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Atados Por La Sangre Y El Destino

Atados Por La Sangre Y El Destino

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Época / Demonios / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: ana19

Ya llegue con una nueva historia, bueno lean la y comenten

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22

Capítulo 22 (Parte I)

La emperatriz desaparecida... y la peor idea de Astaroth

Aquella mañana, el Palacio Imperial Demoníaco despertó con una extraña tranquilidad.

Demasiada tranquilidad.

Astaroth abrió los ojos, estiró un brazo hacia el otro lado de la cama...

Vacío.

Sonrió.

—Otra vez empezó el juego.

Se levantó con calma.

—Cinco minutos y la encuentro.

Primero fue a la biblioteca.

Nada.

Después a los jardines.

Nada.

Al invernadero.

Nada.

Al salón de música.

Nada.

Frunció el ceño.

—Qué raro...

Preguntó a los guardias.

—¿Han visto a la emperatriz?

—No, Majestad.

A las doncellas.

—¿Selene pasó por aquí?

—No la hemos visto desde el amanecer.

A los cocineros.

—¿Desayunó?

—Ni siquiera ha venido.

La sonrisa de Astaroth comenzó a desaparecer.

Dos horas después...

Todo el palacio estaba revolucionado.

—¡Busquen en el ala oeste!

—¡Revisen las terrazas!

—¡Que nadie deje el palacio!

El capitán de la guardia observó a Astaroth con preocupación.

Nunca lo había visto tan inquieto.

—Majestad... quizá la emperatriz solo salió a caminar.

Astaroth negó con la cabeza.

—Ella siempre deja un mensaje.

Esta vez no.

Algo no está bien.

Mientras tanto...

Muy lejos del caos...

Selene dormía profundamente.

Había descubierto un pequeño pabellón abandonado detrás de un antiguo templo del palacio.

Era silencioso.

Fresco.

Y, lo más importante...

Nadie sabía que existía.

—Por fin... un lugar donde puedo descansar... —murmuró entre sueños.

Cuando el reloj marcó el mediodía...

Astaroth estaba desesperado.

Hasta el emperador demonio comenzó a preocuparse.

—Hijo, tranquilízate.

La encontraremos.

—¡No puedo tranquilizarme!

Han pasado horas.

Cedric me matará si le pasa algo.

El emperador suspiró.

—Primero la encuentras...

Luego piensas en cómo explicarle a tu cuñado.

Finalmente...

Un pequeño demonio de unos siete años llegó corriendo.

—¡Majestad!

Astaroth se agachó.

—¿Sí?

—Vi a la emperatriz.

Todos guardaron silencio.

—¿Dónde?

—En la casita vieja detrás del templo.

Está dormida.

Astaroth cerró los ojos.

Luego comenzó a reír.

Una risa de puro alivio.

—Esa mujer va a acabar conmigo...

Llegó hasta el pequeño pabellón.

Empujó la puerta con cuidado.

Allí estaba Selene.

Dormía abrazada a un cojín, completamente ajena al caos que había provocado.

Astaroth se quedó observándola unos segundos.

No quiso despertarla.

Simplemente se sentó a su lado.

Un rato después, Selene abrió lentamente los ojos.

Al verlo, sonrió con sueño.

—¿Ya me encontraste?

Astaroth la miró en silencio.

Ella comprendió enseguida que había algo distinto.

—¿Qué ocurre?

Él suspiró.

—Pensé que te había pasado algo.

Selene se incorporó de inmediato.

—Lo siento...

Solo quería dormir unas horas sin que nadie me encontrara.

No imaginé que todo el palacio me buscaría.

Astaroth tomó su mano.

—La próxima vez...

Solo avísame.

Ella asintió.

—Lo prometo.

El ambiente volvió a relajarse.

Entonces, de repente...

Astaroth sonrió con esa expresión que Selene conocía demasiado bien.

La de las malas ideas.

—Se me ocurrió algo.

Selene entrecerró los ojos.

—Eso me da miedo.

—Tengo la solución perfecta para que nunca más quieras esconderte.

—...No me gusta cómo empieza esa frase.

Él tomó ambas manos de Selene con entusiasmo.

—¡Tengamos un bebé!

Hubo un silencio absoluto.

Selene parpadeó una vez.

Dos veces.

Tres.

—¿...Qué?

—Piénsalo.

Si tenemos un bebé, estaremos ocupados cuidándolo juntos.

Además, un pequeño heredero corriendo por el palacio sería adorable.

Selene lo miró fijamente durante varios segundos.

Y luego...

Le dio un suave golpe en la frente con un dedo.

—Eres un desastre.

Astaroth se frotó la frente.

—¿Eso significa que no?

Ella se puso de pie, intentando ocultar el rubor de sus mejillas.

—Eso significa que primero deberías aprender a dejarme dormir.

Astaroth soltó una carcajada.

—Bueno... es un requisito razonable.

Selene comenzó a caminar de regreso al palacio.

Él la alcanzó enseguida.

—Entonces... ¿lo pensarás?

Ella no respondió.

Solo sonrió de lado.

Y esa pequeña sonrisa fue suficiente para que Astaroth caminara el resto del trayecto con una expresión de absoluta felicidad

La noticia de que la emperatriz había aparecido sana y salva devolvió la tranquilidad al palacio.

Aunque no para Astaroth.

Seguía caminando detrás de Selene.

—Entonces... ¿lo pensarás?

Ella continuó avanzando por el corredor.

—No.

—¿No definitivo?

—No... por ahora.

—Eso significa que hay esperanza.

Selene soltó un suspiro.

—¿Siempre encuentras la forma de convertir mis respuestas en algo que te conviene?

—Es uno de mis mayores talentos.

Ella negó con la cabeza.

—Qué peligroso eres.

Aquella tarde, ambos asistieron a una reunión del consejo imperial.

Los ministros hablaban sobre tratados comerciales, cosechas y la reconstrucción de varias fortalezas.

Selene tomaba notas con atención.

Astaroth... no tanto.

En cuanto el anciano ministro terminó de hablar, Astaroth levantó la mano.

—Tengo una propuesta.

Todos lo miraron.

—Los escuchamos, Su Alteza.

Astaroth sonrió.

—Creo que deberíamos empezar a preparar el ala destinada a los futuros herederos imperiales.

Selene dejó caer lentamente la pluma.

Los ministros parpadearon confundidos.

El emperador demonio se llevó una mano a la frente.

—Hijo...

Astaroth continuó, completamente serio.

—Es mejor prevenir. Hay que pensar a largo plazo.

Selene le dio un discreto pisotón por debajo de la mesa.

Él hizo una mueca de dolor.

Pero no dejó de sonreír.

Uno de los ministros, ya anciano, carraspeó.

—Bueno... en realidad no sería mala idea comenzar algunos preparativos...

Selene sintió que quería desaparecer.

—¡Ni se les ocurra!

Toda la sala estalló en carcajadas.

Al terminar la reunión, Selene caminaba por los jardines con los brazos cruzados.

—¿Era necesario decir eso frente a todo el consejo?

Astaroth caminaba a su lado.

—Solo estaba organizando el futuro.

—Estabas avergonzándome.

—Un poquito.

Ella lo miró con falsa severidad.

—Eres insoportable.

—Pero sigues caminando conmigo.

—Porque eres mi esposo.

—Y porque me quieres.

Selene guardó silencio.

Astaroth levantó una ceja.

—Ese silencio otra vez...

Ya aprendí que suele darme la razón.

Ella terminó riéndose.

—No cambias.

—Ni quiero hacerlo.

Al caer la noche, ambos salieron al balcón de su habitación.

La capital demoníaca brillaba bajo un cielo cubierto de estrellas.

Durante un largo rato ninguno habló.

Era uno de esos silencios cómodos que solo compartían quienes ya no necesitaban llenar cada momento con palabras.

Selene apoyó los codos sobre la barandilla.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro.

—¿Por qué insistes tanto con lo del bebé?

Astaroth no respondió enseguida.

Su expresión juguetona desapareció.

Miró las luces de la ciudad antes de hablar.

—Cuando era niño...

Este palacio era demasiado grande.

Había habitaciones vacías.

Pasillos silenciosos.

Mi padre gobernaba casi todo el tiempo y mi madre también tenía muchas responsabilidades.

Nunca me faltó amor...

Pero sí compañía.

Selene lo escuchó sin interrumpir.

—Supongo que... cuando imagino el futuro...

No pienso en coronas.

Ni en tronos.

Pienso en una casa llena de risas.

En verte sonreír.

En niños corriendo por estos jardines.

Y en que ninguno de ellos llegue a sentirse solo.

Selene bajó la mirada.

No esperaba una respuesta así.

Astaroth sonrió con timidez.

—Aunque no tiene que ser ahora.

Ni mañana.

Ni el próximo año.

Solo quería que supieras por qué lo dije.

Selene se acercó despacio.

Tomó su mano entre las suyas.

—Gracias por decírmelo.

Él entrelazó sus dedos con los de ella.

—¿Te asusté?

Ella negó con una pequeña sonrisa.

—No.

Solo... creo que todavía quiero disfrutar un poco más esta etapa.

Conocernos.

Viajar contigo.

Aprender a gobernar este imperio a tu lado.

Astaroth asintió sin dudar.

—Entonces eso haremos.

No hay prisa.

Tenemos toda una vida por delante.

Selene apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Me alegra que lo entiendas.

Él besó con suavidad su cabello.

—Lo único que realmente necesito...

Es que sigas eligiendo volver conmigo, aunque cada mañana intentes esconderte.

Ella soltó una risa.

—No prometo dejar de escapar.

—Perfecto.

Entonces yo no dejaré de buscarte.

Permanecieron abrazados mientras la luna iluminaba la ciudad.

Desde la puerta, el emperador demonio pasó por el pasillo y los vio en silencio.

Sonrió para sí.

—Quién hubiera imaginado que el libertino más incorregible del imperio terminaría completamente enamorado de una princesa que solo quería dormir un poco más.

Y, por primera vez en muchos años, el viejo emperador sintió que el futuro de su reino estaba en las mejores manos.

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Martha Lucia Montaño
Hermosa historia. Gracias
Nancy Cortes J
mi querida autora me encanta esta historia. me tiene ahí pegada.
muchas gracias, bendiciones...
Edwin Rodríguez
de entre el odio al amor hay un solo paso🥰🥰🥰🤣🤣🤣🤣
Edwin Rodríguez
enganchada con este principe demonio 🥰🥰🥰🥰
Ana19: Ya estoy subiendo más capitulos
total 1 replies
Edwin Rodríguez
ya vamos a comenzar a leer 🥰🥰🥰
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