En un valle oculto por la magia de las hadas, una loba blanca destinada a un matrimonio impuesto encuentra a un lobo negro moribundo cuyo olor despierta en ella la certeza de haber hallado a su verdadero amor. Juntos desafiarán a un tirano, unirán dos manadas separadas por siglos de mentiras y demostrarán que ni la distancia, ni la guerra, ni la muerte pueden contra el poder de los destinados por la Diosa Luna.
Una historia de amor imposible, magia ancestral, pasión y rebeldía que te hará creer en el destino.
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capitulo 8
El bosque ardía.
Luna corrió como una posesa, esquivando árboles, saltando raíces, ignorando el humo que le llenaba los pulmones y las lágrimas que le cegaban los ojos. Las llamas bailaban a su alrededor como demonios anaranjados, devorando todo a su paso, acercándose peligrosamente a la cascada.
A su Night .
—¡NIGHT!
gritó, pero el viento se llevó su voz y el fuego se la devolvió convertida en ceniza.
Cuando por fin llegó al claro frente a la cascada, lo que vio la hizo detenerse en seco.
El agua seguía cayendo. La cueva seguía allí. Pero frente a la entrada, formando un círculo perfecto, decenas de hadas bailaban en el aire. Sus alas brillaban con una luz tan intensa que casi dolía mirarlas, y de sus diminutos cuerpos emanaba un resplandor azulado que mantenía las llamas a raya.
El fuego no podía atravesar ese muro de luz.
—Luma
susurró Luna, reconociendo a la hada de ojos verdes en el centro del círculo.
— Luma, ¿qué...
—Tranquila, loba blanca
dijo Luma sin dejar de brillar.
— El fuego no pasará. Las hadas protegemos lo que amamos.
—Pero el fuego... ¿quién?
—Damián
respondió otra hada, la de cabello azul
—Él y sus hombres. No pudieron encontrar al lobo negro, así que decidieron quemar el bosque. Para que saliera. Para que muriera.
Luna sintió que la rabia le hervía en la sangre.
—Ese maldito...
—No hay tiempo para eso
la interrumpió Luma
—El velo de las hadas puede contener el fuego, pero no para siempre. Y cuando caiga la noche, Damián y sus hombres volverán. Esta vez con más lobos. Esta vez con el Alfa.
—¿Qué puedo hacer?
Luma voló hasta quedar frente a sus ojos.
—Puedes entrar. Puedes despedirte. Porque cuando el sol se ponga, tendrás que tomar una decisión: quedarte con él y morir los dos, o dejarlo ir y confiar en que las hadas lo llevarán a un lugar seguro.
—¿Llevarlo? ¿Adónde?
—A su manada. Podemos abrir un portal. Solo por unos segundos. Solo para él. Pero tú no puedes pasar. El velo que los protege a ustedes, los lobos blancos, también los atrapa. No puedes irte sin romperlo. Y romperlo llevaría tiempo. Tiempo que no tenemos.
Luna miró hacia la cascada. Detrás de ella, en la cueva, Night dormía sin saber que su vida pendía de un hilo.
—¿Y si me quedo con él, Y si morimos juntos?
Luma negó con la cabeza, y en sus ojos verdes había una tristeza infinita.
—Entonces su manada nunca sabrá la verdad. Nunca sabrán que los lobos blancos existen. Nunca sabrán que su príncipe encontró a su destinada. Y el velo se romperá igualmente, pero sin esperanza. Solo con muerte.
Luna cerró los ojos. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, pero no las sintió.
—¿Y si no quiero dejarlo ir?
—Entonces no lo dejes
dijo una voz detrás de ella.
Luna se volvió y vio a su madre, jadeante, con el vestido quemado en los bordes y el pelo lleno de ceniza.
—Mamá... ¿cómo...?
—Te seguí
dijo su madre, acercándose.
—No iba a dejarte sola. No otra vez.
—Pero el fuego...
—Las hadas me dejaron pasar. Supongo que también protegen a las madres desesperadas.
Luma asintió desde el aire.
—Las madres son sagradas para nosotras. Ellas dan la vida. Nosotras la protegemos.
La madre de Luna se volvió hacia su hija y le cogió las manos.
—Escúchame
dijo con firmeza.
—Tu padre ha ido a hablar con el Alfa. A ganar tiempo. A decirle que te ha encontrado y que estás a salvo. No sé cuánto podrá engañarlo, pero nos ha dado unas horas.
—¿Para qué?
—Para que decidas. Para que hagas lo que tengas que hacer. Pero sobre todo, para que sepas que pase lo que pase, nosotros te queremos. Siempre te querremos.
Luna abrazó a su madre con todas sus fuerzas.
—Gracias
susurró.
—Gracias por...
—No me des las gracias.
la interrumpió su madre.
—Solo prométeme que vas a vivir. Que vas a ser feliz. Que vas a luchar por ese amor que la Diosa Luna te ha regalado. Porque yo no pude luchar por el mío, y me arrepiento cada día de mi vida.
Luna se separó y la miró a los ojos.
—¿De qué hablas?
Su madre sonrió con tristeza.
—Tu padre no era mi destinado. Yo también olí al mío, una vez. Hace muchos años. Pero tu abuelo me obligó a casarme con otro. Y el hombre que olí, el que la Diosa me había destinado, se fue. Desapareció. Y yo me quedé aquí, con tu padre, queriéndolo, sí, pero sabiendo siempre que no era él. Que nunca sería él.
Luna sintió que el corazón se le partía en mil pedazos.
—Mamá...
—Por eso tienes que luchar.
dijo su madre, con los ojos brillantes.
—Por mí. Por todas las lobas que no pudieron. Por las que vendrán después. Lucha, Luna. Lucha hasta el final.
Detrás de ellas, el círculo de hadas comenzó a debilitarse. Las llamas se acercaban peligrosamente.
—¡Ya casi no podemos más!
gritó Luma.
—¡Tienes que decidirte, loba blanca!
Luna miró a su madre. Miró el fuego. Miró la cascada.
Y entonces lo supo.
No podía dejarlo ir. No podía. Pero tampoco podía condenarlo a muerte.
Había una tercera opción.
—Luma.
dijo con una calma que no sentía.
—¿Puedes abrir el portal?
—Sí. Pero...
—Ábrelo. Pero no lo mandes a su manada. Mándalo a algún lugar seguro. Cerca. Donde yo pueda encontrarlo cuando escape.
Luma la miró fijamente.
—Eso es peligroso. Si Damián lo encuentra...
—No lo encontrará. Porque yo voy a darles algo con lo que entretenerse.
Y dicho esto, Luna se volvió y caminó hacia el fuego.
—¡Luna!
gritó su madre.
—¿Qué haces?
—Lo que tengo que hacer.
respondió sin volverse.
—Mamá, dile a papá que lo quiero. Y dile a Night... dile que volveré. Pase lo que pase. Volveré.
Y antes de que nadie pudiera detenerla, cruzó el círculo de hadas y se adentró en el bosque en llamas.
Directamente hacia Damián.
Directamente hacia su destino.
Continuará...