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Cicatrices De Ceniza

Cicatrices De Ceniza

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Romance de oficina / Posesivo
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia2026

​Tras sobrevivir al cáncer, Valeria oculta su infertilidad al hombre de su vida. Entre secretos, pasión y una suegra cruel, deberá decidir si el amor basta para sanar sus cicatrices.

NovelToon tiene autorización de Dalia2026 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 2: El terreno de los gigantes

​El entusiasmo no paga las cuentas, y la cruda realidad de la clase media se encarga de recordártelo cada vez que abres la nevera.

​Había pasado un año desde mi operación. A mis veinticinco años, la marca de Joyas VAN seguía siendo un sueño hermoso, pero financieramente estancado en el depósito familiar. Las herramientas, los metales de calidad y las piedras eran costosos, las pocas ventas que hacíamos a algunas clientas, apenas nos daban para reinvertir en material. Mi papá hacía malabares con su presupuesto para mantener la casa y ayudarme con mis controles médicos, mi tía estiraba cada ingrediente en la cocina. Yo no podía seguir siendo una carga; necesitaba un trabajo estable con un sueldo real que me permitiera aportar en casa y, al mismo tiempo, financiar el taller.

​La salvación llegó vestida de tacones altos y un traje de sastre impecable.

​—¡Paren todo, que traigo la solución a la crisis! —anunció Andrea, irrumpiendo en el depósito una tarde, mientras Natalia y yo revisábamos unos bocetos.

​—A ver, suelta, mujer, que nos tienes en ascuas —dijo Natalia, dejando caer un alicate sobre la mesa de trabajo.

​—Se abrió una vacante de urgencia en el departamento de contabilidad de la empresa donde trabajo —dijo Andrea, mirándome fijamente—. La Constructora Fonseca. Pagan excelente, Vale, y sé que con lo meticulosa que eres con los números, ese puesto es tuyo con los ojos cerrados.

​—¿La Constructora Fonseca? —repetí, sintiendo un cosquilleo de nervios—. Andrea, esa es una de las empresas más grandes e importantes del país. Ahí se manejan presupuestos millonarios. ¿Estás segura de que tengo oportunidad frente a gente con postgrados?

​—Tú eres graduada con honores, Valeria, y yo soy la administradora general de esa empresa. Si yo digo que eres buena, es porque eres la mejor —me aseguró ella, dándome un empujón cariñoso—. Además, el jefe directo del área de ingeniería es Mateo Fonseca, fuimos juntos a la universidad y le hablé de ti. Bueno, no de ti exactamente, sino de una contadora brillante que necesita el puesto. Anda, Vale, sal de este hueco un rato y asegura ese sueldo.

​El lunes por la mañana, me encontré parada frente a la imponente torre de cristal de la Constructora Fonseca. Mi reflejo en las puertas de vidrio me devolvía la imagen de una Valeria que apenas reconocía: llevaba un blazer azul marino, el cabello recogido en un moño estilo bailarina y un maletín con mis documentos. Bajo la blusa, la cicatriz de mi vientre parecía pulsar, recordándome que estaba viva, pero que el miedo seguía allí.

​Andrea me recibió en el piso de administración y me guió a través de un pasillo flanqueado por oficinas elegantes y paredes de mármol.

​—Aquí es donde se mueve el dinero real —me susurró Andrea mientras caminábamos—. El presidente es el señor Tomás Fonseca, un hombre muy respetable, pero de la vieja escuela. Sin embargo, el que de verdad está levantando los proyectos más pesados ahora es su hijo, Mateo. Es ingeniero civil, tiene treinta y dos años, y es una maldita eminencia.

​—¿El hijo del dueño? —pregunté, tragando grueso.

​—El mismísimo. Aunque no te dejes engañar por su traje de diseñador, el tipo es un hombre de acción. De hecho, en su tiempo libre es rescatista profesional. Imparte cursos de rescate en estructuras colapsadas y casos extremos a nivel internacional. Es una mezcla rara entre un empresario de élite y un tipo que se mete en el barro a sacar cuerpos de los escombros. Todas las secretarias suspiran cuando pasa, pero él es un témpano de hielo. Solo vive para el trabajo y sus misiones de rescate.

​Llegamos a la oficina de contabilidad, donde el jefe de recursos humanos me esperaba para revisar mis credenciales. La entrevista fue intensa, llena de preguntas técnicas sobre balances, auditorías y flujos de caja. A medida que respondía, me olvidé de los nervios y dejé que la seguridad en mis conocimientos tomara el control. Los números no mentían, no tenían emociones y no te rompían el corazón; los números eran un terreno seguro para mí.

​Al terminar, el entrevistador me sonrió con aprobación y me indicó que esperara unos minutos en el pasillo mientras procesaban mi ingreso temporal para la prueba técnica.

​Me apoyé contra el ventanal del pasillo, mirando la vista panorámica de Caracas y respirando aliviada. El aire acondicionado estaba frío, pero por primera vez en meses, sentí que estaba tomando las riendas de mi propio destino.

​Estaba sumida en mis pensamientos, cuando el sonido de unas botas firmes impactando contra el suelo de porcelanato, interrumpió el murmullo de las computadoras. Una figura alta y de hombros anchos dobló la esquina del pasillo, revisando unos planos enrollados en sus manos.

​Era él. No necesitaba que nadie me lo dijera. La energía en el pasillo cambió por completo con su presencia.

​Mateo Fonseca vestía una camisa blanca con las mangas arremangadas hasta los antebrazos, revelando una piel bronceada y unos brazos fuertes, de esos que denotaban el esfuerzo físico del rescatista y no solo las horas de gimnasio. Su mandíbula era marcada, sus ojos, de un marrón profundo y penetrante, escaneaban el lugar con una intensidad implacable.

​Sentí un vuelco violento en el estómago, una reacción física tan repentina que me obligó a enderezar la postura. En ese preciso instante, como si hubiera sentido mi mirada, Mateo levantó la vista de los planos.

​Nuestros ojos se cruzaron en medio del pasillo. El tiempo pareció congelarse entre los dos, y por un segundo, el rugido de la ciudad detrás del cristal desapareció por completo.

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Gioconda Rivas
que pedante es ese camilo 🤬🤬🤬
Sandra Milena Ramirez Martinez
no paro de llorar 😭
Dalia: Es muy triste la perdida 😭😭😭
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Sandra Milena Ramirez Martinez
oye pero este hombre es un total pendejo... el supuesto mejor amigo le roba y la mama lo maneja peor que un titere
Dalia: era un robo tan meticuloso que a nuestra protagonista le tardo años confirmar el verdadero culpable, el robo era secreto a voces. el verdadero culpable se aprovecho de que la suegra le tenia rabia a la protagonista para inculparla.

A mi me da rabia es con el prota, porque claro muy detras de su amor, muy profesional pero por andar de enamorado y creyendole a la mamá es que le metieron gato por liebre.
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Elizabeth Del Valle Romero
ahí hay chispa ❇️
Dalia: el comienzo de algo🤭
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Gioconda Rivas
Me gusta la hiatoria, toca una realidad sobre aquellas mujeres que por ciertas circunstancias no pueden tener hijos y se mueren por tenerlos. No por ello quiere decir que sean menos valiosas, madre no es la que engendra si no la que cria. Gracias escritora por escribir historias tan lindas y con mensajes se reflexión.
Gioconda Rivas
empieza el romance 😍
Gioconda Rivas
se nos puso celoso el hombre 🤣
Gioconda Rivas
Valeria se pasa de inocente
Gioconda Rivas
Es triste el caso de Valeria, yo pase por lo mismo. Lo importante es estar viva.
Dalia: Son casos muy tristes, lo importante es ser fuertes y salir adelante.
total 2 replies
Elizabeth Del Valle Romero
isssh cuando se enteré Mateo
Dalia: Esto se va a poner color de hormiga🔥🔥🔥
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Dalia
😭😭 De verdad que no se lo merecia.
Dalia
😭😭 De verdad que no se lo merecia.
Elizabeth Del Valle Romero
pobre de Natalia 😭
Elizabeth Del Valle Romero
pobre de Natalia:(
Dalia: Ese Mateo le hace falta pantalones, no es un mal hombre solo que se dejo llenar la mente de basura.
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Elizabeth Del Valle Romero
muero por leer los siguientes capítulos
Dalia: pronto,pronto!!! ☺️
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