Mónica Morgan lo perdió todo cuando descubrió que el hombre que amaba siempre había preferido a su propia hermana. Con el corazón destrozado y después de perder al hijo que esperaba, decidió alejarse de aquella vida y comenzar de nuevo.
Nunca imaginó que encontraría una nueva oportunidad en los brazos de Cristopher Sinclair, un hombre poderoso, distante y completamente ajeno a los sentimientos. Él le propone un trato: fingir ser su pareja a cambio de setenta mil dólares. Para Mónica, solo sería un acuerdo; para Cristopher, una forma de demostrarle algo a su abuelo.
Pero fingir estar enamorados resulta más difícil de lo esperado. Las miradas comienzan a durar demasiado, la cercanía deja de sentirse incómoda y los celos aparecen donde no deberían existir.
Mónica sabe que aquello tiene una fecha de finalización. Cristopher insiste en que entre ellos no hay nada real.
Sin embargo, si todo comenzó como una mentira… ¿qué ocurrirá cuando alguno de los dos termine enamorándose de verdad?
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Capítulo 3
Cuando llegaron al evento, ambos tomaron caminos separados, lo que enfureció a Alejandra. Sin embargo, sabía que debía comportarse; aún no era el momento adecuado para acabar con ese matrimonio.
Mónica sintió su corazón latir con fuerza al ver a su esposo entrar al evento. Sus ojos brillaron con intensidad y, sin pensarlo dos veces, corrió hacia él, tomándolo del brazo para llevarlo al frente junto a ella. Sin embargo, Leandro reaccionó con fastidio y retiró bruscamente su brazo. Le molestaba profundamente que Mónica hiciera ese tipo de gestos en público, y más aún frente a Alejandra.
Desde el otro extremo del salón, Patricia, la madre de Leandro, lo fulminó con la mirada al notar quién había entrado tras él. Sabía que su hijo y Alejandra se habían estado viendo, pero jamás imaginó que sería tan descarado como para llevarla a un evento familiar. Sin contener su disgusto, se acercó a él y le susurró con tono de desaprobación:
—¿Cómo puedes ser tan cínico y traer a esa mujer aquí? ¿Por qué te niegas a ver la verdad? Alejandra solo te está utilizando.
Leandro suspiró con fastidio y le respondió con frialdad:
—No quiero que la molestes, madre. Te lo advierto desde ya, no toleraré ninguna falta de respeto hacia Alejandra. Tú mejor que nadie sabes que, si no fuera por ti, nada de esto estaría pasando.
Patricia sintió una punzada en el pecho al escuchar esas palabras.
—Hijo, yo solo quiero lo mejor para ti —intentó razonar con él—. Mónica te ama de verdad y haría cualquier cosa por ti. Alejandra, en cambio, es una sanguijuela que solo quiere vivir a costa tuya.
Leandro endureció la mirada y, con voz amenazante, respondió.
—Una sola ofensa más contra Alejandra, y me largo de aquí sin importarme dejar a Mónica en ridículo. Mide bien tus palabras, madre.
Patricia cerró los ojos con impotencia y suspiró antes de decir, con la voz cargada de enojo.
—Bien, pero espero que esa mujer se comporte a la altura.
Mientras el evento comenzaba, los invitados esperaban ansiosos los nuevos votos que se dirían, como era cada año. Mónica, en particular, sentía su corazón rebosar de felicidad. Ya que tenía una sorpresa para todos, pronto revelaría si su bebé era niño o niña, aunque en el fondo no importaba, pues su amor sería el mismo sin importar el género. Acarició su vientre con ternura, sintiéndose dichosa. Era el fruto del amor entre ella y Leandro, y para ella, eso lo era todo.
Sin embargo, la felicidad se desvaneció cuando, entre la multitud, sus ojos se toparon con un rostro conocido. Alejandra la miraba fijamente, con una sonrisa maliciosa que le heló la sangre. El corazón de Mónica comenzó a latir desbocado y sus manos temblaron. Sabía que nada bueno podía venir de la presencia de su hermana en aquel lugar.
Un sudor frío recorrió su espalda cuando Alejandra le sostuvo la mirada. Justo en ese momento, el orador se preparó para hablar y dar inicio al momento más esperado.
Mónica intentó calmarse. Quería disfrutar ese instante, pero su cuerpo no la obedecía. Una sensación de angustia la oprimía el pecho. Con desesperación, tomó el brazo de Leandro, buscando apoyo. Sin embargo, él apartó su mano con disgusto, como si su contacto le causara repulsión.
Mónica se sintió completamente sola. Estaba rodeada de personas, pero ninguna parecía estar realmente a su lado. Ni siquiera su esposo. Sintió un dolor punzante en el vientre y, con esfuerzo, intentó respirar profundo para tranquilizarse. Sabía que la ansiedad podía afectar a su bebé.
El orador estaba a punto de pronunciar las palabras esperadas cuando, de repente, un grito de llanto rompió el silencio de la sala.
Todos los presentes voltearon a ver a Alejandra, quien sollozaba dramáticamente en medio de la multitud. Su llanto sonaba desgarrador, como si estuviera sufriendo una tragedia.
Leandro se alarmó de inmediato. Pero no por vergüenza, sino por temor a que algo malo le estuviera ocurriendo a Alejandra.
—¿Por qué fuiste tan cruel, Mónica? —sollozó Alejandra, atrayendo la atención de todos—. ¿Cómo puedes hacerme esto, sabiendo que Leandro iba a ser mi esposo? ¿Por qué te vengas de mí de esta manera? ¿Qué te hice para merecer tanto dolor?
Mónica sintió un nudo en la garganta.
—¿De qué estás hablando, Alejandra? —preguntó con evidente preocupación.
Todos los invitados comenzaron a murmurar entre sí. Mónica sintió la presión de sus miradas juzgándola, y su vientre se contrajo de nuevo con otro calambre.
Alejandra avanzó hacia ella con pasos pesados, sin apartar su mirada llena de resentimiento.
—¡Tú me robaste a mi prometido! —soltó, con la voz cargada de ira y dolor—. Yo debería estar en tu lugar. ¡Ese bebé debería ser mío! ¡Me quitaste lo único que tenía!
Leandro, alarmado por la escena, intentó calmarla.
—Cariño…
Mónica se giró hacia él al escuchar su voz, pero su corazón se hizo pedazos al notar que no le hablaba a ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Leandro, por favor, ayúdame… —susurró con desesperación, sintiendo cómo su cuerpo se debilitaba.
Alejandra aprovechó ese momento de vulnerabilidad y se acercó aún más, tomándola con fuerza por los hombros.
—No pienses que te has librado de mí —susurró, con los ojos brillando de odio—. No dejaré que Leandro sea tuyo.
El miedo paralizó a Mónica. Instintivamente, la apartó con un empujón. Sin embargo, Alejandra reaccionó de inmediato y la empujó con más fuerza. Ambas cayeron al suelo, pero fue Mónica quien recibió el peor impacto.
Un grito de dolor desgarró la sala cuando sintió su cuerpo estremecerse por la caída. Un dolor insoportable se expandió por su vientre, y entonces lo supo. Algo iba muy mal.
Alejandra, en lugar de mostrar remordimiento, lloró aún más fuerte, fingiendo ser la víctima.
Leandro corrió hacia ellas, pero no fue para ayudar a Mónica, sino para maldecirla por lo ocurrido.
Mientras tanto, la sangre comenzó a expandirse en el suelo bajo el cuerpo de Mónica.
Patricia y Claudia, la hermana de Leandro, se apresuraron al ver la gravedad de la situación.
—¡Mónica, ¿estás bien?! —exclamó Claudia, aterrada, mientras intentaba mantener calmada a Mónica.
—La llevaremos al hospital. Todo estará bien, resiste —susurró Patricia con desesperación.
Mónica, entre lágrimas, apenas pudo pronunciar una sola palabra.
—Mi bebé…
Y entonces, la oscuridad la envolvió por completo.