Durante tres años, Sofía Serrano intentó ser la esposa perfecta. Para Diego Ferrer, sin embargo, seguía siendo una muchacha de pueblo, sin un apellido importante ni nada que ofrecer.
Cuando regresa la mujer que él nunca pudo olvidar, Diego le exige el divorcio. Sofía firma y se marcha. Creía que aquel hombre le había salvado la vida, pero ya no piensa entregarle también su futuro.
Lo que Diego desconoce es que su esposa ocultaba mucho más que sus heridas: es una médica legendaria, una piloto extraordinaria y una experta capaz de descubrir los secretos mejor guardados.
Ahora, quienes se burlaban de ella empiezan a buscarla. Y Alejandro Montenegro, el magnate al que nadie se atreve a desafiar, parece decidido a ganarse un lugar a su lado.
Pero Alejandro sabe demasiado. Una mirada, una cicatriz y los recuerdos de un accidente hacen que Sofía cuestione todo lo que creía cierto.
¿Quién la salvó realmente? ¿Y por qué el hombre más poderoso de la ciudad parece conocerla desde mucho antes?
Cuando Diego comprende a quién dejó escapar, Sofía ya ha aprendido a elegir por sí misma.
NovelToon tiene autorización de Monica Swenson para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 24
Capítulo 24. Hagamos una apuesta
—Sí. Así veo si conduces tan bien como presumes.
Sofía se dirigió a la zona de mantenimiento. Recorrió la fila de autos, examinando uno y otro.
—¿Cuál recomienda para alguien que viene a dar su primera clase? —le preguntó a Alejandro—. No quiero empezar siendo demasiado exigente.
Él siguió su recorrido con interés.
Lucas vio que ella se detenía en detalles que él apenas había mirado: las ruedas, los mandos, la posición del asiento. Su sonrisa perdió algo de seguridad.
Se apresuró a recuperarla.
Él era piloto profesional. Aquella mujer podía saber de autos, pero eso no significaba que pudiera vencerlo.
—No hace falta tanta actuación —dijo, acercándose—. Las mujeres quedan muy bien junto a un deportivo. Otra cosa es conducirlo.
Sofía se volvió.
—Entonces no tendrás problema en apostar.
—¿Qué quieres apostar?
Ella señaló el Ferrari rojo que estaba detrás de Lucas.
—Si gano, me quedo con tu auto.
Él se quedó callado un instante. Después se echó a reír.
—¿Mi auto nuevo? ¿Tú?
Sofía mantuvo la mirada en él.
Lucas terminó la carcajada sin encontrar otra sonrisa que lo acompañara.
—Está bien. ¿Y si gano yo?
—Pones tus condiciones.
La seguridad de ella volvió a incomodarlo.
No era la bravata que esperaba escuchar de alguien incapaz de conducir. Sofía lo miraba sin vacilar, como si el resultado no le causara ninguna preocupación. Durante unos segundos, Lucas sintió una duda incómoda.
La apartó recordándose que era un profesional. No podía dejar que una mujer lo intimidara delante de su primo.
No pensaba echarse atrás delante de Alejandro ni de los empleados que ya estaban mirando.
—Trato hecho. Después no vengas llorando.
* * *
En la salida quedaron dos autos alineados: el Ferrari rojo de Lucas y un Porsche gris plateado que Sofía había elegido.
Los motores hicieron vibrar el suelo.
Lucas bajó la ventanilla.
—¿Lista? Procura no confundir el acelerador con el freno.
Sofía ajustó el asiento y comprobó los espejos. Terminó de revisar el tablero sin mirarlo.
Tenía las manos firmes sobre el volante y escuchaba las pequeñas variaciones del motor. Las voces de fuera habían dejado de interesarle. Cuando encontró la posición adecuada, se concentró en la pista y en la señal de salida.
La señal de salida se encendió y se apagó.
Los dos autos arrancaron.
Lucas aprovechó que conocía el circuito. Se adelantó y ocupó la parte interior de la primera curva, decidido a no dejarla pasar.
Miró el espejo.
El Porsche seguía allí.
Después de otra curva, volvió a comprobarlo.
No había conseguido alejarse.
Sofía mantuvo la distancia mientras observaba sus movimientos. No tenía prisa por forzar una maniobra. Lucas empezaba a cometer errores por ella.
En el siguiente tramo, él cambió de posición de golpe para cerrarle el paso. Luego repitió la maniobra a la entrada de otra curva.
Sofía ajustó su trayectoria y siguió detrás.
Lucas apretó los dientes.
Al llegar a una sucesión de curvas rápidas en forma de S, intentó bloquear la línea interior otra vez. Entró demasiado rápido y la parte trasera del Ferrari se deslizó.
Tuvo que corregir.
Sofía aprovechó ese instante. El Porsche pasó por el lado exterior y salió de la curva delante de él.
Lucas golpeó el volante.
Pisó el acelerador a fondo y empezó a perseguirla, tomando cada curva con menos cuidado. El auto ya no respondía con la estabilidad de las primeras vueltas.
La había llamado incapaz y ahora solo veía la parte trasera del Porsche. Su enojo le impedía conservar la precisión con que había empezado. Exigía más velocidad, aunque el movimiento del Ferrari ya mostraba lo cerca que estaba de perder el control.
Cerca de la meta, vio que el Porsche iba a llegar primero.
No pensó en frenar ni en aceptar el resultado.
Giró hacia la parte trasera del auto de Sofía.
Quería sacarla de la carrera a golpes.