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Solo Un Sorbo

Solo Un Sorbo

Status: En proceso
Genre:CEO / Yaoi
Popularitas:891
Nilai: 5
nombre de autor: Lukas el fantasma rojo

trata sobre dos personajes los cuales están comprometidos y uno de ellos está enfermo acá lo vamos a llamar Dimitri dime triste enfermo y no estoy haciendo porque no quiere tomar la medicina y el otro signo que se lo tome personalizado en hacer sus pinches trabajos

NovelToon tiene autorización de Lukas el fantasma rojo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la medicina del empresario imposible

Dimitri seguía hecho un desastre en la cama, como si el simple hecho de estar enfermo fuera una ofensa personal contra su dignidad. El poderoso empresario que podía hacer temblar juntas directivas enteras, ahora estaba escondido bajo las cobijas como un adolescente derrotado por un jarabe.

Lukas lo observaba desde el borde de la cama con una paciencia casi infinita. En una mano sostenía la cucharita con la medicina, y en la otra mantenía el celular en silencio, ignorando por completo cualquier llamada del mundo exterior. Afuera, el universo podía esperar; dentro de esa habitación, Dimitri era la única prioridad.

—No voy a tomar eso —murmuró Dimitri otra vez, con voz ronca y obstinada, girando el rostro hacia la pared.

El ceño fruncido, los labios apretados, y el cabello revuelto le daban un aire completamente distinto al hombre que aparecía en portadas de revistas financieras. Lukas no pudo evitar una leve sonrisa.

—Dimitri… es solo medicina —dijo Lukas con calma—. Te ayudará a bajar la fiebre.

—Prefiero la fiebre —respondió él de inmediato, como si hubiera esperado toda su vida para decir esa frase dramática—. Es menos humillante que eso.

Lukas suspiró, apoyando la cucharita en el borde del vaso.

—No es humillante cuidarte.

Dimitri se quedó en silencio unos segundos. Solo se veía un bulto bajo las cobijas, respirando con fastidio. Luego asomó apenas los ojos.

—Odio cuando hablas como si fuera fácil.

—No dije que fuera fácil —respondió Lukas, inclinándose un poco más—. Dije que es necesario.

El empresario hizo un sonido de queja, algo entre un gruñido y un suspiro derrotado. Se acomodó un poco, dejando ver solo la mitad del rostro.

—Sabe horrible —insistió.

—Por eso te la vas a tomar rápido —dijo Lukas con una paciencia entrenada a prueba de CEOs difíciles.

Dimitri lo miró como si estuviera evaluando una traición estratégica.

—¿Y si no quiero?

—Entonces la tomas igual —respondió Lukas sin cambiar el tono.

Hubo un silencio breve. Ese tipo de silencio donde Dimitri claramente estaba intentando decidir si era posible negociar con la gravedad de su propia enfermedad.

Finalmente habló, más bajo.

—Esto es abuso doméstico.

—Es cuidado doméstico —corrigió Lukas.

Dimitri soltó un pequeño bufido, pero ya no parecía tan firme en su negativa. Lukas lo notó de inmediato. Ese era su punto débil: la obstinación de Dimitri duraba mucho… pero no era eterna.

Lukas dejó la cucharita en el aire otra vez.

—Si te la tomas, te doy algo a cambio.

Dimitri entrecerró los ojos.

—¿Dinero?

—No.

—¿Un contrato?

—No.

—¿Una reunión cancelada?

Lukas lo miró fijo.

—No.

Dimitri parpadeó, confundido, y por primera vez pareció menos empresario y más humano.

—Entonces no me interesa.

Lukas se inclinó un poco más cerca, bajando la voz.

—Un beso.

El efecto fue inmediato.

Dimitri se quedó congelado. Literalmente. Como si el cerebro se le hubiera detenido por unos segundos para procesar la propuesta.

—…Eso es manipulación —dijo al fin, pero su voz ya no tenía fuerza.

—Es motivación —corrigió Lukas.

Dimitri bajó apenas la mirada, fingiendo indignación, pero el leve color en sus mejillas lo delataba por completo.

—Eres terrible —murmuró.

—Y tú sigues enfermo —respondió Lukas suavemente.

Hubo otro silencio. Esta vez Dimitri no discutió. Solo suspiró, resignado, y se sentó un poco en la cama con dificultad. Aún con el orgullo intacto, abrió la boca.

Lukas le dio la medicina rápidamente antes de que pudiera arrepentirse.

Dimitri la tomó de golpe, haciendo una mueca inmediata de asco.

—Puaj… —se quejó, cerrando los ojos con fuerza—. Esto debería ser ilegal.

—Ya pasó —dijo Lukas, dejando el vaso a un lado.

El empresario se dejó caer de nuevo en las cobijas, dramático, como si acabara de sobrevivir a una batalla.

—He visto fusiones corporativas menos dolorosas que esto.

Lukas soltó una pequeña risa.

—Exageras.

—No exagero. Evalúo riesgos.

Lukas negó con la cabeza, divertido, y se inclinó hacia él. Dimitri apenas abrió un ojo cuando sintió la cercanía.

—¿El premio? —preguntó en voz baja, como si le debiera algo al universo.

Lukas no respondió con palabras.

Solo se acercó lo suficiente para darle un beso suave, breve, sin prisa.

Dimitri se quedó quieto un segundo… y luego, como siempre, su expresión cambió. La tensión desapareció un poco de su rostro, reemplazada por algo más tranquilo.

—Sigue siendo horrible la medicina —murmuró al separarse—, pero esto compensa parcialmente el daño psicológico.

—“Parcialmente” —repitió Lukas con una sonrisa leve.

—Estoy siendo generoso.

Antes de que Lukas pudiera responder, el celular de Dimitri vibró en la mesa de noche.

El sonido rompió el ambiente inmediatamente.

Dimitri frunció el ceño.

—No contestes —dijo Lukas al instante.

Pero ya era tarde. El nombre en la pantalla hizo que el empresario cambiara por completo la expresión. La suavidad desapareció, reemplazada por esa frialdad automática que usaba en el mundo exterior.

—Es importante —dijo Dimitri, intentando incorporarse.

Lukas le puso una mano en el hombro.

—Estás enfermo.

—Estoy funcional —corrigió él de inmediato.

Contestó.

Su voz cambió al instante. Más firme. Más dura. Más distante.

—Habla.

Lukas lo observó en silencio mientras Dimitri daba órdenes cortas, precisas, como si la fiebre no existiera. Era el mismo hombre… pero dividido en dos versiones: el que se escondía bajo cobijas, y el que podía destruir empresas con una sola decisión.

Cuando terminó la llamada, dejó el celular a un lado sin decir nada.

Lukas lo miró.

—Deberías descansar.

Dimitri cerró los ojos unos segundos.

—No puedo.

—Sí puedes.

—No quiero.

Lukas se sentó a su lado otra vez.

—Dimitri…

El empresario exhaló lentamente, como si por fin el cansancio le ganara un poco.

—Cinco minutos —cedió—. Pero si el mundo se cae, es tu culpa.

Lukas sonrió.

—Me arriesgaré.

Dimitri se acomodó, apoyando la cabeza en la almohada, esta vez sin protestar tanto. Lukas le acomodó las cobijas con cuidado.

—No te vayas —murmuró Dimitri, casi sin voz.

Lukas lo miró un segundo.

—No me voy.

Y por primera vez en toda la mañana, Dimitri dejó de pelear contra el sueño.

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