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Herencia De Sangre Y Deseo

Herencia De Sangre Y Deseo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Cuando la mafia y el amor se cruzan...

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Voces al filo del miedo

El reloj marcaba las 4:05 a. m. cuando Luca cerró con fuerza la puerta de su habitación. Las palabras de Isabella aún rebotaban en su cabeza como ecos llenos de reproche, de angustia, de advertencia. Caminaba de un lado al otro, descalzo, con el pelo húmedo por la lluvia y el corazón acelerado. No podía dormir. No podía quedarse quieto.

Dante había estado allí. En esa casa. Cerca de Isabella. Y él no estuvo.

Se frotó el rostro con ambas manos, sintiendo el ardor de la rabia subiéndole por la garganta. No había tiempo para lamentarse. No ahora. Fue hasta el escritorio, encendió la lámpara de noche y sacó el celular de su bolsillo. Sus dedos temblaban mientras marcaba un número guardado bajo un nombre que le pesaba como una promesa: Vittorio.

El teléfono sonó una, dos, tres veces… hasta que del otro lado contestaron con voz grave, apenas un susurro entrecortado por el sueño.

—¿Luca?

—Sí. Lo lamento, sé la hora que es… pero necesito hablar con vos. Es urgente.

Un silencio denso se filtró por la línea. El tipo de silencio que nace del presentimiento. Luego, la voz de Vittorio volvió, más despierta, más dura.

—¿Pasó algo?

Luca se sentó, se inclinó hacia adelante y apretó el celular contra su oído.

—Dante la encontró. Estuvo en la casa. Entró. Habló con ella. Supo exactamente dónde estábamos. Nos alcanzó.

Vittorio soltó una maldición apenas audible. El sonido del colchón crujió del otro lado del teléfono, como si se hubiera levantado de golpe.

—¿Está bien?

—Sí… físicamente, sí. No la tocó, o al menos eso dijo ella. Pero lo peor no fue eso, Vittorio. Fue verla. Verla rota, temblando, desprotegida… y saber que yo no estuve. Que la dejé sola.

Hubo otro silencio, pero esta vez no fue vacío. Estaba lleno de tensión, de decisiones que ya no podían esperar.

—Escuchame bien, Luca —dijo Vittorio con voz grave—. Volvé a la mansión. Hoy mismo. No quiero que pasen ni una noche más en ese lugar. Yo también voy a regresar cuanto antes. Voy a reforzar toda la seguridad. Nadie entra ni sale sin que yo lo sepa.

—¿Y si vuelve a intentarlo?

—No lo hará. No esta vez. Voy a hablar con gente de confianza. Cerramos accesos. Ponemos alarmas. Códigos. Lo que sea necesario. Pero sobre todo... —Vittorio hizo una pausa, y cuando habló de nuevo, su voz tenía una mezcla de firmeza y ruego—. Esta vez no me falles, Luca. No permitas que ese hijo de puta vuelva a arrebatármela.

Luca sintió el peso de esas palabras clavarse como estacas en su pecho. No solo eran una orden. Era una súplica disfrazada de mando. Una confesión silenciosa de miedo.

—No lo haré —dijo, apretando los dientes—. No volveré a fallar. Lo juro.

—No te estoy pidiendo que jures. Te estoy diciendo que lo hagas. Protegela, aunque tengas que dar tu vida por ella. Porque si Dante vuelve a tocarla… si siquiera vuelve a respirar cerca suyo… no sé de qué seré capaz.

Luca se quedó en silencio, procesando el peso de la promesa que acababa de renovar. El sonido de la lluvia persistía detrás de las ventanas, como un murmullo eterno que lo acompañaba en su culpa.

—¿Cuándo volvés? —preguntó.

—Mañana a la noche. Tengo que cerrar un par de temas, pero no más que eso. Confío en que te ocupes de que esté segura hasta entonces.

—Lo haré.

—¿Ella sabe que vas a hablar conmigo?

—No. Se encerró en su cuarto. No me quiere ver.

—Dale su espacio. Pero no te alejes.

—No pienso moverme de su lado.

—Bien. Mañana me llamás cuando lleguen. Quiero saber que están adentro, a salvo. Y Luca… —Vittorio bajó el tono, pero no la intensidad—. Si ese bastardo vuelve, esta vez no va a salir caminando.

La llamada se cortó.

Luca se quedó con el celular aún pegado a la mano. Afuera, la lluvia comenzaba a amainar. Y, sin embargo, dentro de él, la tormenta recién empezaba.

Se levantó con decisión. Abrió la puerta de su habitación sin hacer ruido y caminó por el pasillo. Se detuvo frente a la puerta cerrada de Isabella. No golpeó. Solo apoyó la palma de la mano contra la madera.

—Estoy acá, Isabella. No me voy a ir. No esta vez. Del otro lado, ningún sonido.

Pero tal vez, solo tal vez, ella lo había escuchado

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Eneida Acosta
y las siguientes??? me dejo en suspenso
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