novela, gracias autora
Silvia Lima
Que fastidio con las lectoras, nadie las obliga a leer. Dejen de criticar a la autora y póngase a escribir ustedes
momis: Silvia Lima toda la razón 🤣
total 1 replies
Graciela Saiz
ese Tomas ya me cae gordo 🤬
Graciela Saiz
la verdad , ella me desagrada como se comporta 😏
Marina Del Carmen Pereira DE Las Salas
definitivamente que familia tan sucia pobre Valentina
Marina Del Carmen Pereira DE Las Salas
muy tonta al ir con esa. familia. tóxica y un papa manipulado por la mujercita esposa
Adriana Caturelli
Que novela largaaáa la protagonista que histérica vueltas y vueltas no me gusto
Angela Solinas: que le pasó a esta autora ? tiene algún problema que no termina las novelas?
total 2 replies
Cristina Minetti
no me gusto. menos q simule tanta mafia en Buenos Aires
Edith Quevedo
sii .uy mala historia .ya me aburrió .la dejo ya
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