En una manada donde todos nacen marcados por la Luna, Lyra es la única que jamás recibió una marca. Creció siendo ignorada, despreciada y tratada como un error incluso por quienes debían protegerla. Para la manada, alguien sin marca no tiene lugar, poder… ni valor. Pero todo cambia cuando comienza a encontrarse en secreto con Rowan, el heredero de una manada vecina que nunca la miró con rechazo. Mientras él le enseña a confiar en sí misma, Kael —el futuro alfa que siempre la despreció— empieza a verla de una forma diferente tras descubrir que Lyra oculta algo imposible. Entre antiguas profecías, secretos de las manadas y un poder que podría cambiarlo todo, Lyra tendrá que decidir quién es realmente… antes de que otros decidan por ella.
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Notar
Ese pequeño gesto cálido hizo que algo dentro del pecho de Lyra se relajara inmediatamente.
—Llegas rápido hoy —comentó él.
—Tal vez porque aquí nadie me mira como si arruinara el ambiente.
La sonrisa de Rowan desapareció apenas.
Lyra se dejó caer sobre la hierba cerca del agua con un suspiro cansado.
Él notó enseguida las ojeras bajo sus ojos.
—¿Qué pasó ahora?
Ella soltó una pequeña risa amarga.
—Sería más fácil preguntar qué no pasó.
Y entonces comenzó a contarle todo.
El desayuno.
La cuchara doblándose.
La forma en que su padre dijo que avergonzaba a la familia.
Incluso imitó su voz:
—“Parece que disfrutas avergonzándonos.”
Rowan apretó lentamente la mandíbula.
Lyra arrancó un poco de césped distraídamente.
—Ni siquiera estaban sorprendidos de que desapareciera toda la noche. Solo les molestó que Kael tuviera que buscarme.
El nombre salió con evidente fastidio.
Rowan lo notó.
—¿El futuro alfa sigue molestándote?
Lyra se encogió de hombros.
—Ahora actúa raro.
—¿Raro cómo?
Ella frunció el ceño intentando explicarlo.
—Me observa demasiado. Como si quisiera descubrir algo.
Los ojos plateados de Rowan se oscurecieron apenas.
Porque él también había notado cosas extrañas.
Los ojos rojos.
El aura diferente.
La forma en que los animales reaccionaban a ella.
Pero no quería asustarla.
Todavía no.
Lyra abrazó sus rodillas suspirando.
—A veces siento que todo empeora.
El bosque quedó silencioso alrededor de ellos.
Entonces Rowan habló suavemente.
—¿Quieres saber algo?
Ella levantó apenas la vista.
—Cuando era pequeño odiaba ser heredero.
Lyra parpadeó sorprendida.
—¿Tú?
Rowan soltó una pequeña risa.
—Todos esperan perfección de un futuro alfa. Fuerza. Control. Liderazgo… nunca puedes equivocarte.
Se recostó sobre el césped mirando la luna entre las ramas.
—Una vez escapé al bosque tres días completos porque estaba cansado de que decidieran quién debía ser.
Lyra lo miró incrédula.
—No puedo imaginarte huyendo.
—Porque ahora soy muy elegante y misterioso.
Ella soltó una risa real.
Y Rowan sonrió apenas al escucharla.
Después giró la cabeza hacia ella.
—Mi punto es… no dejes que ellos decidan quién eres.
Lyra bajó lentamente la mirada.
—¿Y si ya lo hicieron?
Rowan se incorporó un poco.
Sus ojos plateados se fijaron completamente en ella.
—Entonces demuéstrales que estaban equivocados.
El corazón de Lyra se apretó.
Porque Rowan siempre hablaba como si realmente creyera en ella.
Como si viera algo importante donde los demás solo veían un defecto.
El viento movió suavemente su cabello oscuro.
Y entonces Rowan levantó lentamente una mano hacia su rostro.
Lyra se quedó quieta.
Sus dedos apartaron con cuidado un mechón de cabello detrás de su oreja.
Un gesto pequeño.
Suave.
Pero suficiente para acelerar el corazón de Lyra.
—Deja de cargar sola con todo esto —murmuró él.
Y por un instante…
ella realmente quiso apoyarse en alguien por primera vez en su vida.
El aire entre ellos se volvió silencioso.
No incómodo.
Diferente.
Lyra podía sentir el calor de la mano de Rowan todavía cerca de su rostro y odiaba un poco lo rápido que su corazón empezó a latir.
Apartó apenas la mirada.
—Hablas como si fuera fácil.
Rowan sonrió suavemente.
—Nunca dije que lo fuera.
La luna iluminaba parcialmente su rostro mientras él seguía observándola con esa tranquilidad que siempre lograba desarmarla.
Lyra suspiró y se dejó caer de espaldas sobre el césped húmedo.
—Estoy cansada de intentar ser fuerte todo el tiempo.
Rowan se acomodó junto a ella, mirando el cielo.
—Entonces no lo seas conmigo.
Ella giró apenas la cabeza hacia él.
—¿Qué?
—No tienes que fingir aquí.
El pecho de Lyra se apretó otra vez.
Porque Rowan decía esas cosas tan naturalmente…
como si realmente fuera obvio que ella merecía un lugar seguro.
El bosque permaneció tranquilo unos minutos.
Hasta que Lyra habló otra vez.
—Mi padre dijo que avergüenzo a la familia.
La voz salió más baja esta vez.
Más vulnerable.
Rowan cerró lentamente los ojos un segundo.
Molesto.
—Tu padre es un idiota.
Lyra soltó una pequeña risa sorprendida.
—Qué respetuoso de tu parte.
—Estoy siendo amable.
Ella volvió a reír.
Y Rowan sintió nuevamente esa sensación cálida en el pecho al escucharla.
Después de unos segundos, Lyra murmuró:
—A veces quisiera desaparecer un tiempo.
Él giró la cabeza hacia ella inmediatamente.
—No digas eso.
—¿Por qué? Nadie lo notaría.
—Yo sí.
El silencio cayó de golpe.
Lyra dejó de respirar un segundo.
Rowan también pareció darse cuenta de lo que acababa de decir.
Pero no se retractó.
Sus ojos plateados siguieron fijos en ella bajo la luz de la luna.
—Lo notaría —repitió más suavemente.
El corazón de Lyra latía tan fuerte que casi dolía.
Nadie jamás había dicho algo así sobre ella.
Nunca.
Intentó responder algo sarcástico.
Algo ligero.
Pero no salió nada.
Entonces Rowan se incorporó lentamente.
—Ven.
Lyra parpadeó.
—¿A dónde?
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Voy a enseñarte algo nuevo.
Ella lo siguió entre los árboles hasta una zona más abierta del bosque.
El viento era más fuerte ahí.
Rowan se giró hacia ella.
—Cierra los ojos.
Lyra frunció el ceño.
—Eso suena sospechoso.
—Confía en mí.
Ella dudó apenas…
pero obedeció.
Escuchó el sonido del viento moviendo las hojas.
El agua del arroyo a lo lejos.
Y entonces la voz de Rowan sonó cerca.
—¿Qué oyes?
Lyra abrió apenas los labios.
—El bosque.
—No. Escucha mejor.
Ella respiró hondo otra vez.
Y poco a poco…
comenzó a percibir más cosas.
Latidos pequeños entre los árboles.
Animales moviéndose a la distancia.
El roce del viento contra la hierba.
Sus ojos se abrieron sorprendidos.
—¿Cómo hago esto?
Rowan la observó atentamente.
Porque aquello no era normal.
Ni siquiera lobos entrenados desarrollaban sentidos así sin transformarse primero.
—Instinto —respondió cuidadosamente.
Lyra levantó la vista confundida.
Entonces un viento frío atravesó el bosque.
Y de repente…
el cuerpo de Lyra se tensó.
Un dolor agudo recorrió su espalda.
Ella jadeó.
—¡Ah…!
Rowan reaccionó inmediatamente sosteniéndola antes de que cayera.
Sus ojos brillaron rojos intensamente por un segundo.
Más fuertes que nunca.
Y el bosque entero quedó en silencio.
Los animales.
El viento.
Todo.
Como si la naturaleza misma hubiera contenido la respiración.
Rowan sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Porque esa presencia…
no pertenecía a un lobo común.
Lyra temblaba entre sus brazos respirando agitadamente.
—¿Qué me pasa…? —susurró aterrada.
Rowan la sostuvo con firmeza mirando alrededor con tensión creciente.
Porque ahora estaba seguro de algo.
Alguien más empezaría a notar lo que ella era muy pronto.