Cuándo enfermó Victoria Cornell, no le importaba la enfermedad tanto como dejar a su pequeña sola. La única familia que tenían estaba lejos y eran algunos parientes lejanos. El hermano mayor de su esposo no lo conocía lo suficiente para dejar a su hija a su cuidado, el también tenía una hija de la misma edad que la pequeña Kayla, Victoria tenía cancer terminal no le daban buenas noticias, ya no tenía fuerzas tenía que dejar a su hija en un orfanato, toda su fortuna la dejó en un fideicomiso que podía usar hasta cumplir la mayoría de edad. La fortuna que su esposo había dejado la tenía en inversiones que manejaba ella misma pero ya no podía, así que hizo un testamento sin saber que sería la condena para su propia hija. Pues su cuñado la reclamó cuando ella murió, las autoridades dejaron como única persona de contacto para hacerse cargo de la niña que apenas cumpliría cinco años. A el varón.
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Indignación
Corbin entró directamente a su estudio, sirviéndose un wisky, lo tomó de un trago, plantó el vaso fuertemente sobre la mesa, que pensó que se haría añicos.
Nico entró después del llamado qué no entendió porque con tanta urgencia.
— Esa mujer con quien me casé no es la hija del varón. - lo observó con el ceño fruncido, ¿arrepentido? Así se sentía pero por lo que había hecho.
— ¿Porque lo dices? - frunció el semblante, no entendía.
Corbin por primera vez experimentó un opresión algo similar al arrepentimiento, o no sabía qué era.
— ¡La rompí!
Se tomó la cabeza con ambas manos.
— Te refieres a que era…
Corbin asintió sin levantar la cabeza.
Nico ayúdame a investigarla quiero saber quién es, le explico los motivos, los moretones, y quizás tenía alguna quebradura.
— Empezaré desde mañana temprano, - respondió con toda seguridad, lo que le contó era grave, escarbaremos desde los inicios de sus negocios, te prometo tener todo resuelto en poco tiempo. - le aseguró. Saliendo pensativo.
Ya era media noche Corbin no dejaba de pensar, decidió pasar a la habitación, haber si podía averiguar algo. Tocó levemente no quería asustarla, seguramente tenía que disculparse, no sabía en realidad qué era lo mejor.
La habitación estaba en silencio y penumbras, de pronto le entró miedo de que hubiera huido, pero al abrir la puerta, lo primero que vio fue un bulto en el piso echó ovillo.
La levantó su peso era como pluma para su complexión, procurando evitar despertarla camino despacio, tratando de no hacerle más daño del que ya había sido víctima, dejándola sobre la cama.
Corbin pudo conciliar el sueño por una hora, no podía dejar de pensar en lo que pudo haber pasado, sintiendo rabia con el varón, y la zozobra de quien pudiera ser la chica.
Se preparó un poco de café, y salió de la cocina, inconsciente no sabía cómo llegó hasta la puerta de la habitación. La puerta estaba tal como la había dejado la noche anterior, abrió la puerta y entró la chica estaba aún dormida, se veía relajada como si estuviera verdaderamente cansada.
Y así era para Kayla la suavidad de la cama las sabanas oliendo a jabón era como un afrodisíaco la envolvía en un sueño relajante que nunca había tenido.
Pero su realidad hizo que se diera cuenta donde estaba, abriendo los ojos asustada saltó literalmente de la cama, y cuando vio a Corbin automáticamente cayó en sus rodillas.
— Señor perdón, le juro que no se como estaba en su cama. - dijo con angustia. Por favor no me pegues, le juro que no volverá a suceder, limpiaré las sabanas, las jaló para quitarlas pero Corbin la alejó de lo que pretendía.
Entonces se dio cuenta que estaba acostumbrada a que todo lo que hacía recibir golpes. Por instinto se cubría tratando de evitarlos.
— No me pegue, me portaré bien, lo prometo no tendrá que verme. - solo no me golpee.
— Calma nadie te va a pegar más. - prometió con indignación. No lo permitiré, te lo prometo.
La chica estaba demasiado asustada para poder hacerle preguntas. La dejó sola ordenando qué le llevaran comida y ropa limpia mientras ordenaba comprarle a su medida.
Era tarde Nicolás no se había reportado aún, pero tenía plena confianza en lo que hacía.
Para las cuatro de la tarde Nicolás estaba en la línea.
— Lo tengo.
— Y tienes que ver esto.
Le puso la llamada en video llamada.
Había encontrado a Marina, o la mujer lo había encontrado a él.
— Pero tenemos un problema, - enfocó el lente de la cámara en el collarín que tenía la mujer y una luz que indicaba lo que era.
— ¡Mierda! ¿que demonios?
— El varón me lo puso como castigo, - reveló, ya sin miedo, fue por haber tratado de ayudar a Kayla a escapar de sus maltratos.
— Pero aquí estoy amenazanda.
Conozco a alguien, que puede ayudar con eso. Nico, mantenme en línea para que Virginia vea que tipo de artefacto es.
No paso más de diez minutos cuando la mecánica descifrará cómo funcionaba.
— No te muevas llegaré enseguida. - prometió la mujer que se dedicaba a la seguridad de algoritmos y mercadotecnia y todo lo que fuera de mecanismos, tomó un pequeño monitor y un destornillador, y sin más salió a la dirección que le mandó.
La mujer llamada Virginia hizo lo que tenía que hacer, desactivando el mecanismo que estaba prendido del cuello de la antigua cocinera.
— ¿Puedes ayudarme a dejarlo como regalo para el varón? - le pidió con una sonrisa, era nada a comparación de todo los años que vivió sometida bajo sus malditas reglas.
MANSIÓN WALKER.
— Señor la señora está delirando con una fiebre muy alta. - le avisó la mujer que se encargaba de llevarle la comida.
Corbin tenía desde que se casó con más preocupaciones que los quince años que tenía en el liderazgo con la mafia.
— Llama al doctor. - ordenó dirigiéndose hacia la habitación donde estaba la joven.
Su palidez era más evidente, por la claridad del día, no le había puesto tanta atención hasta ese momento, la chica era una belleza a pesar de su bajo peso.
Se acercó viendo sus facciones fruncidas como huyendo de algo o de alguien.
— No, no me peguen, duele mucho por favor, me duele mucho.
Corbin dio con todas sus fuerzas un puñetazo a la pared.
— Maldito hijo de la gran puta, voy a quemarte vivo maldita rata.
— Vas a pagar cada golpe que le diste al doble te lo juro y después te haré que veas cómo tú hija y esposa suplican. - juro por su vida que así lo haría. Primero tenía que hacer qué la mujer que ahora era su esposa sanara y sería lo más difícil, porque tendría que hacerlo de adentro hacia afuera.
Le pidió a Benjamín uno de sus mörder que empezara la búsqueda de la hija del varón, no abría lugar en el mundo dónde pudiera escapar de su merecido castigo.
La llegada de Nico con la mujer Marina, lo sacó de sus pensamientos, el doctor aún la estaba revisando, había tardado más de lo que pensaba.
— ¿La conoces? - hizo una señal para que entrara el doctor ya había terminado con su chequeo.
Es importante que sea intervenida, tiene un hueso desgarrado de la muñeca y en una pierna. Marina tenía los ojos agrietados por la sensación del llanto qué estaba tratando de detener.
Pero era ella la pequeña que ya no era tan pequeña pero sometida como al principio.
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