A pocos días de su boda, Valentina descubre que su hermana está embarazada de su prometido y que su familia apoyaba esa infidelidad. Valentina no lloro, no grito, no reclamo, solo hizo las maletas y salió de esa casa donde siempre ha sido la que sobra.
Pero justo cuando ella creía estar sola, aparece en su vida Mateo Alcázar, el hermano mayor de su ex prometido. Mateo siempre llega en el momento justo cuando ella necesita respaldo y para poder protegerla de todo lo que está por venir, Mateo le pide que se case con él, así estará bajo su protección y nadie podrá volver a humillarla.
¿Aceptara Valentina la propuesta? ¿Por qué Mateo está dispuesto a protegerla?
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Capítulo 22
Capítulo 22
La camioneta olía a cigarrillo viejo y plástico caliente.
Me obligaron a agachar la cabeza, pero no me vendaron los ojos. Error de principiantes o exceso de confianza. Intenté contar cuadras, giros, ruidos. Duré cinco minutos antes de que el miedo me llenara la cabeza de estática.
—¿Quién los mandó? —pregunté.
El hombre a mi lado se rió.
—La señora hace preguntas.
—La señora muerde si se aburre.
Me pegó una cachetada.
No fue fuerte. Fue humillante.
Me ardió más el orgullo que la cara.
—Cerrá la boca.
La cerré.
Por ahora.
Me llevaron a un galpón en algún lugar que olía a río y aceite. No sabía si estaba en Dock Sud, Avellaneda, Tigre o el fin del mundo. Me sentaron en una silla. Me ataron las manos con precintos.
Qué ordinario todo.
Si Camila había organizado eso, al menos podría haber contratado gente con mejor producción.
El pensamiento fue absurdo, pero me sostuvo. Si podía burlarme, aunque fuera por dentro, todavía no estaba del todo perdida.
Un teléfono sonó.
El hombre que parecía jefe atendió.
—La tenemos.
Pausa.
—Sí, viva.
Viva.
Qué palabra desagradable para escuchar sobre una misma.
Me acercó el teléfono a la cara.
—Hablá.
No dije nada.
Del otro lado escuché una respiración.
Después, la voz de Mateo.
—Valentina.
Casi lloré.
Casi.
—Estoy bien —dije.
Mentira.
—¿Te tocaron?
—No.
El hombre se rio.
Mateo lo escuchó.
Su voz cambió.
—Si le hicieron una marca, una sola, no les va a alcanzar la vida para arrepentirse.
El hombre tragó saliva. Lo vi.
Bien.
—Mateo —dije rápido—. Blanca...
—Está bien. Bruno también. Tomás tiene un corte, nada grave.
Solté aire.
—No vengas solo.
—No voy a discutir eso por teléfono.
—Eso significa que vas a venir solo.
—Significa que voy a buscarte.
Me cortaron.
Uno de los tipos me miró distinto después de esa llamada. Como si recién ahí hubiera entendido que no habían agarrado a una mujer cualquiera, sino a la esposa de un hombre que no jugaba a asustar.
Pasaron horas. O minutos. No sé. El miedo altera el reloj.
Escuché autos afuera.
Gritos.
Un golpe seco.
El jefe puteó.
—Nos vendieron.
Ah.
Entonces era una trampa.
No para mí.
Para Mateo.
La puerta del galpón se abrió de golpe. Entró humo, ruido, pasos. Yo intenté levantarme y casi me caigo con la silla.
—¡Valentina! —gritó una voz.
No era Mateo.
Era Bruno.
Lo vi correr hacia mí justo cuando un disparo reventó algo metálico cerca. Me cubrió con su cuerpo y cortó los precintos con una navaja.
—Agáchese.
—¿Dónde está Mateo?
—Atrás.
—¿Atrás dónde?
No respondió. Me arrastró hacia una salida lateral.
Afuera había autos, hombres, sirenas lejos. Vi a Mateo a unos metros, hablando con alguien que estaba de rodillas. No escuché qué decía. No hacía falta. La cara del otro era suficiente.
Entonces otro hombre salió desde un costado con un arma.
—¡Mateo! —grité.
Bruno se movió antes que nadie.
El disparo sonó como una puerta enorme cerrándose.
Bruno cayó.
No entendí al principio.
Después vi la sangre.
—¡Bruno! —grité.
Mateo se dio vuelta.
Lo que pasó después fue rápido y horrible. Sus hombres redujeron al tirador. Mateo llegó hasta nosotros, se arrodilló junto a Bruno y presionó la herida con las manos.
—Mirame —le ordenó—. Bruno, mirame.
Bruno intentó sonreír.
—La señora está bien.
—Callate.
—Qué carácter, señor.
Yo temblaba tanto que no podía hablar.
Mateo levantó la vista hacia mí.
—Valentina, mirame.
Lo hice.
—No fue tu culpa.
Qué rápido lo dijo.
Como si supiera que yo ya estaba a punto de cargarme otro muerto encima.
La ambulancia llegó tarde. Siempre llegan tarde cuando una necesita que el mundo corra.
En el sanatorio, Bruno entró a cirugía. Mateo tenía la camisa manchada de sangre. No quiso cambiarse.
Yo estaba sentada en una silla de plástico, con una manta sobre los hombros, sintiendo la marca de la cachetada arderme otra vez.
—Esto fue para sacarte —dije.
Mateo no contestó.
—Usaron a Camila, el video, la prensa. Todo para que yo saliera.
—Sí.
—¿Quién?
Mateo miró hacia quirófano.
—Alguien que cree que la vida de los demás vale poco.
—Eso no es respuesta.
—No. Es una promesa.
Me dio miedo preguntarle qué prometía.
Porque una parte de mí ya lo sabía.
En la sala de espera, mi ropa todavía olía al galpón.
No era olor a sangre. La sangre estaba en la camisa de Mateo, en sus manos, en mi cabeza. Lo mío era polvo, sudor ajeno y miedo seco.
Una enfermera intentó revisarme la cara.
—Estoy bien —dije.
—Tiene un golpe.
—Estoy bien.
Mateo se acercó.
—Dejala revisarte.
—No me des órdenes.
—No es una orden.
—Sonó igual.
La enfermera nos miró como si hubiera entrado en una novela pésima. Capaz sí.
Me revisó la mejilla, las muñecas marcadas por los precintos y un raspón en la rodilla. Nada grave. Esa frase, “nada grave”, me hizo reír.
—¿Le parece gracioso? —preguntó ella.
—No. Por eso.
Cuando se fue, Mateo se sentó a mi lado. No demasiado cerca.
—Bruno va a salir —dijo.
—No sabés eso.
—Va a salir.
—No podés decidirlo.
—Necesito creerlo.
Lo miré. Tenía la vista fija en las puertas de quirófano. La sangre seca en los nudillos. Un corte pequeño cerca de la ceja que ni siquiera había notado.
—Estás lastimado —dije.
—No.
—Mateo.
—No importa.
Me dio bronca.
—Sí importa. No sos una máquina.
Giró apenas hacia mí.
—Hoy sí necesito serlo.
No supe qué responder.
A veces Mateo decía cosas que no buscaban seducir ni herir. Solo eran verdad. Y la verdad, sin decoración, dolía más.
Le agarré la mano.
Fue impulsivo. Torpe.
Él bajó la vista.
—No significa nada —murmuré.
—Nunca dije que sí.
Pero no la soltó.
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Pero me está aburriendo esta novela. Mucho misterio.
Pero me está aburriendo esta novela. Mucho misterio.