Doña Matilde, una mujer de setenta años, pasa sus noches viendo novelas y criticando a las protagonistas ingenuas que confían en las personas equivocadas. Mientras mira una historia donde la dulce Sonia será traicionada y asesinada por su propia prima, Matilde no puede evitar enfurecerse por tanta ingenuidad. Pero un repentino paro cardíaco cambia su destino.
Al despertar, descubre algo imposible: ya no es Doña Matilde. Ahora es Sonia, la protagonista de la novela Amor cruel, cruel destino.
Con todos los recuerdos de la historia y sabiendo que su prima Paula planea destruirla, Matilde tiene una ventaj noa que nadie más posee: conoce el final.
Y esta vez no piensa permitir que ocurra. Porque si el destino cree que Sonia debe morir… tendrá que enfrentarse a una mujer que no tiene miedo de cambiar la historia
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Llegada de Paula
Después de la cena, Sonia se levantó de la mesa.
—Buenas noches, papá. Buenas noches, mamá.
—Descansa, hija respondió Doña Margarita.
Don Sergio le sonrió.
—No te quedes despierta hasta muy tarde.
Sonia asintió y salió del comedor. Mientras subía las escaleras de la enorme casa, no pudo evitar pensar en todo lo que había pasado en un solo día.
—Primero me muero… luego renazco… y ahora vivo en una mansión que afortunada soy murmuró. Ay Matilde, si te vieran las vecinas.
Entró en su habitación y cerró la puerta.
La habitación era grande, elegante y con un balcón que tenía vista hacia el jardín.
—¡Ave María! dijo mirando alrededor. Esta muchacha sí vivía bien.
Se sentó en la cama unos segundos pensando.
—Bueno, mañana llega la víbora de Paula.
Se levantó y caminó hacia el baño.
—Pero primero… un buen rico baño en ese jacuzzi.
Empezó a quitarse la ropa. Cuando se quedó frente al espejo del baño, se observó de pies a cabeza.
—¡Pero ve esto!
Siguió mirandose de arriba abajo.
—Esta chica sí tiene buenos atributos.
Se giró un poco frente al espejo.
—Pechos grandes… cintura bonita… y unas nachas bien redondas.
Se cruzó de brazos admirando el reflejo.
—Eres una belleza dijo hablando sola. Cuerpo de reina.
Luego negó con la cabeza.
—Y la Sonia original desperdiciándolo siendo una tonta.
Se acercó más al espejo.
—Mira nada más… parezco la reina Afrodita.
Luego soltó una pequeña risa.
—Aquí, si yo hubiera tenido este cuerpo a los veinte años… ay, otro cuento hubiese sido mi vida.
Pero no culpo a mi mamacita: ella era de sangre indígena y yo portaba su apellido con orgullo.
Sí que disfruté al máximo mi vida pasada. Creo que debí ser hombre: cuántos corazones masculinos rompí.
Y ahora que soy una belleza, tendré más pretendientes. Jajaja, estoy media loca… mmm, no importa.
Soy lo que soy, mi esencia siempre será Matilde.
Finalmente entro al jacuzzi.
—Pero bueno… mañana será otro día.
El agua tibia tocó su cuerpo mientras se relajaba y pensaba.
—Mañana conoceré a la famosa primita.
Cerró los ojos recordando cada escena de la novela.
—Esa pequeña zorra y falsa prima.
—Vamos a ver cómo empiezas a actuar, Paula.
Después del baño se puso su pijama de capibara aunque era cómoda que infantil era Sonia y se acostó en la enorme cama.
—Mañana empieza el drama jajajaj cámara y acción.
Y con ese pensamiento se quedó dormida.
A la mañana siguiente, la casa estaba con movimiento.
Los empleados caminaban de un lado a otro preparando todo para la llegada de la invitada.
Sonia bajó las escalera.
—Así que hoy llega el problema.
En ese momento se escuchó un auto detenerse frente a la casa.
—Llegó pensó Sonia.
Doña Margarita apareció emocionada en el recibidor.
—¡Sonia, hija! Tu prima ya llegó.
Sonia cruzó los brazos.
—Vamos a ver.
La puerta se abrió y una joven elegante entró a la casa con una sonrisa dulce por poco parece una santa, pero la realidad es una mosquita muerta.
—¡Tía Margarita! —dijo abrazándola.
Doña Margarita estaba feliz.
—¡Paulita! Qué alegría verte.
Sonia observaba en silencio.
—La misma cara de hipócrita de la novela pensó.
Paula finalmente miró hacia Sonia.
—Grito ¡Primita!
Caminó hacia ella con los brazos abiertos.
—¡Qué bella te ves!
Sonia no se movió mucho.
Paula la observó de arriba abajo con una sonrisa burlona.
—La última vez que te vi tenías frenillos y eras como media feita.
Luego soltó una pequeña risa.
—Jajaja.
Sonia levantó una ceja.
—Mira nada más pensó. Ni cinco minutos ha pasado aqui y ya empezó.
—Bueno dijo. Yo al menos pasé de ser un patito feo para convertirme en un cisne hermoso.
Hizo una pequeña pausa mientras la miraba.
—Pero como que tú no has cambiado nada primita, sigues siendo plana por dónde te mire no tienes nada por delante ni por atrás...
Doña Margarita parpadeó sorprendida.
Paula se quedó como una estatua por un momento.
En su mente empezó a pensar.
—¿Qué le pasa a esta estúpida ? Cómo se atreve a insultarme
—Está media rara.
Recordaba perfectamente que la Sonia era tímida y siempre se quedaba callada.
—Antes no me decía nada por más burla que le hiciera.
Pero Paula reaccionó rápido.
Sus ojos se llenaron de lágrimas comenzó el show.
—Tía Margarita… dijo con voz triste. Mire cómo Sonia me trata me está diciendo que soy fea snif, snif.
Se llevó la mano al rostro limpiando suavemente sus lágrimas.
—Tal vez no quiera que esté aquí.
Doña Margarita frunció el ceño.
—Ya, niñas dejen de discutir somos familia dijo.
Miró a Sonia.
—Sonia, hija, no empieces con esas cosas.
Luego miró a Paula con cariño.
—Paulita debe estar cansada del viaje.
Volvió a mirar a su hija.
—Ayúdale a tu prima con sus cosas en su habitación.
Paula bajó la mirada fingiendo tristeza.
—No quiero causar problemas…
Sonia suspiró.
—Ay, Dios mío… qué teatro.
Pero sonrió dulcemente.
—Claro, mamá.
Luego miró a Paula.
—Ven, primita.
Tomó una de las maletas.
—Tu habitación está arriba junto a mi habitación.
Mientras subían las escaleras, Paula caminaba detrás de ella observándola.
—Algo está raro pensó.
Sonia abrió la puerta de la habitación.
—Aquí vas a dormir.
Paula miró alrededor.
—Es muy bonita —dijo.
Sonia dejó la maleta en el suelo.
Luego se acercó un poco a ella y habló en voz baja.
—Escucha bien, primita.
Paula la miró confundida.
—Yo sé que acabas de llegar… pero no te confundas conmigo.
Paula frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Sonia se encogió de hombros.
—Nada importante.
Se dio la vuelta para salir.
Antes de cerrar la puerta dijo tranquilamente:
—Solo te aviso algo…
Paula la miró.
Sonia sonrió con picardía.
—Esta casa tiene muchos ojos.
Y salió del cuarto.
Mientras caminaba por el pasillo, Sonia murmuró para sí misma:
—Bienvenida , Paulita vamos a ver quién sale ganando está vez.