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¿Que Haces Cuando Ya No Eres La Protagonista?

¿Que Haces Cuando Ya No Eres La Protagonista?

Status: En proceso
Genre:Edad media / Mundo mágico / Viaje a un mundo de fantasía
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydi Nina

Miriam Bloomson debía ser la protagonista de la historia.

Pero cuando el destino cambió y el futuro que recordaba desapareció, comprendió que ya no tenía un lugar en la trama.

Así que tomó una decisión:

desaparecer junto con ella.

Sin embargo, fingir su muerte fue mucho más fácil que escapar de las consecuencias.

La historia que conocí desapareció… así que decidí desaparecer con ella.

NovelToon tiene autorización de Leydi Nina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Negocios muy legales... probablemente

Lina descubrió rápidamente algo importante.

Las armas bendecidas eran caras.

Ridículamente caras.

Y eso la hizo muy feliz.

Porque si había algo que disfrutaba además de leer, entrenar y sobrevivir a mundos ficticios...

Era ganar dinero.

—Esto es maravilloso.

Murmuró mientras revisaba sus cuentas.

Compraba armas.

Las bendecía.

Y luego las vendía por mucho más.

Era un sistema perfecto.

Bueno.

Perfecto para ella.

No tanto para los compradores.

Pero ese era un problema ajeno.

—Muajajajaja...

Se quedó en silencio.

—No.

Debo dejar de hacer eso.

---

Durante las siguientes semanas comenzó a contactar herreros.

Mercaderes.

Fabricantes.

Intermediarios.

Cualquier persona capaz de conseguir armas de buena calidad.

Pronto descubrió que los mejores negocios estaban fuera de la ciudad.

Especialmente en los pueblos cercanos a las fortalezas militares.

Así que empezó a negociar.

Y resultó sorprendentemente buena.

Quizás porque había crecido viendo empresarios cerrar acuerdos.

O quizás porque los comerciantes del viaje la habían entrenado sin querer.

Fuera cual fuera la razón, funcionaba.

Cada vez llegaban más mercancías.

Más espadas.

Más dagas.

Más lanzas.

Y más clientes.

Su pequeño negocio comenzaba a prosperar.

---

Una mañana particularmente tranquila estaba organizando el local cuando escuchó golpes en la puerta.

Abrió.

Y encontró una carreta.

—Entrega para la señorita Lina Hart.

Sus ojos brillaron.

—¿Llegaron?

—Llegaron.

La emoción desapareció cuando vio la cantidad.

Había muchísimas cajas.

Demasiadas.

—¿No podían traer menos?

—Pagó por todas.

—Eso también es verdad.

El conductor dejó las cajas en la entrada y se marchó sin la menor intención de ayudar.

Lina lo observó alejarse.

—Traidor.

---

La primera caja estaba llena de ballestas.

Ballestas nuevas.

De excelente calidad.

Exactamente lo que había pedido.

El único problema era que pesaban muchísimo.

—Bueno...

Se arremangó.

—A trabajar.

Tomó la primera caja.

Entró.

Volvió a salir.

Tomó otra.

Entró nuevamente.

Repitió el proceso varias veces.

Al principio fue sencillo.

Después molesto.

Y finalmente agotador.

—Si vuelvo a pedir tantas de una sola vez, por favor que alguien me golpee.

Murmuró.

No había nadie para hacerlo.

Lo cual era una pena.

---

Levantó otra caja.

Entró caminando hacia atrás.

Y justo entonces ocurrió.

Tropezó.

—¡¿Qué?!

La caja se inclinó peligrosamente.

Lina intentó recuperar el equilibrio.

Fracasó.

Y terminó chocando contra alguien.

Las ballestas estuvieron a punto de caer al suelo.

Por suerte unas manos las sujetaron antes.

—Cuidado.

Dijo una voz masculina.

Lina parpadeó.

Una vez.

Dos veces.

Y levantó la vista.

El desconocido era alto.

Muy alto.

Cabello oscuro.

Ropa elegante pero discreta.

Y una expresión tranquila.

Demasiado tranquila para alguien que acababa de ser atacado por una lluvia potencial de ballestas.

—Yo...

Lina observó la caja.

Luego al hombre.

Luego la caja otra vez.

—Puedo explicarlo.

—¿Sí?

—No.

La verdad es que no puedo.

El desconocido soltó una pequeña risa.

Y por alguna razón eso la hizo sentirse aún más avergonzada.

---

—¿Se encuentra bien?

Preguntó él.

—Mi orgullo acaba de morir.

—Entonces mis condolencias.

—Gracias.

Agradezco su apoyo en estos momentos difíciles.

El hombre volvió a reír.

Y ayudó a estabilizar la caja.

—Parecen pesadas.

—Lo son.

—¿Y piensa moverlas sola?

—Ese era el plan.

—Es un mal plan.

—Lo sé.

Pero era el único que tenía.

---

Durante unos segundos se hizo silencio.

Lina aprovechó para observarlo mejor.

Parecía alguien importante.

No noble necesariamente.

Pero sí alguien acostumbrado a dar órdenes.

Aunque no llevaba ningún símbolo que permitiera identificarlo.

Y sinceramente ella tampoco prestó demasiada atención.

Lo último que esperaba encontrar en una tienda de armas era alguien misterioso.

---

—¿Necesita ayuda?

Preguntó él finalmente.

Lina abrió la boca.

La cerró.

Volvió a abrirla.

—Mi orgullo me obliga a decir que no.

—¿Y el sentido común?

Miró las diez cajas restantes.

Suspiró.

—Dice que sí.

Minutos después ambos estaban moviendo mercancía al interior del local.

Lo cual era una situación bastante extraña.

Especialmente porque Lina ni siquiera conocía su nombre.

—Por cierto.

Dijo ella mientras colocaban otra caja.

—Creo que normalmente las personas se presentan antes de comenzar a cargar ballestas juntas.

—¿Eso es una regla?

—Debería serlo.

El hombre sonrió levemente.

Y entonces respondió:

—Tienes razón.

—Leonhart.

—Lina.

Nos quedamos observándonos unos segundos antes de volver al trabajo.

Porque las cajas seguían allí.

Y lamentablemente no iban a moverse solas.

—¿Vienes seguido por esta zona? —pregunté mientras levantábamos otra caja.

—A veces.

—Respuesta sospechosamente vaga.

—Tal vez.

—Definitivamente sospechosa.

Leonhart soltó una pequeña risa.

Yo seguía sin entender cómo alguien tan elegante había terminado ayudándome a cargar mercancía.

Normalmente la gente elegante evitaba el trabajo físico.

O al menos fingía una lesión repentina.

Media hora después, todas las cajas estaban dentro.

Me dejé caer sobre una silla.

—Sobrevivimos.

—Apenas.

—Exacto.

Leonhart observó el local.

Todavía estaba organizándose.

Había armas por todas partes.

Espadas sobre una mesa.

Lanzas apoyadas contra una pared.

Cajas abiertas.

Herramientas.

Y un desastre considerable.

—¿Tienda de armas?

—Próximamente.

—Parece mucho trabajo para una sola persona.

—Lo es.

—Entonces, ¿por qué hacerlo?

Sonreí.

Porque la respuesta era sencilla.

—Porque me gusta.

Él pareció sorprendido.

—¿Solo por eso?

—¿No es suficiente?

Leonhart permaneció en silencio unos segundos.

—Supongo que sí.

Mientras hablábamos, terminé abriendo una de las cajas de ballestas.

Saqué una.

La revisé.

Y asentí satisfecha.

Buena madera.

Buen mecanismo.

Buen equilibrio.

—Pareces saber bastante.

Comentó él.

—Me gustan las armas.

—No es una frase que escuche todos los días.

—Tengo muchos talentos extraños.

—Eso ya lo noté.

—Qué ofensivo.

—Y aun así me diste la razón.

No pude evitar reír.

Por alguna razón, la conversación resultaba fácil.

Natural.

Como si hablara con uno de los comerciantes del viaje.

Solo que Leonhart parecía mucho más educado.

Y menos propenso a discutir sobre trigo húmedo.

Lo cual era una mejora considerable.

—¿Piensas quedarte mucho tiempo en la ciudad?

Preguntó él.

—Probablemente.

Acabo de comprar una casa.

—¿Una casa?

—Pequeña.

No soy rica.

Bueno...

Ya no.

Aquello era técnicamente cierto.

La mayor parte de mi dinero estaba invertida en el negocio.

Y si algo salía mal probablemente terminaría llorando sobre una montaña de ballestas.

---

Cuando finalmente se levantó para marcharse, sentí una ligera sorpresa.

Porque el tiempo había pasado rápido.

—Gracias por ayudar.

Dije sinceramente.

—No fue nada.

—Mentira. Había muchas cajas.

Por primera vez, Leonhart sonrió abiertamente.

—Entonces aceptaré el agradecimiento.

—Bien.

Porque no pienso cargar las otras sola.

—Tomaré nota.

Y tras decir eso, se marchó.

Yo observé la puerta durante unos segundos.

Luego miré las cajas restantes.

Y suspiré.

—Bueno...

Tomé otra ballesta.

—Al menos este Imperio Carmesí está resultando más interesante de lo que esperaba.

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Lorena Itriago
no repitas el capítulo por favor
Iliana Curiel
ohh me encantó hermoso capitulo muy romántico ❤️❤️❤️
Natt 💙
no no no m gano la tentación y vine a leer
pinta interesante 🤭🥰🤭🤣
Natt 💙: que bueno 👏🥰
total 2 replies
Iliana Curiel
jajaja esos dos ya cayeron, hayyyy el amorrrr ❤️❤️❤️🥰🥰🥰
Iliana Curiel
ahora sí se conocerán las dos reencarnadas haber que traman 🥰🥰🥰
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