Cuándo enfermó Victoria Cornell, no le importaba la enfermedad tanto como dejar a su pequeña sola. La única familia que tenían estaba lejos y eran algunos parientes lejanos. El hermano mayor de su esposo no lo conocía lo suficiente para dejar a su hija a su cuidado, el también tenía una hija de la misma edad que la pequeña Kayla, Victoria tenía cancer terminal no le daban buenas noticias, ya no tenía fuerzas tenía que dejar a su hija en un orfanato, toda su fortuna la dejó en un fideicomiso que podía usar hasta cumplir la mayoría de edad. La fortuna que su esposo había dejado la tenía en inversiones que manejaba ella misma pero ya no podía, así que hizo un testamento sin saber que sería la condena para su propia hija. Pues su cuñado la reclamó cuando ella murió, las autoridades dejaron como única persona de contacto para hacerse cargo de la niña que apenas cumpliría cinco años. A el varón.
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Varón maldito
Corbin contaba con cinco mörders que después que dejó Alemania decidieron seguirlo, y a él le convenía, su gente eran territoriales y aunque nunca batallaba para que efectuaran sus órdenes, los mörders eran asesinos por naturaleza y no le temían a la muerte. De las montañas del norte de Alemania, tribus que se unieron a los pueblos, territorios, ciudades, y países.
Cuando llegó a la mazmorra donde habían confinado al sujeto que había colaborado en la muerte de Sean su hermano.
Se empezaron a escuchar maldiciones.
— ¿Quien demonios eres, porque estoy aquí? - Preguntó crujiendo los dientes los ojos inyectados de sangre por la fuerza que estaba ejerciendo, demostrando que no tenía miedo, porque según él no había hecho nada.
Corbin sonrió con alevosía pues él estaba ejerciendo el control, sobre su víctima.
— Mírame bien, sabandija. - lo jaló del pelo de la nuca hacia atrás.
— ¡Maldita sea, no te conozco! - volvió a repetir enojado.
Corbin bufó.
— No estoy para juegos. - se plantó frente a él, tú y Theodore Jones mataron a mi hermano, pero tú le tendiste la trampa. - lo apuntó con su cuchillo. ¿Ahora sí me recuerdas gusano? Son Corbin Walker hermano del mayor Sean Walker. ¿Hdp ahora si me te acuerdas de mí?
El hombre conocía la trayectoria del mafioso llegado desde los diez años de Alemán, y qué inclusive el varón le temía, dueño de la mayoría de negocios del estado y algunas empresas navales.
— Yo…yo, no se de lo que habla. - evitó la mirada estaba en duros aprietos.
— ¿A…no recuerdas? - le puso un collar en el cuello y su mörder lo sujetó con una risa qué le erizó la piel. Quedó colgado del cuello, pero los brazos de soporte para que no se ahorcara con su peso.
— Que es lo que quieres saber. - le preguntó decidido hablar.
— Que descubrió mi hermano que no podía dejarlo vivir.
El hombre llamado Joe, suspiró pesadamente.
— ¿Te haz preguntado porque tantas personas y empleados desaparecieron en un corto tiempo?
— Solo te estoy preguntando de mi hermano. - gritó enfadado. - lo demás me importa un cacahuate.
Ya no tenía caso mentir, y no quería morir tratando de mantener detrás del escenario al varón.
— Está bien, tu hermano descubrió una clínica clandestina, dónde se traficaban órganos humanos, y el varón era el dueño. Pero que al saberlo teníamos que hacer algo, me amenazó, yo era el siguiente, en su lista. Pero tu hermano se nos adelantó, investigando sobre los desaparecidos.
— Por eso decidió que tenían que deshacerse de él. - agregó Corbin. Entonces recordó que esa vez le había pedido que esperara la llegada de Nicolás, ya que había viajado a ver a sus familiares pues su madre había enfermado. Nico se había salvado.
— Entonces todas las personas que tenía encerradas, por años era…
— Iba a volver abrir otra clínica, - respondió recordando a todas sus colegas que ya habían desaparecido, y para eso los confinaba, por eso no los mataba, le eran de más utilidad vivos encerrados.
— Viejo hdp malnacido. - expresó Corbin con los puños apretados.
VILLA JONES.
— No eso no puede suceder. - negó Charlotte cuando el varón le dijo que estaba en la ruina. Cuanto queda. - preguntó con la esperanza de poder seguir adelante en su puesto de dama de alta alcurnia.
— Las joyas y lo que tengo en la caja fuerte.
La mujer se cubrió la boca, negando constantemente, no esto era una mentira ellos son millonarios.
— ¡Serenita! - nuestra hija, no va a soportar la noticia. - recordó con horror. Quizás deberíamos de traerla de regreso, - dispuso pues cuando se diera cuenta que sus tarjetas ya no podía usarlas, iba también a poner el grito en el cielo.
— Será lo mejor. - aceptó el varón con un dolor de cabeza, tratando de encontrar una solución, y descubrir quién estaba detrás de todo esto.
Pero en su mente sabía quien era. Ya no podía mentirse, tenía que ir por su hija y marcharse lejos de él, antes que fuera demasiado tarde.
— Nos iremos lejos. - iremos por Serena y de ahí partiremos a Bélgica mi país.
— ¿Pero porqué que sucede?
Porque creo que Corbin Walker está detrás de todo.
— No no puede ser. - negó le entregaste una hija por qué nos dejara en paz.
Va a descubrir que esa no era Serenita, - inhaló aire, o lo ha descubierto.
Charlotte se preocupó era cierto, posiblemente se haya dado cuenta de las marcas.
— Serena no se a comunicado. - le entró pavor.
— Vamos mujer, está en Paris. - reiteró quien quiere que sus padres estén molestando a cada segundo. Déjala tranquila, y prepara las maletas.
Se dirigió a su caja fuerte, sacando fajos de billetes los metió a una maleta, y las joyas en una bolsa de terciopelo, pasaría a venderlas, eran las joyas que les había quitado a sus víctimas.
Dejaría a los que tenía encerrados, ya no eran importantes, no le interesaba si morían. Cuando se recuperara volvería a levantar su negocio, o se uniría al negocio. Pero no caería era un propósito.
Lo qué no media Theodore Jones eran sus propios perjuicios, y considerar que un golpe no se podía ocultar, a ojos de nadie, ni consideraba que los demás que había reducido habían resurgido. Marina no había huido lejos de él como había figurado en su mente. Y ya lo estaba aplastando.
Gregory, quería justicia y aunque no era agresor, no negaba que ya le estaba entusiasmando la idea que el mafioso les compartió. Y era una de las personas que había perdido mucho estando encerrado. Su esposa joven se había vuelto a casar, su padre había sufrido un derrame cerebral y estaba postrado.
Por eso decidió colaborar en lo más que pudiera. Saber las atrocidades que habían hecho con Kayla era para matarlos sin contemplaciones. Pero para eso Corbin tenía a los mörders, los cinco asesinos que no median compilaciones. Y eran leales servidores de la gente de la mafia.
JARDÍN DE LA MANSIÓN.
Corbin observaba de la ventana de su habitación, al jardín, Marina paseaba con Kayla del brazo después de repasar su lectura y escritura, se veía tan tranquila con un toque de ternura era una niña hermosa y estaba recuperándose favorablemente.
KAYLA
Dejo lo que estaba haciendo yendo al jardín.
Hi… hoy no podré subir dos capítulos no me alcanzó el tiempo, si puedo subir otro hoy será noche pero no me comprometo, si no puedo mañana les podré subir dos. Hoy en mi trabajo si que hay un poco más de trabajo así pasa de repente. GRACIAS
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