¿Crees que el destino puede unir a dos personas en el peor momento de sus vidas?
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Capítulo 23: El abuelo
La revelación de Alejandro dejó a todos en silencio.
Valeria no podía dejar de pensar en una sola frase:
“Tu abuelo está vivo.”
—No puede ser —dijo finalmente—. Mi abuelo murió antes de que yo naciera.
Alejandro negó con la cabeza.
—Eso fue lo que te hicieron creer.
—¿Quién?
Alejandro miró a Roberto.
—Tu padre.
Valeria giró lentamente hacia Roberto.
—¿Tú sabías que mi abuelo estaba vivo?
Roberto bajó la mirada.
—Sí.
Valeria sintió una mezcla de tristeza y rabia.
—¿Cuántos secretos más existen?
—Demasiados —respondió Roberto.
Daniel intervino.
—Entonces dejemos de escondernos. Queremos toda la verdad.
Roberto respiró profundamente.
—Tu abuelo se llamaba Gabriel Rojas. Fue uno de los hombres que descubrió la red de corrupción mucho antes que nosotros.
—¿Y por qué desapareció?
Alejandro respondió:
—Porque descubrió quién la dirigía realmente.
Valeria preguntó:
—¿Quién?
Alejandro guardó silencio.
—Todavía no puedo decirlo.
Valeria negó con la cabeza.
—Siempre es lo mismo.
Se alejó unos pasos.
Adrián la siguió.
—Valeria.
Ella se detuvo.
—Estoy cansada.
—Lo sé.
—Quiero una vida normal.
Adrián sonrió ligeramente.
—Creo que después de todo esto, tendremos que conformarnos con una vida interesante.
Valeria soltó una pequeña risa a pesar de todo.
—No sé cómo puedes bromear ahora.
—Porque si dejamos de hacerlo, todo esto se vuelve demasiado pesado.
Valeria lo miró.
Por unos segundos, ninguno dijo nada.
⸻
Alejandro abrió un mapa sobre el capó del automóvil.
—Gabriel vive en un lugar llamado Santa Lucía.
Daniel se acercó.
—¿Está cerca?
—A unas horas.
Roberto negó.
—No podemos ir directamente.
—¿Por qué? —preguntó Camila.
—Porque Sergio estará vigilando las carreteras.
Alejandro señaló otra ruta.
—Podemos atravesar las montañas.
Adrián observó el mapa.
—Es más largo.
—Pero más seguro.
Valeria miró a su padre.
—Quiero conocerlo.
Roberto asintió.
—Entonces iremos.
⸻
Mientras tanto, en una casa apartada, un hombre mayor observaba una vieja fotografía.
Era Gabriel Rojas.
En la imagen aparecían Roberto y Alejandro cuando eran jóvenes.
Sobre la mesa había otra fotografía.
Esta vez aparecía Valeria de niña.
Gabriel acarició la fotografía.
—Finalmente llegaste hasta la verdad.
Una mujer entró en la habitación.
—¿Estás seguro de que es el momento?
Gabriel respondió:
—Ya no puedo seguir escondiéndome.
—Sergio te encontrará.
—Lo sé.
—Entonces debemos irnos.
Gabriel negó.
—No.
Miró hacia la ventana.
—Esta vez quiero que él venga.
⸻
El viaje hacia Santa Lucía comenzó antes del amanecer.
Valeria permaneció junto a la ventana.
Adrián conducía.
Daniel revisaba los archivos.
Camila permanecía en silencio.
Después de varias horas, Daniel levantó la mirada.
—Encontré algo.
Todos lo miraron.
—¿Qué?
—El nombre de Sergio aparece en los archivos del Proyecto Origen desde hace veinte años.
Alejandro frunció el ceño.
—Eso es imposible.
—Mira.
Daniel le mostró la pantalla.
Alejandro palideció.
—Entonces él estaba allí desde el principio.
Roberto preguntó:
—¿Qué significa?
Daniel señaló una fecha.
—Sergio conoció a nuestro abuelo antes que cualquiera de nosotros.
Valeria sintió un escalofrío.
—Entonces no nos está siguiendo.
Alejandro completó la idea:
—Nos está guiando.
⸻
Al llegar a Santa Lucía, encontraron una pequeña casa rodeada de árboles.
Valeria bajó del automóvil.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Alejandro caminó hasta la puerta.
Golpeó tres veces.
Nadie respondió.
Volvió a golpear.
La puerta se abrió lentamente.
Un hombre mayor apareció.
Valeria lo observó.
No sabía qué decir.
El hombre la miró durante unos segundos.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Valeria.
Ella sintió que una emoción profunda la recorría.
—¿Abuelo?
Gabriel asintió.
—Perdóname por haber tardado tanto.
Valeria se acercó.
Pero antes de que pudiera abrazarlo, Gabriel miró hacia la carretera.
Su expresión cambió.
—Tenemos que entrar.
Adrián preguntó:
—¿Qué ocurre?
Gabriel respondió:
—Sergio ya sabe que están aquí.
Daniel cerró la puerta.
—¿Cómo?
Gabriel miró a todos.
—Porque hay un traidor entre nosotros.
Todos quedaron inmóviles.
Valeria miró a su alrededor.
—¿Quién?
Gabriel respondió:
—Todavía no lo sé.
En ese instante, un teléfono comenzó a sonar.
Era el de Camila.
Ella miró la pantalla.
Número desconocido.
No contestó.
El teléfono volvió a sonar.
Esta vez apareció un mensaje:
“Sabemos dónde están.”
Camila levantó lentamente la mirada.
Y desde la ventana, Adrián vio varios automóviles acercándose por la carretera.
—Tenemos compañía.
Gabriel cerró las cortinas.
—Entonces ha comenzado la última partida.
Continuará…