Anna creyó que era huérfana y pobre, pero en realidad es Leah, la heredera perdida del imperio mafioso de León. El día que su propio hermano Theo la encuentra, su pasado empieza a cobrarle factura.
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Capitulo 24 ## Leon
Margarethe regresó del tocador.
—¿Nos vamos, hija?
Anna sonrió.
—Sí, abuela.
Henry las acompañó hasta la puerta y luego las llevó de regreso a su hogar.
Antes de subir al auto, Margarethe tomó las manos de Henry.
—Gracias por cuidar de mi nieta.
Henry sonrió.
—No tenés nada que agradecerme. Ella es como una hija para mí.
Margarethe asintió con gratitud.
—Que Dios te lo devuelva, hijo.
Henry observó cómo las dos se alejaban.
No podía evitar pensar que Anna había tenido una vida demasiado difícil para una muchacha tan joven.
Había sufrido abandono, rechazo y maltrato.
Y, aun así, conservaba un corazón enorme.
Henry no sabía qué le depararía el futuro, pero tenía la sensación de que la vida de aquella joven estaba a punto de cambiar.
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Mientras tanto, Theo había llegado a su casa.
Después de ducharse, cenó algo rápidamente y se sentó en uno de los sillones.
Sacó el teléfono.
La fotografía de Anna seguía allí.
La abrió nuevamente.
La observó durante varios segundos.
No podía quitarse aquella sensación de la cabeza.
Había algo en esa muchacha.
Algo especial.
Desde que la había visto, había sentido una necesidad inexplicable de protegerla.
No sabía de dónde venía aquella sensación.
No sabía por qué le preocupaba tanto alguien a quien apenas conocía.
Pero estaba seguro de algo:
Anna no era una persona común.
Theo volvió a mirar la fotografía.
Finalmente tomó una decisión.
Se la enviaría a su padre.
Quizás León pudiera entender lo que él no lograba explicar.
Abrió la conversación y envió la imagen.
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En otro lugar, León recibió la fotografía.
Al principio la miró sin demasiado interés.
Pero apenas sus ojos se posaron en el rostro de Anna, quedó completamente inmóvil.
Su respiración se detuvo durante unos segundos.
No podía creer lo que estaba viendo.
Los ojos.
La forma del rostro.
La mirada.
Aquella expresión...
Le resultaba demasiado familiar.
León acercó la fotografía.
La observó una vez.
Luego otra.
Y otra más.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
—No puede ser...
Hacía muchos años que no sentía algo semejante.
Aquella muchacha se parecía demasiado a una persona que llevaba diecisiete años intentando mantener enterrada en lo más profundo de su memoria.
Alissa.
Su esposa.
El amor de su vida.
La mujer que había perdido de una manera brutal y que nunca había podido olvidar.
León cerró los ojos durante unos segundos.
Una sucesión de recuerdos atravesó su mente.
La sonrisa de Alissa.
Sus ojos.
La forma en que lo miraba.
El día que la perdió.
Y aquella pequeña hija que también había perdido junto con ella.
Leah.
León volvió a abrir los ojos y miró nuevamente la fotografía.
No.
Era imposible.
Aquella muchacha no podía ser su hija.
No después de tantos años.
No después de todo lo que había ocurrido.
Pero entonces...
¿Por qué se parecía tanto a Alissa?
¿Por qué aquella mirada le provocaba una sensación tan extraña?
¿Por qué sentía una necesidad inmediata de saber quién era?
El teléfono comenzó a sonar.
Era Theo.
León atendió.
—Theo.
—Papá.
—¿Dónde está esa muchacha? ¿Sabés algo de ella? ¿Cuántos años tiene?
Theo hizo una pausa.
—Está en Berlín. Pero todavía no sé demasiado sobre ella.
León se quedó en silencio.
—¿Cuántos años tiene?
—Diecisiete.
León sintió un escalofrío.
Diecisiete.
La misma cantidad de años que habían pasado desde la tragedia que había destruido su vida.
Intentó apartar aquel pensamiento.
No podía dejarse llevar por una simple coincidencia.
Pero algo dentro de él no lo dejaba tranquilo.
—Necesito saber quién es —dijo finalmente.
—¿Qué vas a hacer?
León miró nuevamente la fotografía.
—Voy a ir a Alemania.
Theo quedó sorprendido.
—¿Qué?
—Voy a manejar a las empresas desde allí.
Hubo un largo silencio.
Theo conocía perfectamente lo que significaba aquella decisión.
Su padre no había vuelto a Alemania desde la muerte de Alissa y Leah.
Durante todos esos años había evitado regresar a aquel país porque cada rincón parecía recordar aquello que había perdido.
Y ahora, de manera inesperada, una muchacha desconocida había conseguido hacer que quisiera regresar.
—Padre... ¿estás seguro?
León respiró profundamente.
—Sí.
Su voz sonó firme.
—Voy a volver.
Theo permaneció callado.
Entonces León agregó:
—Y voy a investigar a esa muchacha.
—¿Por qué?
León tardó unos segundos en responder.
—Hay algo en ella.
Miró nuevamente la fotografía.
—No sé qué es.
Hizo una pausa.
—Pero algo me llama la atención. Algo que no puedo explicar.
Su voz se quebró apenas.
—Y siento que tengo que protegerla.
Theo no respondió.
León volvió a mirar el rostro de Anna.
No sabía quién era.
No sabía de dónde había salido.
No sabía nada de su familia.
Pero tampoco podía ignorar aquella sensación.
Había pasado diecisiete años huyendo de Alemania.
Y ahora regresaría por una muchacha a la que jamás había visto antes.
O, al menos, eso era lo que él creía.
Porque mientras León preparaba su viaje, una verdad permanecía escondida.
Una verdad que podía destruir todo lo que creyó saber durante los últimos diecisiete años.
La muchacha de la fotografía no era simplemente una joven llamada Anna.
Era la pieza que faltaba en una historia que todos creían terminada.
Y el destino acababa de ponerla nuevamente frente a él.
### ¿Qué ocurrirá cuando León llegue a Berlín?
¿Aceptará Anna la protección de unos completos desconocidos?
¿Podrá alejarse realmente de Félix?
¿Y qué sucederá cuando León descubra quién es verdaderamente aquella muchacha?
Las respuestas todavía estaban lejos.
Pero el pasado ya había comenzado a despertar.
Y esta vez, parecía decidido a recuperar lo que alguna vez le fue arrebatado.