nada es para siempre
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Los dos rusos descendieron finalmente la majestuosa escalinata , adentrándose por completo en el mar de gente que abarrotaba la pista principal. El cambio de ambiente fue inmediato y abrumador: el aire se sentía más denso, cargado de la energía de la música y las luces estroboscópicas que cortaban la penumbra en destellos azules y carmines.
Dmitriy caminaba al frente con una seguridad felina, con la mirada fija en su objetivo; no pensaba perder de vista el vestido negro de Azul por nada del mundo. Sin embargo, detrás de él, Taras avanzaba a paso lento, manteniendo los brazos pegados al cuerpo y una expresión de sutil incomodidad, completamente ajeno al hecho de que, en ese preciso instante, él mismo se había convertido en la presa de alguien más.
Desde el centro de la pista, Roberta fue la primera en notar la imponente presencia de los recién llegados. El brillo neón iluminó por un segundo las facciones serias de Taras, y ella lo reconoció de inmediato como el acompañante del reservado del mediodía. Lejos de intimidarse por su porte frío o su actitud de oficina, la audacia de Roberta se encendió por completo. Le dio el último trago a su vaso, se lo entregó a Azul sin apartar la vista del ruso y comenzó a moverse con una sensualidad lenta y cadenciosa, marcando el ritmo de los bajos de la música.
Roberta acortó la distancia entre ellos con pasos medidos y elegantes. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, fijó su mirada directamente en él. Esos hermosos y profundos ojos cafés, enmarcados por sus pestañas oscuras, brillaron con una mezcla de picardía y desafío bajo los destellos de la discoteca. Roberta giró sutilmente, permitiendo que el movimiento de su vestido capturara por completo la atención de Taras, rompiendo el espacio personal del joven de una manera tan magnética que fue imposible de ignorar.
Taras, que hasta ese momento planeaba quedarse estático esperando a que su primo terminara su cacería, se congeló por completo. La vibración de la música pareció quedar en segundo plano cuando se topó de frente con la mirada de la mexicana. Aquel ruso serio, calculador y estructurado, sintió un vuelco inédito en el pecho. Sus ojos claros, acostumbrados a revisar aburridos balances financieros y reportes , se clavaron en las facciones expresivas de Roberta. Una calidez desconocida comenzó a recorrerle la espina dorsal, derritiendo esa coraza de hielo que siempre cargaba consigo ante los desconocidos.
Por primera vez en toda la noche, Taras bajó la guardia. Dejó de cruzarse de brazos y avanzó medio paso hacia ella, atrapado por completo en el juego de seducción de la joven. El marcado contraste entre la rigidez europea de él y la vibrante calidez latina de ella comenzó a difuminarse en la pista, dando inicio a un interés genuino que ninguno de los dos planeaba frenar. Mientras tanto, a escasos metros, Dmitriy observaba la escena con una sonrisa de complicidad, antes de girarse por completo hacia Azul para reclamar su propia atención y reclamarla para el .