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Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Mafia
Popularitas:11.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Tradición, armas y sangre: la mafia tiene reglas claras, y la primera es que ninguna mujer gobierna. Valeria Rossi vino a destruirlas todas. Acostumbrada a dominar el mundo empresarial, su vida da un vuelco cuando cae en las garras de Dante Volkov, un líder despiadado que no perdona ni comparte lo que es suyo. Entre noches de placer salvaje que le hacen olvidar a su novio y una posesión rabiosa que la quema por dentro, Valeria y Dante transformarán la atracción en una guerra de poder. Porque ella no se rinde ante nadie... y si Dante la quiere a su lado, tendrá que aprender a gobernar con una reina por delante.

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CAPÍTULO 18: Envidia veneno y el freno de mano de Dante

Las oficinas ejecutivas de la torre Volkov en el distrito financiero imponían un respeto helado. Paredes de cristal ahumado, mármol negro y una vista imponente de la zona portuaria desde el piso treinta y dos. Faltaba media hora para que comenzara la reunión decisiva de revisión de contratos entre el consorcio Rossi y la firma rusa, pero el aire en los pasillos ya cortaba como una navaja.

Gianna no había pegado un ojo en toda la noche. Desde que Valeria soltó la bomba de la ruptura con Martín en la mesa familiar, el pánico le había devorado las entrañas. Sabía perfectamente lo que significaba: Valeria soltera, libre y sin ataduras ya no tenía frenos para caer en los brazos del magnate ruso. La sola idea de que su prima se quedara con el hombre más poderoso, atractivo y peligroso de la ciudad le quemaba la sangre de puro encono.

Aprovechando que Don Héctor y Alexis todavía no habían llegado al edificio, Gianna esquivó a la secretaria privada de la dirección y se deslizó sin pedir permiso en el despacho principal de Dante Volkov.

El ruso estaba de pie frente al ventanal, de espaldas a la puerta. Llevaba un traje de tres piezas en tono carbón, cortado a la perfección sobre su estampa imponente de casi un metro noventa. En la mano sostenía un vaso bajo con whisky espeso y oscuro, ajeno a la presencia de la intrusa hasta que escuchó el crujido del pestillo de la puerta.

Dante se giró despacio. Sus ojos grises, fríos como la escarcha de Siberia, se posaron en Gianna con una indiferencia absoluta.

—No recuero haber autorizado tu ingreso, Gianna —dijo él con esa voz grave, cargada de una latente amenaza.

Gianna acomodó su vestido ajustado y avanzó a pasitos rápidos sobre sus tacos altos, intentando imprimirle a su rostro una falsa preocupación de mujer abnegada.

—Dante, perdón que entre así, pero necesitaba hablar con vos a solas antes de que lleguen los demás —empezó a decir, con la respiración entrecortada y la voz sobreactuada—. Es sobre Valeria. Vengo a prevenirte porque no quiero que te use ni que caigas en sus manipulaciones.

Dante arqueó una ceja espesa, tomando un sorbo parsimonioso de su trago sin perder la postura. No dijo una sola palabra, invitándola en silencio a cavar su propia fosa.

—¡Es una falsa, Dante! —soltó Gianna, soltando el veneno acumulado con despecho incontrolable—. ¡Te se hace la santita, la ejecutiva intachable y mosquita muerta, pero es una frívola sin escrupulos! ¡Ayer nos enteramos de que rompió el compromiso con Martín de la noche a la mañana, después de tres años! Una mujer que es capaz de descartar a su prometido como si fuera una trapo viejo no tiene códigos. ¡Está comprometida mentalmente, Dante! ¡Tiene a otro en la cabeza, no podés fijarte en ella! ¡Se hace la santa pero es una cualquiera!

Gianna dio un paso más hacia él, acortando la distancia y bajando el tono a un susurro seductor totalmente desubicado, buscando desesperadamente rozarle el brazo.

—Tenés que abrir los ojos. Valeria solo busca jugar con vos para sacar ventaja en el puerto. En cambio yo... yo siempre estuve acá. Vos y yo hacemos una pareja perfecta, Dante. Vos tenés que ser mío. ¡Sos mío!

Un silencio sepulcral inundó la oficina. El tic-tac del reloj de pared parecía retumbar con la fuerza de un cañonazo.

Dante no se movió un solo milímetro. Miró la mano de Gianna sobre su manga con una mueca de asco imperceptible, antes de levantar lentamente la vista hacia sus ojos.

De pronto, una sonrisa amarga, despiadada y cargada de un desprecio absoluto se dibuja en sus labios carnosos. Una risa baja y helada le brotó del pecho, un sonido que le congeló la sangre a Gianna en el acto.

—¿Tuyo? —preguntó Dante con voz suave pero filosa como un bisturí—. ¿Cuándo fui tuyo si nunca te di pie a nada? Yo no soy de una cualquiera.

Gianna dio un paso atrás como si le hubieran dado un bofetón en la cara. La palidez le cubrió el rostro al instante.

—Dante, yo...

—Cerrá la boca —la cortó él sin elevar el tono, pero con una autoridad brutal que la obligó a enmudecer—. Da pena escucharte. Se te nota a leguas y desde muy lejos la envidia patética y enfermiza que le tenés a tu prima. ¿Te pensás que soy ciego? ¿Pensás que no veo la baba que se te cae cada vez que me mirás y cómo te arrastrás por un poco de atención?

Dante dio dos pasos hacia ella. Su sola presencia física la acorraló contra el marco de la biblioteca de madera noble. El ruso se inclinó levemente hacia abajo, clavándole la mirada de depredador que no conoce la compasión.

—Valeria es un diamante en bruto —remató Dante, saboreando cada palabra con crueldad calculadora—. Tiene clase, tiene agallas, tiene fuego y una dignidad que vos no vas a conocer ni en mil vidas. Vos, en cambio, Gianna, sos una bosta de mierda a la que solo le importa la plata, que vive del tío porque no sirve para nada y no aporta un solo centavo de valor a esta empresa.

—No me podés hablar así... —balbuceó Gianna, al borde de las lágrimas por la humillación aplastante.

—Te hablo como se le habla a las parásitas —le espetó él con frialdad absoluta—. Que te quede bien claro: jamás voy a caer en tus encantos baratos. Mujeres como vos se me han regalado de a miles, muchísimas, y todas terminan en el mismo zafarrancho de olvido. No existís para mí.

Dante se alejó de ella, le dio la espalda sin darle la más mínima importancia y caminó de regreso a su escritorio. Tomó el vaso de whisky, le dio un trago sereno y miró la hora en su reloj de oro.

—Ahora salí de mi oficina antes de que pida a seguridad que te saque a patadas a la calle. Y ni se te ocurra volver a mencionar el nombre de Valeria en mi presencia si querés conservar la mensualidad que te da tu tío.

Gianna sintió que el mundo se le venía abajo. Acorralada, destruida en su orgullo y temblando de rabia y vergüenza, apretó los puños, dio media vuelta y salió corriendo del despacho, dejando la puerta abierta de par en par.

Dante miró el umbral vacío con una leve sonrisa satisfecho. Se acomodó los gemelos de la camisa, ajustó el nudo de su corbata y miró por el ventanal hacia la entrada del edificio, donde un automóvil negro acababa de estacionar.

Valeria Rossi acababa de bajar del vehículo. Venía sin el anillo en la mano, con la barbilla en alto y envuelta en una elegancia que prometía incendiar la sala de juntas. El juego no había hecho más que empezar, y el ruso no pensaba perderse ni un solo segundo.

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Mine Romero
Excelente novela, muchas gracias por actualizar 🙂🙂
Dulce maria Canelon
pobre Dante te compadezco cariño😘😘😘
Maria Mongelos
Par de idiotas, no saben con quien se mete
Isabel Fernández
Me gusta Dante 🤣🤣
Milagros Medina
Dios mío me tenéis sufriendo esa novedad buenísima más capítulo
Maria Mongelos
Gianni, ese hombre ya tiene dueña, él la eligió, llegaste tarde
Maria Mongelos
Está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Interesante comienzo 💕
Yura Ran
😁😁😁😁😁😁😁🤪🤪🤪 dale pues lo suyo
Milagros Medina
me encanta cada capítulo mas xfa
Milagros Medina
Buenos días más capítulo está buenísima la novela
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