Traicionada por su novio. Angie toma una decisión desesperada para vengarse pactar con el hombre más peligroso de la alta sociedad, Leonardo Torres, el imponente y calculador tío de su ex.
Lo que inicia como una tregua fría y un matrimonio por contrato de un año para proteger sus activos y estabilizar la corporación, rápidamente se sale de control. Entre miradas cargadas de tensión en la sala de juntas y roces que encienden una química devoradora a puerta cerrada, Angie descubre que Leonardo no es el tiburón despiadado que todos temen, sino un hombre dispuesto a todo por protegerla. Mientras Sebastián y sus aliados intentan destruirlos filtrando secretos del acuerdo, la falsa unión se transforma en un juego de posesión, poder y deseo donde ninguno de los dos quiere volver a ser libre.
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8
Angie Rojas
La señora Elena Torres poseía una amabilidad desarmante, completamente opuesta a la helada distancia de su nieto. Ella logró en cuestión de minutos lo que ninguna otra mujer en la ciudad había conseguido jamás: hacer que Leonardo me llevara a su residencia privada.
Sonreí con un deje de diversión al observar con detenimiento la sala principal. Estar en su espacio personal me hacía sentir que Leonardo padecía una especia de doble personalidad.
—Mi nieto es fanático de las rosas —comentó la anciana, contemplando el ventanal con una mirada impregnada de nostalgia y cariño—. Verás... cuando era apenas un niño, le regaló una rosa a una niña, pero ella se pinchó los dedos con los espinas. Desde ese día, Leonardo cuida personalmente del rosal y, cada vez que corta una flor, se asegura de quitarle cada una de las espinas él mismo para que nadie vuelva a hacerse daño...
Escuchaba la historia con el corazón encofrido. Me resultaba casi imposible asimilar que estuviera hablando del mismo hombre implacable y despiadado que yo conocía en el mundo corporativo.
—Mi nieto ya fue a buscarte, ¿verdad? —preguntó de pronto la anciana, girándose para fijar sus ojos sabios y serenos en mí.
La pregunta me tomó por sorpresa, dejándome congelada en mi lugar.
—Sé que Leonardo es un hombre sumamente serio y amargado —continuó ella con voz pausada—, pero te tiene una confianza enorme. No lo traiciones, por favor. Sé perfectamente cómo es mi nieto Tomás; siempre ha querido adueñarse de todo a cualquier precio. Yo misma les enseñe a defender lo suyo. Sé que te visitó. Lo sé todo.
Al escuchar sus palabras, sentí cómo los ojos se me llenaban de lágrimas reprimidas. A lo largo de estos años, le había tomado un afecto silencioso a mi contrato con Leonardo, a nuestra dinámica y al futuro que estábamos construyendo. Si lo traicionaba para ceder a las chantajes de Tomás, no solo perdería mi dinero y mi independencia, sino que arruinaría la única alianza genuina que había tenido.
¿Leonardo era algo más para mí? ¿Tal vez un amigo? No lo sabía con certeza, pero la sola idea de traicionarlo me provocaba un dolor punzante en el pecho.
—Yo solo soy una herramienta para la imagen de Leonardo... —murmuré en voz muy baja, dejando escapar la duda que me carcomía.
—Lo sé —asintió la anciana con suma delicadeza—. Mi nieto nunca hace nada de manera apresurada. Está utilizando tu imagen para su propio beneficio corporativo; no te mentiré. Pero me sorprende muchísimo verlo posando a tu lado en tantas portadas de revistas... Él jamás le abriría la puerta de su vida a cualquiera.
—Si no hago lo que su nieto me pide, arruinarán la reputación de Leonardo —admití con un hilo de voz, sintiendo el peso de la amenaza de Tomás aplastándome los hombros.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Qué es lo que realmente piensas hacer, Angie?
—No lo sé... —confesé, bajando la mirada hacia mis manos temblorosas—. Pensé en huir del país, desaparecer de todo esto, pero sé que eso también lo perjudicaría a él ante la prensa.
Miré a través del cristal hacia el jardín repleto de rosas y me puse a reflexionar seriamente en el encrucijada que tenía enfrente.
—Traicionarlo no es lo correcto, pero...
La abuela de Leonardo se acercó a mí y me acarició las manos con una ternura reconfortante.
—Tanto él como yo respetaremos la decisión que tomes —dijo suavemente, antes de dar un paso atrás y dejarme a solas con mis pensamientos.
Caminé lentamente hacia el jardín, observando cada flor en silencio. Había rosas de todos los colores , pero relataban más las rojas. También habían blancas, pero no eran muchas; crecían un poco más alejadas, casi escondidas de la vista principal. Me acerqué a ellas impulsivamente e intenté cortar una, pero no tuve cuidado. La espina se clavó profundamente en la yema de mi índice.
Una gota de sangre espesa brotó al instante, cayendo directo sobre la blancura inmaculada de los pétalos.
—Una sola mancha arruina toda su belleza —susurré para mí misma, viendo cómo el rojo manchaba la flor.
Eso era yo para Leonardo en este momento. Una mancha. El punto débil por donde su hermano pensaba destruirlo.
Suspiré con profunda frustración, me limpié la herida con firmeza y me puse de pie. La duda dentro de mí se evaporó, reemplazada por una determinación helada y oscura. Si estaba destinada a arruinar su belleza, lo haría exactamente a mi modo. Iba a incumplir mi contrato, e iba a poner de cabeza su empresa, pero no como peón de su hermano.
Me di la vuelta y abandoné la residencia, dispuesta a tomar el control absoluto de mi nueva dirección. Leonardo me había enseñado a ser implacable y despiadada con quien realmente lo merecía. Él me usó a su favor, y yo hice exactamente lo mismo. Ahora había llegado el momento de demostrar que podía ser igual o más fuerte que todos ellos.
No iba a permitir que nadie me volviera a utilizar como una debilidad. Si había algo en lo que era buena, era en destruir reputaciones... y esta vez, tomaría el látigo con mis propias manos.