Jack Matías siempre creyó ser un chico normal… excepto por los extraños poderes que habitan en su interior. Pero cuando descubre la existencia de un mundo mágico oculto y una mitología completamente distinta a la contada por la humanidad, su vida cambia para siempre.
Guiado por antiguas divinidades y perseguido por fuerzas desconocidas, Jack emprenderá un viaje donde descubrirá su verdadero origen, el poder de la naturaleza y el destino que une a dos mundos.
NovelToon tiene autorización de Rainy Bailord para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Noche no tan turbia
Después de una hora y media, los mejores amigos terminaron de ordenar, al menos a medias, el ático de Jack, ya que era demasiado grande como para dejarlo completamente limpio en un solo día.
Aun así, Jack estaba feliz con el resultado. Las mejores antigüedades ahora descansaban sobre los estantes más limpios y organizados. El lugar parecía un pequeño museo de historia.
—Bueno, quedó casi ordenado... por lo menos una parte —comentó Tobías.
¡Está genial! Toda mi colección está ordenada y reluciente... Gracias, amigo. — Dijo Jack emocionado.
Tobías sonrió.
Jack: Ahora vamos por ese helado.
Tobías: Te encanta el helado.
Jack: ¡Sí! Vamos, Miaucito.
Sin embargo, el gato de Jack permanecía inmóvil sobre una de las repisas más altas. Sus ojos estaban fijos en un rincón oscuro que aún no habían limpiado.
Parecía observar un único punto.
—¿Qué está viendo? —preguntó Tobías.
—No lo sé... nunca había hecho eso.
Jack volvió a llamar a su gato, pero el felino no reaccionó. Seguía mirando hacia aquel rincón, como si estuviera observando algo invisible... o tal vez algo que los chicos no podían ver.
Jack: Ya me está dando miedo. Mejor vámonos.
Tobías: ¿Vas a dejarlo solo?
Jack: Bueno... ¿y cómo vamos a bajarlo de ahí? Le dejaremos la escalera abierta para que baje cuando quiera.
De repente, unas cajas que estaban apiladas en aquel rincón oscuro comenzaron a caer bruscamente, una tras otra, como si alguien las hubiera empujado desde el otro lado.
Jack y Tobías se sobresaltaron por la impresión.
Al mismo tiempo, el gato arqueó el lomo y comenzó a gruñir.
—¡Demonios! ¡Vámonos de aquí! —exclamó Jack.
—Debió ser... algo más. No te asustes, Jack.
—¿Cómo pudieron caerse esas cajas sin que nadie las moviera? Estaban bien apiladas — Dijo Jack mientras retrocedia lentamente.
El curioso felino saltó de la vieja repisa y salió corriendo hacia la escalera que conducía al segundo piso, dejando solos a los chicos.
—Qué miedoso. Abandonó a su amo... —dijo Tobías.
—No lo culpes... eso fue aterrador. Mejor bajemos de aquí antes de que pase algo más.
Tobías descendió primero y ayudó a Jack a bajar.
Después cerraron la puerta del ático y se dirigieron a la habitación.
Ya en la acogedora habitación, Jack se sentó sobre la cama. Tomó una almohada y la abrazó contra su pecho, intentando calmar los nervios que aún le quedaban después de lo ocurrido en el ático.
—Eres como un niño... —comentó Tobías con una sonrisa.
—No me importa parecer infantil o cobarde. Acéptame como soy... soy muy miedoso.
Tobías se acercó y le pasó un brazo por la espalda.
Tobías: Jack, eso no fue ningún fenómeno paranormal ni nada parecido. Seguramente la ventana estaba abierta o algo así.
Jack: No. Esa única ventana del ático jamás se abre... está completamente atorada.
Tobías: Um... tal vez una rata.
Jack: No, aquí no tenemos ratas.
Tobías guardó silencio unos segundos. Después encendió el televisor y comenzó a cambiar de canal, intentando distraer a su amigo para que dejara de pensar en el incidente.
Jack: La televisión por cable es horrible... mejor pon una película.
Tobías: ¿Qué plataforma tienes?
Jack: SenpaiTV.
Tobías: Vaya, sí que eres un otaku.
Jack soltó una suave y divertida risita.
Jack: Ya me conoces.
Tobías: Bueno, busca una película mientras voy por ese helado.
Antes de que pudiera levantarse, Jack sujetó su brazo con fuerza, impidiéndole moverse.
Tobías: Oye... ¿quieres ir tú por el helado entonces? —preguntó Tobías.
—No... mejor vamos los dos — decía Jack aún asustado.
Tobías soltó una pequeña carcajada.
—Está bien, cachorro cobarde... vamos entonces.
Jack infló ligeramente las mejillas, aunque terminó sonriendo.
Jack: No vuelvas a llamarme así.
Tobías: No prometo nada.
Y juntos salieron de la habitación en busca del tan esperado helado.
Y así transcurrió el resto del día. Comieron más helado, vieron una película, jugaron videojuegos y pasaron el tiempo juntos hasta que llegó la hora de dormir.
Sin embargo, cuando llegó el momento de ir a la cama, Jack se negó rotundamente a quedarse solo en su habitación.
A Tobías no le quedó más opción que pasar la noche con él.
Jack se puso su pijama, mientras que Tobías, que no acostumbraba dormir con demasiada ropa, se quedó únicamente con una camiseta de tirantes y una pantaloneta.
Cada uno ocupó un lado de la cama. Durante un rato siguieron conversando en voz baja, hasta que poco a poco el sueño comenzó a vencerlos.
Pero cerca de la medianoche, Jack se despertó de repente.
El insistente sonido proveniente del ático había regresado.
Un crujido.
Luego otro.
Y después un golpe lejano que hizo que su corazón se acelerara.
Jack permaneció inmóvil durante unos segundos, observando la oscuridad de la habitación.
Sabía que probablemente no era nada.
Pero el miedo fue más fuerte que la vergüenza.
Con cuidado, se acercó un poco más a Tobías y terminó refugiándose contra su pecho, como si intentara esconderse de aquello que estuviera provocando aquellos extraños ruidos.
Para su suerte, Tobías seguía despierto.
Había escuchado los mismos sonidos.
Sin embargo, no se movió ni dijo una sola palabra.
Simplemente continuó fingiendo estar dormido.
No quería que Jack se apartara.
Escuchando el tranquilo latido del corazón de Tobías, Jack poco a poco se sintió más seguro.
Sin darse cuenta, terminó quedándose dormido.
A la mañana siguiente, Tobías fue el primero en despertar.
Al abrir los ojos, notó que Jack seguía acurrucado junto a él, aferrándose inconscientemente a la seguridad que había encontrado durante la noche.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Con mucho cuidado, se apartó para no despertarlo.
Después se dirigió al baño de la habitación en silencio, se lavó la cara, se vistió y bajó a la cocina.
Unos minutos más tarde, Jack también despertó.
Al notar la ausencia de su amigo, se incorporó lentamente y miró a su alrededor.
—¿Tobías...? —murmuró adormilado.
Al no verlo en la habitación, se levantó de la cama y bajó a la cocina.
Allí encontró a Tobías preparando un delicioso desayuno.
El aroma llenaba toda la casa.
Mientras desayunan tuvieron una pequeña charla.
—Dormiste bien —preguntó Tobías.
—Sí... bastante bien — Dijo Jack nervioso
El color del rostro de Jack empezó a cambiar mientras recordaba lo sucedido aquella noche,
Tobías: Me alegra, que hayas dormido bien..
— ...
— ...
Jack: ¿Por qué me estás mirando?
Tobías: Por nada.
Jack: Deja de mirar.
Tobías: Entonces deja de ponerte rojo.
Jack: ¡No estoy rojo!
Debido a unas diligencias que tenía que realizar aquel día, Tobías desayunó rápidamente. Después se despidió de Jack y emprendió el camino de regreso a su hogar.
Cuando la puerta se cerró, Jack volvió a quedarse solo.
Sin embargo, esta vez no se sentía asustado.
Al contrario.
Se sentía tranquilo, feliz y agradecido por haber pasado aquel tiempo junto a su mejor amigo.