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Volver A Vivir No Está Mal

Volver A Vivir No Está Mal

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Venganza
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yinet Leonor

Noelia Pérez es una mujer mayor de 89 años que muere de un ataque al corazón, pero inexplicablemente despierta en otra realidad. No se ha convertido en ninguna preciosa jovencita, sigue siendo una mujer mayor, pero esta vez tiene unos 50 años, un gato tuerto, una casa desvencijada y un nieto delicado que viene a vivir por ser rechazado por su preferencia sexual. ¿Qué hará Noelia con esta nueva vida? Acompáñame y verás como solo hay que desear vivir con mucha fuerza para brillar desde la miseria más absoluta.

NovelToon tiene autorización de Yinet Leonor para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sentimientos frustrados

La noticia de que Lían y Megan eran novios tardó exactamente tres horas en traspasar las puertas del instituto, cuatro en convertirse en titular oficioso del Valle y seis en llegar hasta la montaña. Lía había cambiado aquel día su turno de entrenamiento con el profesor de Hockey, el hombre se preparaba para un evento importante. Por eso no había bajado al Valle, pero las noticias, como las malas hierbas, siempre encontraban la manera de crecer en cualquier terreno y aquella llegó a la montaña en boca de Amparo.

-¡No vas a creerte esto, Noelia! ¡Tu nieto tiene novia! -Noelia, que estaba sirviendo café, levantó lentamente la mirada.

-¿Lían?

-Sí

-¿Desde cuándo? No me ha dicho nada.

-Bueno, parece que desde hace poco. No lo sé exactamente, pero puedo averiguarlo. Aunque yo ya me lo figuraba desde la noche de la fiesta. En la pista de baile ya se veía que tenían química. Todo el mundo opina lo mismo. -Noelia dejó la cafetera sobre la mesa.

-Pero ¿de quién estás hablando? -Amparo la miró como si acabara de anunciarle que el Valle había descubierto el fuego.

-Pues de la preciosa Megan. La jefa de las porristas. La hija del abogado Ferrer. -Noelia frunció ligeramente el ceño.

-¿Pero esa chica no estaba enamorada de Mateo?

-No. Eso es lo que todo el mundo pensaba. Ella ocultó muy bien su propósito. Quizás esa era su forma de poner celoso a Lían.

-No sé... puede ser... -Noelia permaneció pensativa unos segundos. No parecía escandalizada. Tampoco especialmente emocionada. Simplemente intentaba colocar aquella pieza nueva dentro de un rompecabezas que, de pronto, parecía tener demasiadas piezas. Al cabo de una taza de café, levantó la mirada hacia Amparo.

-No has subido a la montaña solamente para decirme eso. -Amparo abrió mucho los ojos.

-¡Ah, Dios mío! ¡Las gallinas!

-¿Qué gallinas?

-Las que te envía Marcelo. Las he dejado a unos cincuenta pasos de la entrada. Estaba cansada y luego, con la noticia, se me olvidaron. ¿Dónde está Capitán? -ambas mujeres se precipitaron hacia la puerta. La escena que encontraron habría podido pertenecer perfectamente a una comedia. Las cuatro gallinas estaban alborotadas, corriendo de un lado a otro de la jaula mientras Capitán las acechaba con la paciencia de un depredador profesional.

-¡No, Capitán! -gritó Noelia. -el gato se detuvo. La miró con su único ojo. Después miró a las gallinas. Finalmente volvió a mirar a las dos mujeres. Su expresión parecía decir con absoluta claridad: se acabó la diversión. Maulló con evidente indignación. Amparo ya había conseguido atrapar la enorme jaula con las cuatro aves dentro.

-¡Este gato va a acabar con ellas!

-No. Solo le gusta jugar.

-Sí claro. Yo también juego con la comida. -dijo Amparo.

Capitán las siguió durante todo el trayecto, ofendido porque alguien hubiese decidido introducir cuatro criaturas nuevas en su territorio sin pedirle permiso. Un rato después, en la parte más cruda de la cueva, donde los rayos de sol se filtraban por la abertura del techo, las nuevas inquilinas fueron instaladas en el gallinero construido semanas atrás. Era un espacio adecuado, amplio y protegido. Las gallinas tardaron poco en aceptar su nueva residencia.

Picotearon aquí y allá. Escarbaron. Exploraron.

Una incluso se sentó sobre una pequeña montaña de paja como si hubiese decidido que aquella era, desde ese preciso instante, su propiedad privada.

De vez en cuando las cuatro miraban desconfiadas hacia su peligroso vecino.

Capitán, al otro lado de la malla, las contemplaba con una concentración casi enfermiza. Tenía ganas de desplumarlas. Aquellas escandalosas plumíferas habían llegado a su reino y peor aún, no parecían impresionadas por su autoridad. Así comenzó una guerra silenciosa en el Reino Animal de la cueva. Mientras tanto, en el instituto, comenzaba otra y aquella no tendría nada de silenciosa. Andrés se había escapado aquel día de las dos últimas clases. Por primera vez. Aritza lo descubrió cuando llegó el almuerzo y lo encontró entrando al comedor con una expresión que parecía anunciar una tragedia nacional.

-Te saltaste las últimas dos clases.

-La escuela es aburrida y lo que enseña ese profesor ya lo aprendí hace años. Además tenía cosas que hacer.

-¿Qué cosas?

-Cosas. -Aritza lo observó.

-Esa es la peor explicación que he oído en mi vida. -Andrés se encogió de hombros. No estaba dispuesto a explicarle a nadie que llevaba dos horas sentado detrás del gimnasio intentando entender por qué una noticia que, objetivamente, no debería importarle, le había provocado una furia que no sabía dónde colocar. Mientras tanto, Mateo sufría las burlas de sus compañeros de Hockey.

-Tu primo te ha tumbado la novia. Eso te pasa por lento. -Mateo levantó la mirada.

-Megan no es mi novia.

-Claro. Eso lo sabemos. Es la novia de Lían.

-No. No es eso lo que quise decir. Lo que digo es que Megan nunca fue mi novia y además no es mi tipo. -uno de sus compañeros soltó una carcajada.

-¿No es tu tipo la diva de la escuela? Tío, ve a que te revisen el gusto. Lo tienes estropeado.

-Ah, no fastidien. Me voy a almorzar. Me están arruinando el apetito.

Se marchó dejándolos entre risas, pero la situación empeoró cuando Lían llegó a la mesa. Como todos los días, tomó asiento con ellos. Solo que esta vez Megan ocupó el lugar a su lado desplazando a Andrés sin ceremonia y aquella mínima acción fue suficiente para encender la mecha.

-No me toques. -dijo Andrés con frialdad. -Soy alérgico a las hipócritas. -Megan lo miró sin pestañear.

-Pierde cuidado. Yo soy alérgica a los cretinos.

-Oye, oye, chicos. Calma. -intervino Lían. -Megan es mi novia y necesito que la respeten.

El silencio fue absoluto. Aritza no dijo nada. Mateo tampoco. Ambos se miraron. No necesitaron pronunciar una sola palabra. Aquello no tenía sentido. Algo estaba pasando y tarde o temprano tendrían que coger a Lían por los hombros, sentarlo frente a ellos y sacarle la verdad. Andrés, por su parte, respiró profundamente. Lían saliendo con una chica debía ser motivo de alegría para él. ¿Era su amigo? Apenas. Fue la cruda respuesta. Para Mateo Lian era una de las personas que más quería y Aritza se sentía dolida porque Lían le ocultaba un secreto. Andrés se torturaba. ¿Por qué demonios se sentía así? Clavó el tenedor en la comida. Atacó su bandeja con una saña completamente desproporcionada. Como si aquel almuerzo lo hubiese ofendido personalmente.

El resto de la semana fue un pequeño campo minado. Megan parecía haber decidido que no solamente era la novia de Lían. Parecía decidida a reclamar un territorio y lo hacía con una seguridad que desconcertaba a todos. Se imponía con la sutileza de un choque de trenes. Era rápida para responder. Demasiado rápida. Los insultos nunca eran directos, pero tampoco necesitaban serlo. Los almuerzos se transformaron en una especie de combate verbal donde cada comentario podía esconder una provocación. Lían parecía no darse cuenta. O quizá no quería darse cuenta.

Aritza y Mateo lo dejaron pasar. Querían ofrecer un tiempo para después contraatacar. En cambio Andrés intentó hablar con él. Varias veces, pero siempre ocurría algo. Una clase. Un entrenamiento. Un profesor. Megan. La campana. Una llamada. La vida parecía conspirar para impedir aquella conversación. Hasta que llegó el viernes. El paquete había llegado aquella misma mañana desde la ciudad. Andrés lo había recogido y guardado durante horas. No sabía exactamente por qué estaba tan nervioso. Era ridículo. Solo era ropa. Una deuda. Un baile. Nada más. Esperó a Lían a la salida del pueblo, justo antes del camino que conducía hacia la montaña. Cuando lo vio aparecer, levantó una mano.

-¡Lían! -el muchacho se detuvo.

-¿Qué haces aquí? No tengo tiempo. -Andrés se acercó y le entregó el paquete. -¿Esto es para Lía? ¿Verdad?

-No. Es para ti. -Lían parpadeó nervioso.

-¿Para mí?

-Sí.

-¿Me lo envía tu madre?

-No. Es un regalo mío. -Lían sostuvo el paquete con ambas manos como si de una granada se tratara y esta fuera a estallar al instante.

-¿Por qué me das un regalo? No es mi cumpleaños. -Andrés introdujo las manos en los bolsillos.

-¿Te acuerdas de la deuda? -Lían sonrió aliviado.

-Sí. -después entrecerró los ojos inquisitivamente. -Y ahora vas a cobrarla.

-En efecto. -Lían abrió ligeramente el paquete.

-¿Qué es?

-Ropa. -la sospecha apareció inmediatamente en el rostro de Lian al vislumbrar una tela brillante salpicada de lentejuelas.

-No me digas que ahí viene un vestido y quieres que me lo ponga para ir a clases. -Andrés soltó una risa breve.

-No. No soy tan infantil. Es un traje profesional de patinaje. -la expresión de Lían cambió. Sus ojos se iluminaron.

-¿En serio?

-Quiero que te lo pongas el lunes, al cierre de la pista y bailes para mí. -Lían sonrió. -Me lo prometiste en la fiesta.

-Lo sé. Entonces está bien. El lunes. -Andrés asintió, pero antes de que Lían pudiera asegurar el paquete en el pecho Andrés puntualizó.

-Solo. -Lían frunció el ceño.

-¿Solo?

-Quiero decir que vayas solo. Sin esa novia tuya. -la sonrisa de Lían se apagó un poco. -El acuerdo era que me debías un baile solo a mí. -hubo un instante extraño. Demasiado largo. Demasiado silencioso.

-Está bien. -respondió finalmente Lían. -De todos modos, Megan los lunes va a clases de piano a esa hora. -Andrés levantó la mirada.

-Vaya. Si ya conoces hasta su rutina. -Lían sonrió con una naturalidad que, por alguna razón, le dolió a Andrés.

-Es mi novia, claro. -aquellas dos palabras quedaron suspendidas entre ambos. Mi novia. Andrés bajó la mirada. No quería que Lían viera lo que acababa de pasar por sus ojos. Respiró. Una vez. Dos. Cuando volvió a hablar, su voz era perfectamente normal.

-No te retengo más. Sube, que se hace tarde y el camino se vuelve peligroso. -Lían asintió.

-Nos vemos el lunes.

-Sí y voy a grabar y tomar fotos. Ese es mi interés de la deuda.

Lían arrancó lo moto sin hacer comentario. Andrés permaneció inmóvil. Esperó hasta que la figura del muchacho se perdió entre los primeros árboles. Solo entonces dejó caer los hombros. Durante unos segundos no sintió nada. Absolutamente nada. Después llegó todo. La rabia. La tristeza. Los celos. La vergüenza y por encima de todo, una pregunta que llevaba toda la semana evitando. ¿Por qué me importa tanto? Se sentó sobre el tronco de un árbol caído. Miró el camino vacío.

Había sido él quien había comprado el traje por línea. Él quien había esperado el paquete. Él quien había recordado aquella promesa y también había sido él quien había pedido aquel baile. Solo para él. Porque necesitaba convencerse de que aquel pequeño espacio seguía perteneciendo a los dos, pero ahora Lían tenía novia. Una novia que se sentaba junto a él. Una novia que conocía sus horarios. Una novia que podía tomarle la mano delante de todos. Una novia que tenía derecho a llamarlo suyo. Andrés cerró los ojos.

-Qué idiota eres. -murmuró para sí.

No sabía si estaba hablando de Lían. De Megan. O de él mismo. Quizá de los tres. La verdad era mucho más sencilla y mucho más terrible. No estaba enfadado porque Megan fuese cruel. No estaba enfadado porque Lían hubiese cambiado. No estaba enfadado porque hubiese perdido su sitio en la mesa. Estaba enfadado porque, por primera vez, había comprendido que podía perder algo que jamás se había atrevido a considerar suyo y aquello le dolía más de lo que estaba dispuesto a admitir. Se pasó una mano por el rostro. Después miró hacia la montaña. Allí estaba Lían. Subiendo hacia su casa. Alejándose. Andrés sonrió con tristeza.

-Disfruta tu felicidad, Lían.

Lo dijo en voz baja. Como una promesa. Como una renuncia de algo que nunca fue, pero cuando volvió a analizar, comprendió que ninguna de las dos cosas era completamente cierta. Porque no podía renunciar a algo que nunca había confesado querer. Lían avanzaba esquivando baches y piedras en su moto camino arriba con el paquete atado a su pecho. La sonrisa seguía en sus labios. Era un traje profesional. Uno de verdad. De los que utilizaban los patinadores. Andrés había sido generoso y él cumpliría su palabra y el lunes bailaría para él. La idea lo hacía feliz. Aunque había algo extraño. Algo que no lograba identificar. Se detuvo un momento. Miró hacia atrás. Andrés ya no se veía.

Lían frunció ligeramente el ceño. Durante toda aquella semana había sentido una distancia extraña entre ellos. Más de la habitual. Algo invisible y a la vez tangible. Algo que no sabía cómo nombrar. Quizá era simplemente la noticia de Megan. Quizá Andrés necesitaba tiempo para acostumbrarse a las personas. Quizá... Lían suspiró. No tenía sentido darle tantas vueltas. Sonrió otra vez y continuó subiendo. El sol comenzaba a descender sobre el valle. La luz dorada se filtraba entre los árboles y dibujaba sombras largas sobre el camino y mientras Lían avanzaba hacia la montaña con aquel paquete, la promesa de un baile y la certeza de un hogar que lo esperaba. Capitán se había colado en el gallinero y tanto Noelia como Mateo trataban de contener uno a las aves y la otra al gato.

Capitán ya sujeto en los brazos de Noelia miraba a las gallinas con la silenciosa promesa de expulsarlas de su Reino. Las gallinas en cambio, miraban al gato como al enemigo público número uno. Noelia regañaba a Capitán prometiéndole privación de la cena si volvía a desobedecer. Mateo reparó la cerca y la reforzó incluso por encima. Miraba a Capitán con agravio. El gato lo ignoró como si aquella situación no tuviera nada que ver con él. Lían encontró todo aquello muy divertido y así terminó ese viernes entre emociones desconocidas y confesiones pospuestas, guerras declaradas y risas de alegría. Porque algunas promesas nacen de una deuda. Otras nacen de la amistad y hay unas pocas, las más peligrosas, que nacen cuando dos personas se miran y ninguna de las dos comprende todavía lo que realmente está sucediendo. El lunes aún estaba lejos, pero la música ya había comenzado.

Mateo Pérez

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Elisa Patico
aaaaaa por que Megan es tan comprensiva 😭 quiero no quererla y le guardo un poco de resentimiento porque yo quería un Andrés x Lian, osea yo sé que no es su culpa y no ha hecho nada malo, pero aaaaaaaaa no lo puedo evitar. Sé que ella no se metió entre ellos dos ni nada, pero aaaaaaaaaaaaa, es tan confuso lo que siento, culpo a la autora 😖
Elisa Patico
ya lo ves, la vida es así, tu te vas y yo me quedo aquí 🎶😭
Elisa Patico
es que por queeeeee 😞 si se por que pero por queeeeee 😭
Warriorgame
Es por esto que debía aceptar voluntariamente en vez de lo que pasó. No cualquiera soporta eso.
Yinet Leonor: Así es. Ser atleta de alto rendimiento conlleva sacrificios a niveles que los espectadores nunca ven.🤷
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Warriorgame
La verdad, debieron preguntarle primero.
Yinet Leonor: Sí, por suerte a Lían le gusta lo suficientemente como para no resentir esa decisión de los adultos 😊
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Elisa Patico
Cada vez que leo sobre Andrés, me duele un poquito. Gracias a Dios nunca me ha pasado lo de él, de amar a alguien en silencio, desde la distancia y ver cómo es feliz con alguien más, pero si he tenido desamores y si eso ya duele, no me imagino lo que vive él. Ojalá pueda encontrar a alguien que lo ame de la misma manera, con quién no se tenga que esconder y que lo acepte tal y como es ❤️ de pronto en la universidad?
Yinet Leonor: Paciencia 🤣🤣🤣🤣🤣
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Marita Peña
YA LO ENTENDERAN
Yinet Leonor: Claro que sí. Cuando crezcan.
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Marita Peña
EXACTO SON AMORES DIFERENTES
Yinet Leonor: Exactamente y el corazón tiene capacidad ilimitada para amar.
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Marita Peña
ES COMPLEJO SON ADOLESCENTES Y ESTAN CELOSOS HASTA CAPITAN ESTA CELOSO
Yinet Leonor: Así es, los dos han sufrido traumas y ven en Noelia su personas segura.😊
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Marita Peña
CAPITAN ES BRAVO 🤣🤣🤣
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣🤣Sí y muy territorial🤣🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Ya dijo que no lo hará. No parece que tenga malas intenciones.
Yinet Leonor: A esa edad la seguridad es muy importante. Naturalmente los temores salen a flor de piel.🤷
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Elisa Patico
son cosas que van a ir comprendiendo con el tiempo, a medida que crecen y van madurando
Yinet Leonor: Claro.🤷
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Elisa Patico
jajajajaja vaya forma de romper el hielo
Yinet Leonor: Es un hombre con sentido del humor 🤣🤣🤣
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Aniramairos
Es increíble que muchos piensen (no solo los adolescentes), que si ya pasas de cierta edad no puedes amar, tener emociones o lo peor, tener relaciones sexuales, lo que yo puedo decirle a las personas que piensan así es que se ocupen de sus vidas y dejen ser feliz a los demás 🤭.
Yinet Leonor: Exactamente porque el amor no tiene edad 😊
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Aniramairos
En las cosas del amor es normal sentir nervios y mariposas en el estómago, sin importar la edad que tengas 🤭.
Yinet Leonor: Así mismo 😊
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Elisa Patico
pequeños bribones 🤣 y que harán cuando se vayan a la universidad? o formen su propia familia? 🤣 ella más que nadie tiene derecho a volver a darse un chance en el amor, ustedes no siempre van a estar ahí, tarde o temprano se irán y haran su propia vida
Yinet Leonor: Totalmente de acuerdo, pero quién se lo explica a dos adolescentes inseguros 🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Espero que no busquen enfermarse intencionalmente pensando en que pueden tomar medicinas y que sólo sea una frase romántica.
Yinet Leonor: No, claro que no piensa en enfermar. Solo quiere dejar claro sin romanticismo que estar a su lado implica apreciar cada instante de la vida más allá del pensamiento convencional.
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Elisa Patico
para que periódico 🤣 para que redes sociales 🤣 si te puedes enterar más rápido con Amparo
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣🤣 Así mismo. Tiene alma de periodista 🤣🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Pues con cincuenta ya no es tan joven. Si quiere iniciar algo, que no se demore.
Yinet Leonor: No al contrario con esa edad se valoran las cosas importantes y la prisa se destierra de la lógica.🤷
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Elisa Patico
siempre, sin importar la edad, deberías buscar a alguien con quien compartir la vida, cualquiera te la puede cambiar, pero no cualquiera esta dispuesto a caminar a contigo a tu lado
Yinet Leonor: Así es y un poco de soledad no hace mal, pero mucha nos mata el alma
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