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Destinados Por Accidente

Destinados Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Romance / Pareja destinada / Familias enemistadas
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yajaira MG

Dos haciendas. Dos familias. Una rivalidad que ha sobrevivido durante generaciones.

Lara Dávila nunca imaginó que el hombre que la observaba a escondidas junto al arroyo terminaría convirtiéndose en el hombre que cambiaría su vida. Mucho menos que, después de golpearlo con una piedra y huir, él juraría encontrarla y hacerla su esposa.

Izan Orellana ha regresado a la hacienda familiar para hacerse cargo del legado de sus padres. Lo último que esperaba era enamorarse a primera vista de la hija de sus eternos enemigos.

NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 19

...

Lara tomó el teléfono y escribió una respuesta.

Lara: Acepto tus disculpas. Reconocer tu error es lo mínimo que podías hacer, pero eso no cambia mi decisión. No quiero tener ninguna relación contigo y no pretendo volver a verte. Te pido que respetes mi voluntad.

Envió el mensaje y dejó el teléfono sobre la mesa.

No pasaron ni dos minutos antes de que llegara una nueva respuesta.

Izan: Lo entiendo y respetaré tu decisión. Pero necesito decirte algo más, aunque después pienses que estoy completamente loco. Creo que me enamoré de ti desde el instante en que te vi. No sé cómo es posible sentir algo así por alguien a quien apenas conozco, pero no he conseguido sacarte de mi cabeza. No te pido que me creas ni que sientas lo mismo. Solo quería que lo supieras.

Lara abrió la boca, incrédula.

—¡Este hombre está loco!

Se levantó de la silla y comenzó a caminar por la habitación.

—¿Enamorado? ¿Desde que me vio? ¡Pero si ni siquiera sabe quién soy!

Se detuvo cuando recordó que ahora sí lo sabía todo: su apellido, su familia y el conflicto que los separaba.

Con un gesto decidido, volvió a tomar el teléfono y buscó la opción para bloquear el número.

Su dedo quedó suspendido sobre la pantalla.

Solo tenía que pulsar una vez. Así se libraría de sus mensajes y de aquella manera absurda de alterar su tranquilidad.

Pero no lo hizo.

Se quedó mirando el nombre de Izan, molesta consigo misma por la pequeña sonrisa que amenazaba con aparecer en sus labios.

Le gustaba. La verdad era tan sencilla como irritante. Le había parecido atractivo desde el primer encuentro, y después de aquel beso sus sentimientos se habían vuelto todavía más confusos.

Aun así, no pensaba permitir que aquello decidiera por ella.

—No voy a caer en tus encantos, Izan Orellana —murmuró—. Estás loco si crees que voy a enamorarme de ti.

Salió de la conversación sin bloquearlo y apagó la pantalla.

No quería verlo. No quería conocerlo mejor. Y, sobre todo, no quería darle motivos para creer que tenía alguna oportunidad.

Sin embargo, el teléfono permaneció sobre el escritorio, a pocos centímetros de su mano.

Y aunque Lara se empeñó en no volver a mirarlo, una parte de ella se preguntó si Izan cumpliría su promesa y la dejaría tranquila.

Otra parte, mucho más pequeña, se preguntó qué habría sentido si aquel beso hubiera ocurrido en otras circunstancias.

Lara sacudió la cabeza, indignada consigo misma.

—Estoy tan loca como él.

Pero había algo que le molestaba todavía más: ¿cómo había conseguido su número?

La respuesta apareció en su mente casi de inmediato.

—¡Selina!

Salió de su habitación con el teléfono en la mano y atravesó el pasillo a grandes zancadas. No necesitó buscar demasiado.

Lara empujó la puerta.

—¿Se puede saber qué te pasa por la cabeza?

Selina levantó la mirada, sorprendida por la entrada repentina.

—Que humor, hermanita.

—¡No me vengas con esas! —exclamó Lara, mostrándole el teléfono—. ¿Por qué le diste mi número a Izan?

La sonrisa de Selina desapareció lentamente.

—Ah…

—¿Ah? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?

—Lara, tranquila. Puedo explicártelo.

—¡Más te vale!

Selina se incorporó y dejó el teléfono a un lado.

—Me escribió y me pidió que se lo diera. Quería disculparse contigo.

—¿Y tú pensaste que lo mejor era entregarle mi número sin preguntarme?

—Me aseguró que no iba a molestarte. Solo quería escribirte para pedirte perdón.

—¡No tenías ningún derecho a decidir eso por mí, Selina! —Lara apretó los labios, intentando controlar la rabia—. Te dije que no quería volver a verlo. ¿Tan difícil era entenderlo?

—¡Lo entendí perfectamente! Pero una disculpa no significa que tengas que perdonarlo ni que vayas a casarte con él mañana.

—¡No se trata de eso!

Selina bajó la mirada durante un instante. Sabía que su hermana tenía razones para estar enfadada, pero también creía que Izan debía tener la oportunidad de disculparse directamente.

—Sé que estuvo mal, Lara. Nunca he dicho lo contrario. Pero él reconoció su error y me prometió que respetaría tu decisión.

—¡Y tú le creíste!

—¡Sí, le creí! ¿Querías que le negara la oportunidad?

—¡Exactamente!

Lara la miró como si acabara de escuchar la mayor barbaridad de su vida.

—¿Sabes qué? Eres increíblemente irresponsable.

—Y tú eres increíblemente terca.

—¡No vuelvas a meterte en mis asuntos!

—¡Entonces deja de comportarte como si fueras la única que puede decidir lo que está bien o mal!

Las voces de ambas hermanas se elevaron hasta hacerse escuchar en el resto de la casa. Abajo, Alondra dejó lo que estaba haciendo y miró a Ramiro con el ceño fruncido.

—¿Otra vez están discutiendo?

Ramiro apartó la taza que tenía delante.

—Eso parece.

—Voy a ver qué sucede.

Alondra lo siguió, preocupada por la intensidad de la discusión. Cuando llegaron a la habitación de Selina, encontraron a las dos hermanas frente a frente, con las mejillas encendidas y ninguna dispuesta a ceder.

—¡Basta las dos! —ordenó Ramiro desde la puerta.

Lara se volvió hacia él. Selina aprovechó para cruzarse de brazos, todavía molesta.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Alondra—. Se las escucha desde abajo.

Lara sintió que el problema acababa de volverse mucho más grande de lo que podía manejar.

Así que respiró hondo y decidió improvisar.

—No pasa papá.

Ramiro la miró con desconfianza.

—¿Entonces por qué están gritando?

Lara se apresuró a responder.

—Estamos discutiendo por unos caballos. Le pedí a Selina que me ayudara a revisar unos asuntos relacionados con los animales y empezó a opinar sobre algo que no le corresponde. Ya sabes cómo terminamos cuando ninguna quiere darle la razón a la otra.

Selina abrió los ojos, sorprendida por la excusa, pero comprendió de inmediato lo que su hermana intentaba hacer.

—¡Exactamente! —intervino—. Yo solo dije que no era necesario revisar al mismo caballo dos veces y ella se puso furiosa.

Lara le lanzó una mirada de advertencia que Selina fingió no notar.

Alondra observó a sus hijas con evidente incredulidad.

—¿Me están diciendo que casi derriban la casa por una discusión sobre caballos?

—No casi la derribamos, mamá —murmuró Selina.

—¡Selina! —la reprendió Lara.

Ramiro suspiró y negó con la cabeza.

—No me importa cuál de las dos tenga razón. Si tienen un problema, lo resuelven sin gritar como si estuvieran en medio de una feria.

—Tienes razón, papá —respondió Lara rápidamente—. No volverá a ocurrir.

Alondra permaneció unos segundos mirándolas, como si sospechara que había algo más detrás de aquella discusión. Finalmente, decidió no insistir.

—Espero que sea la última vez que tengamos que subir para poner orden entre ustedes.

Sus padres se marcharon, aunque Ramiro todavía lanzó una última mirada a ambas antes de cerrar la puerta.

En cuanto sus pasos se alejaron, Lara se volvió hacia Selina.

—Esto no ha terminado.

Selina tragó saliva.

—Ya me lo imaginaba.

—No vuelvas a darle información mía a Izan.¿Me has entendido?

Selina bajó la mirada, esta vez sin intentar discutir.

—Sí, Lara. Lo siento. Debí preguntarte antes.

La respuesta tomó a Lara por sorpresa. Esperaba otra discusión, no una disculpa.

—Más te vale que lo hayas entendido.

—Pero tampoco puedes culparme por pensar que quizá deberías darle la oportunidad de disculparse.

Lara la señaló con un dedo.

—¡No empieces otra vez!

Selina levantó las manos, rindiéndose.

—Está bien. No diré nada más.

Lara salió de la habitación y cerró la puerta con más fuerza de la necesaria.

Había conseguido evitar que sus padres descubrieran lo ocurrido, pero eso no significaba que estuviera tranquila. Izan ya tenía su número y, aunque le había pedido que no volviera a acercarse, no podía evitar preguntarse si cumpliría su palabra.

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Maya
Que bueno otra historia con imagenes
Yadira Alvarez
vamos con esta también que locura 🤦
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