Daiana llega a la pequeña ciudad de los mitos con un solo objetivo: terminar su carrera. Cuando encuentra la casa de sus sueños (espaciosa, lujosa y extrañamente barata), no duda en firmar el contrato. Poco le importa que los vecinos hablen de una presencia, de una entidad que nunca abandonó el lugar; ella es una mujer de ciencia, racional y escéptica, incapaz de creer en cuentos de fantasmas.
Al principio, los pequeños sucesos (objetos que cambian de lugar, corrientes frías en habitaciones cerradas) son fáciles de ignorar. Daiana los etiqueta como producto del estrés o del cansancio acumulado por los estudios. Pero la negación se vuelve imposible cuando llegan las noches.
Sus sueños han dejado de ser simples proyecciones de su mente para convertirse en una realidad abrasadora. En la penumbra de su habitación, siente caricias que no debería sentir y una presencia que la obliga a gemir en la oscuridad. Despierta siempre igual: jadeando, con la intimidad palpitando de deseo.
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Capitulo 22: Alianzas
El bosque a las afueras de Sereia no es el mismo. La tierra, que apenas unas horas antes había sido el escenario de un intento de sacrificio, ahora apesta a hierro y a una violencia que trasciende lo humano. Dorian camina entre los restos con una frialdad que helaría el alma de cualquier hombre; no busca cuerpos, busca señales. Sus botas aplastan los restos de las túnicas grises de los Guardianes, esparcidas como jirones de basura sobre el lecho de hojas muertas.
__Esto no fue una lucha__. Murmuró Dorian, agachándose para examinar la marca de una garra profunda que había partido un roble centenario por la mitad.
__Esto fue una purga__.
Daiana, a su lado, se siente como si estuviera caminando sobre un cristal roto. Su mente, habituada a buscar patrones científicos, intenta desesperadamente organizar el caos que ve ante ella. Los Guardianes no habían sido derrotados; habían sido devorados, despedazados por una fuerza que no conoce la piedad. Pero lo más importante, lo que le roba el aliento, es la ausencia total de Ana. No hay rastro de su hermana, ni siquiera una huella.
__Se la llevaron, Dorian. La secuestraron__. Dijo Daiana, sintiendo cómo el pánico, una marea negra, intenta engullirla.
__Si Marcial la tiene, la usará para rompernos__.
Dorian se puso en pie, su mandíbula tensa. Sus ojos oscuros escanearon la espesura, pero el bosque parece haberse cerrado, protegiendo su secreto.
__Marcial no tiene a tu hermana, Daiana. Si la tuviera, el sello de la Balanza ya estaría resonando en el aire. Esto...__. Señaló los restos de los Guardianes con desdén.
__Esto es algo antiguo. Algo que estaba esperando el momento en que la energía de Sereia se desestabilice__.
Daiana cerró los ojos. Sabe que no puede perder tiempo con deducciones lógicas. Debe aceptar su rol. Como la "Arquitecta", ella no solo observa la realidad; puede manipular sus hilos. Pero hacer eso tiene un costo, y ella nunca habia estado dispuesta a pagarlo hasta ahora.
__Ayúdame__. Dijo, dejándose caer de rodillas sobre la tierra manchada de sangre.
Dorian se acercó, rodeándola con sus brazos. Aunque su forma es física, Daiana siente la estática de su origen híbrido, una energía que le da el ancla necesaria para no desmoronarse.
__Es peligroso, Daiana. Si te abres demasiado, el vacío podría intentar llenarte__. Advirtió Dorian, su voz grave resonando cerca de su oído.
__No me importa__. Respondió ella, con una determinación feroz.
__Ana está ahí fuera, asustada. Necesito encontrarla__.
Daiana extendió las manos sobre el suelo. No usó magia, usó voluntad. Se visualizó a sí misma como el centro de una red invisible que conecta cada partícula de energía en el bosque. Cerró los ojos y, con un esfuerzo mental que le provocó un dolor agudo en las sienes, comenzó a tirar de los hilos.
El mundo alrededor de ellos se volvió gris y plateado. Las formas de los árboles se distorsionaron, convirtiéndose en corrientes de energía. Daiana sintió cómo una parte de su propia vitalidad, el calor de su sangre y la nitidez de sus recuerdos, son succionados por la red para iluminar el camino. Un grito ahogado escapó de sus labios cuando el precio de la visión se hizo patente: una debilidad extrema, como si le estuvieran arrancando jirones de su alma.
__¡Allí!__. Exhaló, señalando hacia las profundidades más oscuras del bosque, donde la energía se acumula con una densidad aterradora.
__Hay una firma... es antigua, salvaje. Está viva, Dorian. Y ella está con él__.
Dorian no perdió un segundo. Cargó a Daiana con una facilidad sobrehumana y se lanzó a través de la maleza, moviéndose con la velocidad de un depredador que sabe exactamente dónde está su presa.
El rastro los llevó a una cavidad natural escondida tras una cortina de rocas y vegetación. Al entrar, el aire cambió. Se volvió pesado, cálido y saturado de una esencia animal que los hizo detenerse en seco.
Allí, en el centro de la penumbra, una figura humana esta de pie, vigilando. Es un hombre de facciones duras y salvajes, con ojos que aún conservan un destello ámbar, una ferocidad que no pertenece al mundo moderno. Ana esta en una esquina, inconsciente sobre un lecho de piedra.
El hombre se giró. No es un Guardián, ni un aliado de Marcial. Es una entidad desconocida.
__Habéis invadido mi territorio__. Dijo el hombre. Su voz es una vibración que parece hacer temblar las paredes de la cueva.
Dorian dio un paso adelante, su forma empezando a parpadear con la estática de su verdadera naturaleza, preparándose para el combate.
__Devuélvela__. Ordenó Dorian, su tono carente de cualquier rastro de humanidad.
__Ella no es tuya. Es familia de mi compañera__.
El hombre soltó una carcajada seca, un sonido que evoca a los lobos aullando a la luna. Se burló, avanzando hacia ellos con una arrogancia que desafia la autoridad de Dorian
__Ella es Mi Luna. He esperado siglos, he vagado entre las sombras, condenado a la bestia, esperando a que ella apareciera. Mi maldición se rompió en el instante en que sentí su olor en este bosque. Ella es mi compañera, mi destino. No se la entregaré a nadie__.
__No es un objeto que puedas reclamar__. Intervino Daiana, recuperándose poco a poco, su voz firme a pesar de la debilidad.
__Ella tiene una vida, un nombre, una mente. Si tratas de obligarla, te romperá__.
El Alfa ladeó la cabeza, observando a Daiana con una curiosidad calculadora.
__Tú eres la que manipula los hilos__. Dijo, reconociendo la energía en ella.
__Pero no entiendes la naturaleza de un Alfa. Yo no quiero obligarla. Quiero que sea mía por voluntad. Pero la mantendré a salvo de las garras de ese concejal fanático que está buscando convertir el mundo en cenizas__.
Dorian y el Alfa se midieron en un silencio tenso. Ambos son depredadores en la cima de su cadena alimenticia, dos fuerzas que, de chocar, podrían arrasar con la mitad del bosque.
__Marcial no se detendrá__. Dijo Dorian, bajando ligeramente su guardia, un gesto táctico.
__Tiene reliquias de obsidiana. Tiene ejércitos. Si te quedas aquí en el bosque, te cazará. Ana morirá, y tú volverás a ser la bestia que vaga en la oscuridad__.
El Alfa miró a Ana, sus ojos suavizándose con una expresión que roza la adoración posesiva. Luego miró a Daiana y a Dorian.
__La mansión__. Dijo el Alfa.
__La antigua propiedad que habéis reclamado. Tiene capas de protección antiguas que si se activan Marcial no podrá romper fácilmente__.
__Es una fortaleza en ruinas__. Respondió Daiana, entendiendo el movimiento.
__Pero si nos unimos, si coordinamos nuestras fuerzas, podemos convertirla en una trampa para él__.
Dorian miró a su compañera, y luego al Alfa. Hay una desconfianza mutua, un fuego que quema entre ellos, pero la amenaza de Marcial es un enemigo mayor.
__Estableceremos un perímetro__. Concedió Dorian, con una mirada dura.
__Traeremos a Ana a la mansión. Tú te quedarás allí, protegerás a tu "Luna" y, a cambio, nos ayudarás a diezmar a los Guardianes. Pero que quede claro: si intentas tocarla sin su consentimiento, no me importará que seas un Alfa ancestral. Te borraré de la existencia__.
El Alfa sonrió, una mueca que mostró unos colmillos ligeramente demasiado afilados para ser humanos.
__Es un trato, Híbrido. La mansión será nuestra base. Pero ella duerme ahora. Cuando despierte...( el Alfa miró a Ana con una intensidad hambrienta) nos vamos__.
Daiana sintió un escalofrío. Sabía que la llegada de Ana a la mansión no traía paz, sino un nuevo y peligroso juego de voluntades. La guerra contra Marcial apenas comenzó, y ahora, en el corazón de su hogar, tienen a una bestia que apenas puede contener su instinto, a una hermana aterrorizada, y a un híbrido cuya obsesión por Daiana crece con cada segundo que pasan juntos.
El destino de Sereia esta sellado, y la mansión, ese lugar maldito y olvidado, se convertirá pronto en el altar donde decidirán si sobrevivirán o si se consumirán en su propio caos.