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Donde El Amor No Se Rinde

Donde El Amor No Se Rinde

Status: En proceso
Genre:Padre soltero / Romance
Popularitas:451
Nilai: 5
nombre de autor: yamiiy

Damián y su hijo Elían vivían felices y humildes, hasta que Damián se casó con el poderoso Zorán y su mundo cambió.

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— La noche que se rompió

Los días pasaron y Elían se hundió entre libros, exámenes y turnos intermina en la pequeña cafetería donde trabajaba después de las clases. Estaba siempre cansado, con ojeras marcadas y la mirada lejana, como si su pensamiento estuviera siempre en otro lugar. Pero Kaelo y Vladímir no se apartaban: lo hacían reír, lo llevaban a casa, le dejaban comida lista. Y lo llenaban de regalos. Eran su refugio.

Damián lo buscaba una y otra vez. Iba a la casa, a la universidad, al trabajo… pero nunca lo encontraba. Le llamaba, le escribía mensajes llenos de ternura y disculpas, y no recibía respuesta. Elían, con el corazón herido, había decidido alejarse. Si no lo ve, no sufre, pensaba. Si no le respondo, podrá ser feliz sin mí. Así dejaron de verse, de hablar, de compartir. El silencio entre los dos se hizo profundo y frío.

Una tarde,después de terminar un examen difícil, Kaelo y Vladímir le tomaron las manos con firmeza y cariño en el parque cercano a su facultad.

—Queremos presentarte a nuestros padres —dijeron—. Como nuestro novio. De forma oficial. No queremos esconderte más. Nuestros padres tienen que conocerte y saber que eres la persona más importante de nuestro corazón.

Elían se puso pálido, dudó… pensó en las inseguridades que llevaba dentro, en su miedo a no ser suficiente, pero asintió. Los amaba, y ellos lo amaban. Merecía intentarlo.

Esa noche, el restaurante más lujoso de la ciudad brillaba con luces tenues sobre manteles de seda, con música de piano suave de fondo y el aroma suave de platos elaborados. Al entrar, las miradas de las familias cayeron sobre él de golpe, frías y cortantes. Los padres de Kaelo y los de Vladímir lo observaron de arriba abajo con desdén, reparando en su ropa sencilla y sus zapatos algo desgastados.

—Él es Elían, nuestro novio —anunciaron los chicos con orgullo.

El silencio que siguió fue pesado, incómodo; incluso el piano pareció bajar más su volumen.

—¿Están locos? —soltó la madre de Kaelo, con voz tajante—. ¿Este? Un muchacho sin recursos, sin apellido… ¿Creen que lo vamos a aceptar?.. Kaelo ..hijo, Cómo puedes estar con un chico habiendo muchas chicas hermosas y de nuestra clase social que están a tu alrededor en busca de atención y tu prefieres a un don nadien..míralo.

—No es de nuestra clase —añadió el padre de Vladímir, mirando a Elían como si fuera algo sucio—. No tiene nada que ofrecer. Aléjate de él y no arruines nuestra reputación, Vladimir no lo repetiré de nuevo ó olvídate de mi dinero. La madre de Vladimir intervino no hace falta amor nuestro hijo lo hará, miró a su hijo y le dijo porque no sales con Seraphina ella es perfecta para nuestra familia.

Las palabras cayeron como golpes. Lo humillaron, lo despreciaron, lo hicieron sentir pequeño, indigno, invisible. Elían no pudo soportarlo más. Con los ojos llenos de lágrimas que no dejaba salir por orgullo, y salió corriendo del lugar, sin mirar atrás, con el pecho destrozado y la respiración agitada

—¡Elían! —gritaron Kaelo y Vladímir, corriendo tras él—. ¡Esperá!

Pero él ya había desaparecido entre la gente y la noche oscura. Lo buscaron por todas partes: la casa, la universidad, los lugares que solían frecuentar… nada. Corrieron desesperados por calles iluminadas y avenidas solitarias, sin saber que Elían caminaba sin rumbo, con la cabeza baja, llorando a solas, sin ver el peligro que acechaba en las sombras de los callejones cercanos.

Un grupo de cuatro chicos lo rodeó en un callejón oscuro, con paredes húmedas y residuos en el suelo. No hubo motivo ni explicación. Solo rabia, violencia, crueldad. Lo golpearon con furia, lo empujaron contra las paredes, lo lastimaron de formas que no debían existir. Uno de ellos, bajo los efectos de sustancias, lo acorraló en el suelo lo puso de espaldas, bajo su pantalón y su ropa interior y lo penetró de forma brutal hasta cansarse, luego el otro y el otro, hasta que llegó el turno del último el más repugnante con movimiento rápidos y brusco lo penetraba sin compasión lo tomó del cuello sin parar cada vez más fuerte quería destrozarlo por dentro undirse lo más profundo posible,lo dió vuelta y sacó un cuchillo y se lo clavó con fuerza profunda en el costado para que dejara de moverse y querer escapar, empezó a moderlo y saboreaba por todo el cuerpo y en sus pechos los succionaba con fuerza y le dijo— si no sale leche por aquí entonces vemos si sale por ahí—,tomando el mienbro con la boca estuvo hasta que el semen salió, con una sonrisa,— delicioso muñeco descartable —Se fueron riendo a gritos, burlándose dejándolo allí, solo, sangrando lentamente, perdiendo la conciencia poco a poco bajo la luz débil de una farola rota.

A la madrugada, unos transeúntes lo encontraron casi sin pulso. Lo llevaron al hospital en estado crítico.

La llamada llegó a Kaelo y a Vladímir como un rayo. Temblando, llamaron a Damián.

—Está en el hospital… papá, vení rápido. Está mal.

Damián salió sin calzarse bien, sin abrigarse, con la mente en blanco y el corazón a punto de estallar. Zorán lo siguió de cerca, con Lía de la mano, manteniendo la calma por él aunque por dentro ardía en rabia y temor.

En la sala de espera, el tiempo parecía detenerse; cada segundo se hacía eterno. La puerta de quirófano permanecía cerrada, inmisericorde. Damián caminaba de un lado a otro, las manos temblorosas, los ojos fijos en esa puerta. Lía se acercaba para pedirle atención, para contarle algo, para que la tomara en brazos… pero él no la veía. No escuchaba. Solo existía su hijo.

Cuando por fin salió el médico, con la bata manchada levemente de sangre y rostro cansado, todos se acercaron de golpe.

—Está fuera de peligro ahora —dijo con voz cansada—. Fue agredido por varias personas. Golpes graves en todo el cuerpo, heridas internas, y una puñalada profunda que casi le alcanza órganos vitales. Perdió mucha sangre. Lo cuidaremos con vigilancia las próximas horas. La recuperación será larga.

Damián se desplomó en una silla, sollozando sin fuerza.

—No lo protegí… —repetía entre lágrimas—. Siempre estuve ahí para cuidarlo y ahora…

Kaelo y Vladímir tenían los ojos rojos, llenos de culpa y dolor. Miraron a sus familias, que habían llegado después al hospital, y sus miradas eran frías, duras.

—No los perdonaré —les dijeron bajito—. Esto empezó cuando ustedes lo humillaron. No sé acerquen, Largo.

Zorán escuchó todo en silencio. Y algo en él cambió. Sus ojos se oscurecieron, la voz se volvió grave y cortante.

—Encontraré a quienes hicieron esto —dijo, no como promesa, sino como juramento—. Y pagarán. Con cada gota de dolor que le causaron. Nadie toca a los míos y queda impune.

Pero no se alejó de Damián. Se sentó a su lado, lo rodeó con sus brazos fuertes y lo sostuvo cuando sintió que no podía más.

—Lo vamos a cuidar entre todos —le susurró con ternura—. Va a sanar. Va a volver a sonreír. Y nadie lo lastimará de nuevo.

Damián apoyó la cabeza en su hombro, llorando todo lo que había contenido durante semanas de distancia, y sintió que, al menos en ese momento, no estaba solo.

1
Brisa Romero
/Proud/
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