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¿ESTE ES MI FINAL?

¿ESTE ES MI FINAL?

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance / Padre soltero
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Reencarné dentro de la novela que más amaba, pero no como la heroína. Soy la hija del duque más temido y odiado del imperio — un personaje que ni siquiera debería existir. No conozco mi final, pero sí sé una cosa: protegeré a mi familia aunque el mundo entero se ponga en mi contra.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Encuentro

El palacio imperial se veía diferente de día que de noche.

Sin las luces doradas y la música y los vestidos elaborados, era simplemente enorme — un peso de piedra y poder que se sentía incluso desde el patio de entrada, donde el carruaje del duque fue recibido por guardias imperiales con la formalidad rígida de quien ha sido instruido para tratar al visitante con respeto exacto pero ninguna calidez extra.

—Por aquí —dijo el oficial que los escoltaba, un hombre de mediana edad con la expresión cuidadosamente neutral de alguien acostumbrado a no mostrar opiniones sobre nada de lo que veía.

Caminaron por pasillos que parecían no terminar nunca, con techos altísimos y tapices que contaban la historia del Imperio en hilo dorado, hasta llegar a un ala más privada del palacio donde la decoración se volvía menos ostentosa y más funcional — el ala de recuperación, donde los miembros de la familia imperial eran atendidos cuando algo salía mal.

Dos guardias custodiaban la puerta de la habitación del príncipe.

—El duque y el caballero esperan aquí —dijo el oficial—. Solo la señorita entra.

«Como esperábamos», pensó Nazaria. Sintió la mano de su padre brevemente sobre su hombro — un gesto pequeño, casi imperceptible, pero que en el lenguaje de su padre significaba más de lo que las palabras habrían dicho.

—Estaré bien —dijo Nazaria en voz baja.

—Lo sé —respondió el duque—. Por eso te dejo entrar sola.

La puerta se abrió.

......................

El Príncipe Adam estaba sentado en la cama, no acostado, lo cual sorprendió levemente a Nazaria — había esperado encontrar a alguien todavía visiblemente enfermo, pero aunque estaba pálido y tenía sombras bajo los ojos que sugerían noches difíciles, su postura era erguida y su mirada estaba completamente alerta.

Era más joven de lo que Nazaria recordaba del salón — quizás un año o dos menor que ella, con el cabello castaño oscuro y ojos que tenían ese color avellana que cambiaba según la luz. No llevaba ninguna de las marcas doradas del linaje imperial, lo cual significaba que su poder, si lo tenía, no se había manifestado todavía o que pertenecía a una rama distinta de la familia.

—Señorita Ainsworth —dijo, con una voz que sonaba más cansada de lo que su postura sugería—. Gracias por venir.

—Su Alteza —dijo Nazaria, con la reverencia correspondiente—. Espero que se encuentre mejor.

—Mejor que hace una semana —dijo el príncipe, con algo en su tono que sonaba casi como humor seco a pesar de la situación—. Aunque eso no dice mucho.

Nazaria se quedó de pie cerca de la puerta, evaluando.

«Algo no encaja», pensó. «Habla con demasiada normalidad para alguien que casi muere envenenado hace días. O ya procesó completamente lo que pasó, o está mostrándome exactamente lo que quiere que vea.»

—Siéntese, por favor —dijo Adam, señalando una silla junto a la cama—. Lo que tengo que decirle no es para gritarlo por la habitación.

Nazaria se sentó.

—Antes de empezar —dijo el príncipe, mirándola directamente—, quiero que sepa que no creo que su padre tuviera nada que ver con esto.

«Ah.»

«Eso no me lo esperaba tan directo.»

—¿Por qué no? —preguntó Nazaria, manteniendo el tono neutral que Sheins le había enseñado.

—Porque conozco a mi padre —dijo Adam, y la manera en que lo dijo dejó claro que no se refería al Emperador con afecto—. Y conozco cómo trabaja cuando quiere deshacerse de alguien sin ensuciarse las manos.

Nazaria no dijo nada. Esperó.

«Continúa», pensó. «Dime lo que necesito saber.»

Adam la miró un momento más, evaluándola de la misma manera que ella lo evaluaba a él.

—La noche de la fiesta —continuó—, vi algo. Algo que en el momento no me pareció importante, pero que después de lo que pasó, cobró un sentido diferente.

—¿Qué vio?

—Un sirviente entregándole algo a mi padre. Una caja pequeña, de las que se usan para regalos formales. Mi padre la abrió, miró el contenido, y se la entregó a uno de sus consejeros con instrucciones que no pude escuchar.

—¿Y eso qué tiene que ver con usted?

—Esa misma caja, o una idéntica, apareció en mis aposentos esa noche. Sin nota. Sin remitente. La abrí porque pensé que era un regalo de cumpleaños retrasado de algún noble que no había podido entregármelo en persona.

Nazaria sintió que algo se ajustaba en su mente.

«El objeto.»

«El método de administración que Ino no pudo identificar.»

—¿Qué había en la caja?

—Un pañuelo bordado. Con el emblema de mi familia materna. —Adam la miró fijamente—. Lo until usé para limpiarme la mano cuando me corté con el papel de envoltura. Minutos después empecé a sentirme mal.

Silencio.

«El veneno estaba en el pañuelo», pensó Nazaria, juntando las piezas con rapidez. «Y la caja venía del Emperador. O al menos pasó por sus manos antes de llegar a las del príncipe.»

—¿Le dijo esto a alguien más? —preguntó Nazaria, con cuidado.

—No de manera completa. —Adam bajó la voz—. Los médicos reportan al Emperador. Cualquier cosa que les diga, él la sabe en minutos. No puedo arriesgarme a que sepa que vi lo que vi.

—¿Por qué confía en mí entonces?

La pregunta era directa, y Nazaria la hizo con toda la intención de obtener una respuesta igual de directa.

Adam la miró durante un largo momento.

—Porque usted no tiene ninguna razón para protegerlo a él —dijo finalmente—. Y porque su familia es la que está siendo acusada injustamente. Eso le da motivo para querer la verdad tanto como yo.

«Lógico», pensó Nazaria. «Frío, calculado, pero lógico.»

«Este príncipe es más inteligente de lo que su edad sugiere.»

—¿Qué espera que haga con esta información? —preguntó Nazaria.

—Que la use con cuidado —dijo Adam—. Para limpiar a su familia sin exponerme a mí. Si mi padre descubre que sospecho de él, las consecuencias para mí serían... considerables.

«Tiene miedo de su propio padre.»

«Eso explica por qué eligió contármelo a mí. Una niña de una familia que no tiene vínculos con la corte, que no tiene razones para traicionarlo, y que tiene todos los incentivos para usar esta información de manera que no lo implique a él.»

—Entiendo —dijo Nazaria—. Voy a ser cuidadosa.

Adam asintió, y por primera vez desde que había empezado la conversación, algo en su postura se relajó levemente.

—Una cosa más —dijo—. La caja tenía un sello. No era el sello imperial oficial, era algo más pequeño, casi escondido en el borde inferior. Un símbolo que no reconocí.

—¿Puede describirlo?

Adam tomó un papel de la mesa junto a su cama y, con manos que todavía temblaban levemente por la debilidad, dibujó algo rápido: tres líneas curvas entrelazadas formando una especie de espiral incompleta.

Se lo entregó.

Nazaria lo miró.

«No lo reconozco.»

«Pero alguien en la mansión podría.»

—Gracias —dijo, guardando el papel con cuidado—. Esto ayuda mucho.

—Señorita Ainsworth.

Nazaria lo miró.

—Tenga cuidado —dijo Adam, con una seriedad que sorprendió por su genuinidad—. Si alguien descubre que tiene esta información, usted también se convierte en un problema que resolver.

«Ya lo sé», pensó Nazaria. «Pero gracias por decirlo de todas formas.»

—Lo tendré —respondió—. Mejórese pronto, Su Alteza.

Salió de la habitación con el papel guardado contra su pecho y la mente trabajando a toda velocidad.

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Lorena Itriago
hay otra versión de esta Novela?
Carmen Otero
me encanta tu novela escritora. en espera de más capítulos
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