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TU NOMBRE EN MI ANILLO

TU NOMBRE EN MI ANILLO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Posesivo
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Mahary Garcia

Valeria Bellucci jamás imaginó que terminaría casada con el hombre más poderoso y frío de la ciudad.

Acorralada por las deudas de su familia, acepta un matrimonio por contrato con Enzo Ricci, un CEO multimillonario conocido por destruir a cualquiera que se interponga en su camino.

Las reglas eran simples: — No enamorarse.
— No interferir en la vida del otro.
— Mantener la apariencia de un matrimonio perfecto.

Pero vivir bajo el mismo techo con un hombre obsesivo, dominante y lleno de secretos hará que Valeria descubra que detrás de aquella mirada fría existe un pasado capaz de destruirlos a ambos.

Lo que comenzó como un simple acuerdo terminará convirtiéndose en una guerra de celos, deseo y sentimientos prohibidos.

Porque algunos contratos pueden firmarse con tinta…
pero otros terminan grabándose en el corazón.

NovelToon tiene autorización de Mahary Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 21 - SI ALGO LE PASA A ELLA

Enzo

El mundo se volvió silencio después de escuchar la voz de Camila.

No un silencio tranquilo.

Uno peligroso.

De esos que aparecen justo antes de que todo explote.

—Si quieres volver a ver vivo a Leonardo Bellucci… ven solo.

Mi mandíbula se tensó inmediatamente.

—¿Dónde estás? —pregunté.

Camila soltó una pequeña risa al otro lado de la línea.

Pero ya no sonaba elegante.

Sonaba rota.

—Mírate… tan desesperado por alguien que se supone no significa nada.

Sentí la mirada de Valeria clavarse en mí.

Ignoré eso.

—Camila, escucha bien lo que voy a decirte.

Mi voz salió completamente fría.

—Si le haces daño a Leonardo—

—¿Qué harás? —interrumpió ella—. ¿Destruirme? Ya lo hiciste hace mucho tiempo, Enzo.

Cerré los ojos un segundo controlando la furia.

—Esto no tiene que terminar así.

Ella se rio otra vez.

—Claro que sí.

Silencio.

Luego habló más bajo.

Más inestable.

—Quiero verte solo en la dirección que voy a enviarte. Si llamas a la policía o llevas seguridad… él muere.

La llamada se cortó.

El silencio que quedó después fue insoportable.

Valeria me observaba completamente pálida.

—¿Qué dijo? —preguntó aunque claramente había escuchado suficiente.

Guardé el teléfono lentamente.

—Quiere que vaya solo.

Ella negó inmediatamente.

—No.

—Valeria—

—¡No vas a ir solo con una mujer que secuestró a mi padre!

Su voz se quebró al final.

Y eso golpeó algo dentro de mí.

Me acerqué despacio.

—Voy a traerlo de vuelta.

—Eso no es una garantía.

—Es la única que tengo.

Valeria empezó a caminar nerviosamente por la oficina de seguridad.

—Esto está mal… esto está completamente mal…

Se pasó las manos por el cabello intentando controlar la respiración.

—Debemos llamar a la policía.

—Ya lo hice.

Eso la hizo detenerse.

—¿Qué?

—La policía ya viene. Pero no llegarán antes que yo.

Ella me miró como si acabara de perder la cabeza.

—¿Escuchas cómo hablas?

—Sí.

—¡Entonces entiende que esto puede ser una trampa!

—Lo es.

Su frustración aumentó inmediatamente.

—¡Entonces no vayas!

Silencio.

La miré fijamente.

—Valeria.

Ella negó otra vez.

—No.

Me acerqué más.

—Voy a sacarlo de ahí.

—¿Y si te pasa algo?

La pregunta salió demasiado rápido.

Demasiado sincera.

Los dos nos quedamos quietos inmediatamente.

Valeria pareció darse cuenta tarde de lo que acababa de decir.

Bajó apenas la mirada.

Y yo…

maldita sea.

Yo sentí algo peligroso en el pecho.

Me acerqué lentamente hasta quedar frente a ella.

—No va a pasarme nada.

Ella levantó la mirada otra vez.

Sus ojos estaban llenos de miedo.

No solo por su padre.

Por mí.

Y eso fue suficiente para destruir el poco control que me quedaba.

Mi mano subió automáticamente hacia su rostro.

Ella no se movió.

Otra vez.

—Voy a volver —murmuré.

Valeria cerró los ojos apenas un segundo.

Como si estuviera luchando consigo misma.

—Prométemelo.

Esa palabra me golpeó más fuerte de lo esperado.

Porque yo no hacía promesas.

Nunca.

Pero con ella…

todo empezaba a romper sus propias reglas.

—Te lo prometo.

Su respiración tembló apenas.

Y antes de poder pensar demasiado…

la abracé.

Fue instintivo.

Necesario.

La sentí congelarse un segundo antes de aferrarse a mi saco lentamente.

Y maldita sea.

Eso casi terminó de destruirme.

Porque entendí algo demasiado tarde.

Si algo le pasaba a Valeria Bellucci…

yo no iba a sobrevivir igual después de eso.

Treinta minutos después ya estaba conduciendo hacia la dirección que Camila envió.

Una fábrica abandonada a las afueras de la ciudad.

Clásico.

Marco seguía hablando por teléfono conmigo.

—Esto es una estupidez, Enzo.

—Lo sé.

—Entonces no entres solo.

Miré la carretera vacía frente a mí.

—Necesito tiempo para que la policía llegue.

—Y mientras tanto ¿qué? ¿Improvisas?

Silencio.

Luego respondí:

—Sí.

Marco soltó una maldición al otro lado.

—Escúchame bien. Los hombres ya están cerca, pero no podremos entrar hasta tener señal.

—Entendido.

Colgué.

La lluvia empezó justo cuando llegué al lugar.

Perfecto.

Bajé del auto lentamente observando alrededor.

Oscuro.

Silencioso.

Demasiado silencioso.

Entré al edificio abandonado sin apartar la mano del arma bajo mi saco.

El eco de mis pasos resonó entre las paredes vacías.

—Camila —dije con voz firme.

Silencio.

Luego escuché aplausos lentos desde el segundo piso.

Levanté la mirada.

Ahí estaba.

Camila Ferrer.

Vestida completamente de negro, observándome desde arriba con una expresión imposible de leer.

Y detrás de ella…

Leonardo Bellucci atado a una silla.

Sentí la furia recorrerme inmediatamente.

—¿Estás loca? —pregunté.

Camila sonrió apenas.

—Tardaste poco.

Subí lentamente las escaleras sin apartar la vista de Leonardo.

Seguía consciente.

Eso era bueno.

Muy bueno.

—Enzo —murmuró Leonardo apenas me vio—. Debo admitir… esto es mucho peor que el hospital.

Incluso en esa situación el hombre hacía bromas.

Increíble.

Camila bajó la mirada hacia él irritada.

—Cállese.

—No me hables así, niña psicópata.

Apreté la mandíbula intentando no reaccionar.

Camila volvió a mirarme.

—Mira cómo viniste por él.

Silencio.

—Ni siquiera viniste así por mí nunca.

Ahí estaba.

El verdadero problema.

Nunca fue el dinero.

Nunca fue el contrato.

Era orgullo roto.

Obsesión.

Dolor convertido en algo enfermo.

—Esto no va a arreglar nada, Camila.

Ella soltó una risa temblorosa.

—No quiero arreglar nada.

Dio un paso más cerca de Leonardo.

Y entonces vi el arma en su mano.

Todo mi cuerpo se tensó.

—Camila.

Su mirada volvió hacia mí.

Y por un segundo vi lágrimas en sus ojos.

—¿La amas?

El silencio cayó completamente.

Mi respiración se volvió pesada.

Porque sabía exactamente de quién hablaba.

Valeria.

—Responde.

Leonardo me miró también.

Y maldita sea…

este definitivamente no era el momento para esa pregunta.

Pero Camila levantó ligeramente el arma.

—Responde o disparo.

El aire se congeló.

Y por primera vez en mucho tiempo…

no tuve forma de mentir.

1
ERICA ESTRADA PEREZ
Aque se refiere jajaja jajaja jajaja y🤭 doble sentido será por un niet@
Alix Sarmiento
está muy buena esta trama
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