Ella comienza a tener sueños de otra vida.. y cuando reencarna, se da cuenta, que al parecer, esos sueños son ahora su propia vida.. así que decide cambiar su destino..
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Ivan 2
Con el paso de los días…
Ivan terminó aceptando algo imposible.
Adele decía la verdad.
Toda.
El mago Vale había confirmado sus sospechas después de observar discretamente a la nueva duquesa durante semanas.
Ella tenía una marca de alma.
Una señal mágica que significaba que tenia recuerdos de sus vidas anteriores..
Y aquella marca solo aparecía en personas cuyas almas habían atravesado una alteración profunda.
Reencarnación.
Renacimiento.
Fragmentación temporal.
Pero el resultado era el mismo.
Adele no mentía.
Realmente había vivido otra vida.
Y realmente había sufrido.
Después de eso, Ivan dejó de escuchar sus historias con desconfianza.
Comenzó a escucharlas de otra manera.
Con atención real.
Y cuanto más entendía a Adele…
Más difícil se volvía mantenerse distante.
Porque ella no era lo que esperaba.
No era ambiciosa de la forma peligrosa que muchos nobles lo eran.
No intentaba manipularlo.
Ni aprovecharse del ducado.
Ni jugar juegos políticos.
Adele simplemente…
Quería vivir tranquila.
Ser feliz.
Tener seguridad.
Y nunca volver a sentirse atrapada.
Ivan entendió eso perfectamente después de escucharla tantas noches.
Especialmente cuando hablaba dormida.
Porque incluso dormida a veces murmuraba cosas pequeñas y tristes.
“No quiero volver allí…”
“Odio esa casa…”
“No quiero casarme con Irvin…”
Y cada vez que eso ocurría…
Ivan sentía una furia silenciosa crecer dentro de sí.
Porque comenzaba a comprender la magnitud del daño que su hermano había causado en aquella otra vida.
Mientras tanto Adele seguía trabajando incansablemente.
Ivan escuchaba el sonido de su pluma escribiendo durante horas.
La escuchaba caminar por la habitación organizando ideas.
La escuchaba emocionarse sola por cosas absurdamente simples.
Y honestamente…
Eso comenzaba a gustarle demasiado.
Especialmente sus ideas de negocios.
Al principio Adele quería vender productos.
Luego quiso invertir.
Y finalmente una noche, completamente seria, se sentó junto a él y declaró..
—He decidido que quiero comprar casas.
Ivan permaneció inmóvil bajo el efecto de la poción.
Pero internamente estaba escuchando atentamente.
Adele asintió sola, convencida de su brillante idea.
—Casas pequeñas. Bonitas. Y luego las rentaré.
Comenzó a contarle emocionadamente todos sus cálculos.
Ganancias.
Mantenimiento.
Ubicaciones.
Ahorros.
Incluso hablaba de diversificar ingresos.
Ivan sinceramente comenzó a sospechar que su esposa tenía alma de comerciante obsesiva.
—Seré una gran mujer de negocios —declaró Adele orgullosamente mientras escribía números en su cuaderno.
Luego señaló a Ivan muy seriamente.
—Y cuando despiertes seré terriblemente rica.
Ivan casi sonrió.
Casi.
Porque últimamente eso ocurría demasiado seguido cuando ella hablaba.
Adele tenía una forma extraña de llenar el silencio.
De hacer que incluso las cosas pequeñas parecieran importantes.
Y lo peor…
Era que la residencia completa estaba cambiando gracias a ella.
Los sirvientes sonreían más.
Había más luz.
Más conversaciones.
Más vida.
La casa ya no parecía un mausoleo esperando la muerte de su dueño.
Y todo eso era culpa de Adele.
Pero lo que realmente terminó destruyendo la poca distancia emocional que Ivan intentaba conservar…
Fueron las noches.
Especialmente las noches tranquilas.
Porque antes de dormir, Adele siempre hacía lo mismo.
Siempre.
Después de hablar de su día.
De sus ideas.
De negocios.
De problemas absurdos.
Su voz se volvía más suave.
Más cansada.
Y entonces murmuraba pequeñas plegarias hacia los dioses.
Por él.
—Por favor… que Ivan mejore.
—Que esté bien.
—Que despierte sano.
—Que no sufra.
A veces incluso tomaba suavemente una de sus manos mientras hablaba medio dormida.
Como si realmente estuviera preocupada por él.
Por él.
No por el ducado.
No por el dinero.
No por su posición.
Por Ivan.
Y cada vez que eso ocurría…
Ivan sentía el pecho apretarse de una manera completamente desconocida.
Dolorosamente desconocida.
Porque nadie había pedido nunca sinceramente por su bienestar así.
Ni siquiera cuando estaba consciente.
Mucho menos una mujer que técnicamente había sido obligada a casarse con él.
Una noche particularmente silenciosa, Adele terminó su pequeña oración como siempre.
Luego bostezó suavemente.
Y murmuró medio dormida mientras se acomodaba abrazándolo apenas:
—Así que mejora pronto… esposo.
Ivan permaneció completamente inmóvil bajo el efecto de la poción.
Pero dentro de sí…
Sintió algo romperse lentamente.
Porque por primera vez en muchísimo tiempo…
Alguien estaba esperando genuinamente que despertara.
El abuelo, no tiene perdón. Trabajar...no se le debe haber pasado por la cabeza, viejo vago y sinvergüenza!
🥰